Margarita Valencia - Constelaciones

Impresiones de un viaje Margarita Valencia

El dramaturgo andaluz José María Gutiérrez de Alba fue autor de un ejemplo interesante, pero poco conocido, de la literatura de viajes decimonónica, que ahora se pone a disposición de todos en una edición digital

«Los chinitos. Fiesta de Corpus», una de las láminas de «Impresiones de un viaje a América»
«Los chinitos. Fiesta de Corpus», una de las láminas de «Impresiones de un viaje a América»

Andaba refundido el tópico del libro como viaje que vivió un momento de gloria en el siglo XIX, gracias a la popularidad de la literatura de viajes consumida en grandes cantidades en países como Inglaterra por los lectores ávidos de aventuras.

En América Latina la tradición de libros de viajeros empezó con la llegada de los europeos y experimentó un segundo aire con las expediciones científicas y comerciales en el XVIII y en el XIX. Las más notorias son sin duda las de Alexander von Humboldt y José Celestino Mutis, protagonistas de una época en la que, como explica Pérez en su «Geografía de los tiempos difíciles», «se le asignó a la escritura de viajes la función de observadora científica».

Pero hubo muchos otros viajeros, impulsados por las más variopintas razones. Uno de ellos, el dramaturgo andaluz José María Gutiérrez de Alba, que estuvo en Colombia entre 1870 y 1884, vuelve a la palestra con la publicación digital de sus memorias, «Impresiones de un viaje a América». Son diez tomos manuscritos (originalmente eran trece) que ahora reposan en la Biblioteca Luis Ángel Arango pero que fueron llevados a Colombia a finales del siglo XX por el editor colombiano Benjamín Villegas –quien a su vez los compró a la familia en España para después publicar una edición antológica en 2012. Hay más protagonistas en la historia de este rescate, como es de suponer, y todos ellos pusieron su granito de arena en la publicación digital que la Biblioteca acaba de poner a disposición de lectores, curiosos y especialistas de todo el mundo (que hasta la fecha, y desde el 24 de agosto, suman 6.628).

Rutas desconocidas

Quien quiera acercarse a la página debe prepararse para navegar por rutas desconocidas. Puede, si así lo desea, descargar el facsimilar de cada uno de los tomos; y si quiere leerlo (y el texto es casi siempre muy grato de leer), puede descargar la transcripción. Si no quiere leerlo todo, puede escoger uno de varios episodios que se ofrecen al lector, historias breves que a juicio de los editores vuelan solas; algunas de estas van acompañadas de un audio que aprovecha la calidad dramática que en ocasiones exhibe la escritura de Gutiérrez. O puede examinar las láminas, si así lo prefiere: cada una va acompañada del fragmento de texto correspondiente, y la edición le permite filtrarlas temáticamente.

En el proceso de edición participó un equipo de la Biblioteca y un equipo de Manuvo, la empresa colombo-mexicana que el año pasado diseñó la edición digital del «Códice Mendoza» (1542); este códice, que se encuentra en la Biblioteca Bodleiana desde 1659, puede ahora ser consultado en la red.

Gutiérrez de Alba despertó el interés de las autoridades con su preocupación por la «decadencia de las letras españolas»

De acuerdo con Catalina Holguín, de Manuvo, el trabajo esencial con las «Impresiones de un viaje» fue convertir el manuscrito en una base de datos que permitiera integrar y cruzar información. El resultado es un sistema que ofrece múltiples mecanismos de exploración del manuscrito e incluye georreferenciación de datos y una herramienta de análisis textual para cada tomo del manuscrito. Si usted es investigador, su trabajo se hará más fácil; si usted es un explorador ocioso, se divertirá muchísimo. Complementa el trabajo un vocabulario elaborado por el autor con palabras como jipijapa, runcho o chapetón (que «se usa muchas veces en son de cariñosa familiaridad, mientras que otras se emplea como palabra ofensiva»), y una fábrica de postales, aplicación con la cual podemos hacer postales con recortes tomados de las 461 láminas (algunas originales de Gutiérrez, otras copiadas de la Comisión Corográfica, varias fotografías).

Gutiérrez de Alba viajó a Colombia en 1868 en calidad de «agente confidencial en Nueva Granada», con diversas y vagas tareas de indagación económica y política. El escritor había logrado despertar el interés de las autoridades españolas con su preocupación por la «decadencia de las letras españolas», producto de la independencia de las repúblicas americanas. Consideraba que era indispensable hacer «los mayores esfuerzos por reconquistar allí su perdida influencia, estrechando sus relaciones con aquellos pueblos, sus hermanos». Gutiérrez era consciente del mal momento que atravesaba la actividad editorial española y sabía que los franceses habían creado un mercado lector muy rentable en las repúblicas americanas. Según el investigador colombiano Antonio Pabón, su argumento, perfectamente reconocible en los círculos editoriales hoy, era que la única manera de hacerle frente a las prácticas piratas de los franceses era celebrar «tratados literarios y comerciales entre España y sus antiguas Colonias, estableciendo hasta donde posible fuese, una ley común de propiedad literaria».

Porvenir glorioso

Pero Gutiérrez era ante todo un escritor. La prensa madrileña registró su viaje hablando de «la publicación de un libro de grandísima importancia» y los datos recogidos por José Manuel Campos en su tesis doctoral nos permiten una sonrisita escéptica cuando se habla de la misión comercial del escritor. Más divertida y convincente resulta la explicación del agente confidencial a su esposa (y madre de su hijo recién nacido), a quien, en sus propias palabras, «procuraba alentar con la idea de un porvenir glorioso para mi nombre».

«Lo que yo sufrí en aquellos crueles instantes no hay pluma capaz de describirlo», dice en otra parte. Y se entiende que el sufrimiento de la esposa no es un tema relevante cuando se anda en pos de «ese fantasma brillante que llaman gloria».

Los viajeros del XIX escribían para los de su pueblo, para contarles sobre las maravillas que no podían ver. Los lectores de hoy no son viajeros vicarios, sino navegantes avezados y creativos, capaces de trazar sus propias rutas. Esta edición de «Impresiones de un viaje» entiende las posibilidades de lo digital, y abre un espacio para que los viajeros de todas partes jueguen, conversen, e inventen nuevas formas de leer.

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