Irene Polo entrevistando al síndico Ros Pallarès
Irene Polo entrevistando al síndico Ros Pallarès
RAROS COMO YO

La intrépida reportera (y II)

Cerramos nuestra semblanza de la periodista Irene Polo con la trágica historia de su suicidio

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Ni corta ni perezosa, Irene Polo viaja a Madrid en abril de 1934 y publica una resonante crónica sobre la concentración de las Juventudes de Acción Popular celebrada en El Escorial, haciéndose pasar por una seguidora de la CEDA. En el mismo viaje logra, además, entrevistar de una tacada a la que ella misma denomina la «trinidad fascista española»: Gil Robles, José Antonio y… el doctor Albiñana. Cuando en octubre de 1934 «L’Opinió» sea cerrada por orden gubernativa, Irene Polo se incorporará al vespertino «L’Instant», fundado por miembros de la Lliga y dirigido por Ignacio Agustí, que luego recordará en su libro de memorias «Ganas de hablar» a nuestra autora (y se inspirará en ella para un personaje de su novela «Diecinueve de julio»).

Los artículos de Irene Polo en «L’Instant» son (como exigían el momento y la tribuna) mucho menos combativos, más matizados e irónicos. Tal vez por ello Agustí se atreve a designarla enviada especial en el juicio al depuesto Gobierno de la Generalitat; en una de sus sesiones tendrá ocasión de entrevistar al abogado de Companys, el católico (perdón, queríamos decir democristiano) Ossorio y Gallardo. También viajará a París para informar sobre la causa de extradición del exconseller Josep Dencàs, que como Puigdemont puso pies en polvorosa cuando vio pelar las barbas de sus vecinos.

Amor desgraciado

A partir de julio de 1935 una Irene Polo ya consagrada inicia en «L’Instant» una sección de opinión, «Apunts», de tono más literario e irónico (en la que, sin embargo, no se recatará de deslizar sus pullitas contra la censura). En octubre de 1935, sin embargo, se incorpora a otro vespertino de reciente fundación, «Última Hora», propiedad de Lluís Companys. Allí, con ocasión del fallecimiento de Valle-Inclán, entrevistará a Margarita Xirgu el 6 de enero de 1936; y, deslumbrada, resuelve en unos pocos días abandonar su consolidada carrera periodística, para acompañar a la actriz en su periplo americano. ¿Se había enamorado perdidamente de ella? ¿O simplemente decidió –joven al cabo y anhelante de aventuras– cambiar de horizontes?

Circula una leyenda alimentada de especulaciones (y aventada por Miguel Ortín, segundo marido de la actriz) según la cual Irene Polo habría amenazado a la Xirgu con suicidarse si no la llevaba consigo en su gira americana. Tal vez se trate de una calumnia; pero parece claro que la relación entre ambas mujeres no fue epidérmica ni meramente profesional. Cuando se difunda en los mentideros que ha sido contratada como «secretaria general» de la compañía de Margarita Xirgu, le harán diversas entrevistas en la prensa barcelonesa: en una de ellas, Irene declarará vagamente que se marcha para dejar atrás «un amor ibicenco y desgraciado». Ya nunca sabremos quién fue ese amor insular; ni tampoco si Margarita Xirgu la ayudó a olvidarlo.

Las especulaciones le atribuyeron una relación con Margarita Xirgu, nunca confirmada

Irene Polo embarcó hacia América el 29 de enero de 1936; y durante la travesía todavía tendría ocasión de firmar su última colaboración periodística, una entrevista a Casares Quiroga, que se dirigía a la sazón a Cuba en el mismo buque. Entre 1936 y 1939 se encarga de organizar las giras de la Xirgu; pero ya en una entrevista que concede a finales de 1937 muestra sus deseos de regresar a Barcelona, pues tiene una «hermanita que es como si fuese una hija mía trabajando en la Junta de Museos» y, «además, hay una chica enferma en mi familia». La evolución de la Guerra Civil desaconseja, finalmente, su regreso; y serán su madre y hermanas quienes se reúnan con ella.

Cuando en octubre de 1939 se disuelva la compañía y la Xirgu se instale en Chile, Irene se quedará en Buenos Aires, según Antonina Rodrigo –biógrafa de la actriz– muy herida por el mal de amores. Durante los años siguientes se ganará la vida como traductora (de Zola y Maurois, entre otros) para las editoriales Losada y Sopena y como directora de publicidad del exiliado empresario Xavier Serra.

Prosas rescatadas

El 4 de abril de 1942, el diario «La Nación» anunciaba la noticia de su muerte. En una carta dirigida a su amigo el pintor Miquel Villà, en septiembre de 1941, unos pocos meses después de que Margarita Xirgu se casase con Miguel Ortín, le reconoce que se halla inmersa en «una fase de depresión nerviosa». ¿Fue esta boda el detonante de su hundimiento anímico? En sus cartas, su desánimo parece vinculado a las victorias bélicas de Alemania, así como al suicidio de Stefan Zweig, que la afecta muy vivamente (quizá por solidaridad anticipada).

Parece, sin embargo, poco probable que se quitase la vida por razones tan impersonales. Más plausible se nos antoja que la soledad y el extrañamiento acabasen por teñir de sombra la sonrisa de aquella intrépida reportera que dejó atrás las linotipias, huyendo de un amor desgraciado, persiguiendo tal vez otro amor que aún sería más desgraciado y venenoso. Nos quedan, como testimonio de una vida demasiado breve y urgente, sus prosas volanderas, seleccionadas por Glòria Santa-Maria y Pilar Tur, en el primoroso volumen «La fascinació del periodisme».