MESA REDONDA

«Con internet se obtiene algo peor que la ignorancia: creer que se sabe, que se ha leído»

El Museo ABC acoge la última mesa redonda con motivo de los 25 años de ABC Cultural, en la que se expuso la razón de existir del suplemento y de las propias artes en la época actual

Mesa redonda en el Museo ABC para celebrar el 25 aniversario del ABC Cultural - ÓSCAR DEL POZO
JOSEFINA G. STEGMANN - Actualizado: Guardado en: Cultura , Cultural

Uno de los logotipos elegidos para celebrar los 25 años de ABC Cultural, probablemente el hijo más querido del diario ABC, es un barquito de papel. De papel de periódico, por supuesto. Pero sucede que al pensar en un barco de papel la imaginación lo lleva casi obligatoriamente a un mar en el que navega a la deriva. Podría hacerlo con rumbo fijo pero «papel» se traduce en la mente como «debilidad».

Algo así se planteó para la última mesa redonda organizada con motivo de los 25 años de este suplemento. Alfonso Armada, actual director de ABC Cultural y moderador de la mesa, lanzó ese tipo de preguntas que obligaron a los ponentes invitados a reconocer que querían huir, ese tipo de preguntas que te obligan a removerte la silla, en definitiva, ese tipo de preguntas de periodista. ¿Están las letras y las artes a la deriva, como el barquito de papel? ¿Están en decadencia o es una época de luz y renacimiento? ¿Cuál es el papel de un suplemento cultural y de los críticos en la llamada era digital?

Como era de esperar, y no por supuesto por falta de ideas y reflexiones de esas que también te obligan a removerte de la silla, no se llegó a ninguna conclusión. Quizás sea porque ante grandes reflexiones y grandes pensadores nunca quedan certezas, sino más preguntas.

El papel de la cultura en la era del todopoderoso y omnipresente internet terminó convirtiéndose en una crítica o alabanza al propio internet. No podía ser de otra manera tratándose del nuevo Dios monoteísta. Eso sí, cada uno, desde su campo, (de escritor, de poeta, de crítico, de filósofo y profesor…) desveló cómo se lleva con la famoso la teleraña que todos asociaron inexcusablemente con la juventud.

«Hay gente joven que quiere resolver todo con internet, pero de literatura o arte no sabe nada»Andrés Ibáñez

«Yo uso internet, pero internet no es mi problema», zanjó el escritor madrileño Andrés Ibáñez. «Es una máquina, como la nevera... Pero no es mi campo, yo soy escritor y escribo libros, y ese es mi trabajo. Internet es solo un soporte. Hay gente joven que quiere resolver todo con internet, pero de literatura o arte no sabe nada. Y es que no es su campo, tampoco hay que volverse loco con internet». Ibáñez levantó la mano ante la demonización de la red pero sí reconoció que para mantener la llama en su relación con los libros es necesario tiempo, lentitud, eso que precisamente no da internet.

La poeta asturiana Olvido García Valdés fue más intransigente y llamó a la necesidad de «lentitud» clamada por Ibáñez, una necesidad imperiosa por no perder la atención. «Tenemos una percepción muy distinta a la de la gente joven. Nosotros somos de la Galaxia Gutemberg. Yo, a la necesidad de lentitud la llamaría atención. E internet trabaja contra esa atención. Ese es el problema de todo, hasta de la enseñanza. Yo uso mucho internet como un maravilloso depósito de cosas, pero hace falta criterio y saber discernir».

«El arte es un mundo podrido que corrompe todo lo que toca, incluido un suplemento cultural... o a lo mejor no»Olvido García Valdés

Inés Fernández Ordóñez, filóloga y catedrática de Lengua Española en la Universidad Autónoma de Madrid, retomó la idea de García Valdés acerca de la «ignorancia» de los no nativos digitales. «Somos de la Galaxia Gutemberg y no sabemos qué pasará. Esto me recuerda a la crítica de Platón a la escritura. Decía que dejaríamos de tener memoria, que nos deconstruiríamos como personas. Pasa algo así con internet, tenemos una herramienta de consulta y si no sabemos algo lo averiguamos al instante, pero también lo olvidamos al instante porque no existe atención, fundamental para llegar al conocimiento de las cosas».

Aparte del conocimiento instantáneo, de «listo en un minuto» también criticó la falta de curiosidad hacia ese conocimiento de la juventud que, contrariamente a su época en las aulas de filología, ahora no lee y reemplaza su ocio por la series de televisión o las películas.

Para seguir aquella crítica a la juventud, y casi siguiendo un orden progresivo de intransigencia hacia su desidia, cogió el testigo el filósofo y profesor Gabriel Albiac, que dijo que Google no es un buscador, sino un lector. «No solo da los textos completos de esos bichos raros del siglo XVII con los que hago trabajar a mis alumnos. También se le puede pedir un consejo introduciendo las palabras de las que hablé en clase y así obtienen exactamente los dos o tres párrafos a los que aludí. Y así, obtienen algo peor que la ignorancia: creer que se sabe, creer que se ha leído. Hace dos generaciones que nuestros alumnos no saben leer», lamentó.

«Los suplementos culturales, si conseguimos que sobrevivan (y estar a contracorriente) pueden tener un gran papel»Manuel Borja Villel

Aún así, contó su primera experiencia con internet, allá por 1992 y se ilusionó recordando cómo pudo entrar a golpe de click a la Biblioteca de París y dar con aquellos títulos que tantos dolores de cabeza y pedidos especiales le habían supuesto.

Manuel Borja Villel, historiador de arte español y director del Museo Reina Sofía encontró el equilibrio entre el lado angelical y diabólico de internet y del propio mundo del arte. «El arte no está peor que el resto de la sociedad. Internet, por ejemplo, ha enfatizado el archivo de los museos pero, como contrapartida, nos ha quitado la memoria. Estamos ante una nueva Edad Media, la memoria es un disco duro al que podemos recurrir, pero que está fuera de la cabeza».

Ibáñez intentó desempolvar el debate de dramatismo y puso sobre la mesa algunos datos que, para él, venían a demostrar que no estamos tan mal como parece y que, por lo tanto, no era necesario acabar el debate con lamentos. «Los que dais clase en la universidad y decís que no se lee, será verdad. Pero estamos en una época en la que se escribe más que nunca. Tomemos un dato: los cientos de miles de editoriales que cada año surgen en España. ¿Quien las lleva? Gente joven, mucha que es culta, curiosa. El suplemento está para la literatura de más calidad, pero para otro tipo de lectores están los textos con tiradas enormes. ¿Es malo, es comercial? Sí, pero... ¿no se lee? No, no creo que no se lea».

«Con internet tenemos una herramienta de consulta, y si no sabemos algo, lo averiguamos... pero también lo olvidamos al instante»Inés Fernández Ordóñez

La respuesta acerca de la decadencia o renacimiento de las artes y las letras no solo dio lugar a más interrogantes, incluso hubo quienes plantearon si procedía realmente hacer esa pregunta inicial. «El renacimiento y la decadencia no son alternativas. La corrupción es la vida, llamamos estar vivo al procedimiento de morir, vivir es estar muriendo», sentenció Albiac. «El progreso o decadencia dan lugar a falsas preguntas. Las vías de transmisión de la cultura ni progresan ni decaen», coincidió Fernández Ordóñez. «Los culturales, si conseguimos que sobrevivan (y estar a contracorriente) pueden tener un gran papel. Hay que evitar caer en el amarillismo, trabajar a contracorriente, perseguir la autoreflexión y el conocimiento del propio medio», apuntó, por su parte, Borja-Villel.

Ibáñez, que predijo que todos iban a acabar lamentándose, intentó salvar del barco del hundimiento. También lo hizo Olvido García Valdés: «Presencié una conversación en la que se afirmaba que el arte es un mundo podrido, y como mundo podrido corrompe todo lo que toca, incluido el suplemento cultural... Sin embargo, recuerdo que El Roto, cuando habló de eso, matizó: A lo mejor no. Yo creo que si nos ofrecen un espacio hay que agradecerlo. Las limitaciones no vienen de fuera, sino de dentro, se trata de ver cómo podemos ensanchar ese espacio, hacer con él algo distinto, algo que pueda incidir en el estado de cosas que padecemos».

Nikola Tanaskovic
Nikola Tanaskovic- Ó. DEL POZO

Para aliviar ese padecimiento y tantas preguntas sin respuestas, el Museo ABC enmudeció para escuchar al acordeonista serbio Nikola Tanaskovic que interpretó «De profundis», de la rusa Sofía Gubaidúlina, inspirada en el Salmo 130, cuando Jesucristo clama a Dios. Tanaskovic miró hacia arriba, cerró los ojos y empezó a tocar. El debate había terminado.

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