Guillermo Mora posa en su estudio del barrio madrileño Puerta del Ángel
Guillermo Mora posa en su estudio del barrio madrileño Puerta del Ángel - María Alcaraz
ARTE

Guillermo Mora: «En España falta rigor y disciplina en las artes plásticas»

El joven creador madrileño, que participará en ARCO 2018 de la mano de Moises Pérez Albéniz y Casa Triangulo, se muestra crítico y escéptico con el panorama artístico actual

MADRIDActualizado:

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad Complutense de Madrid y formado en la Escuela de Arte de Chicago, Guillermo Mora (Alcalá de Henares, 1980) es sin duda un imprescindible entre los jóvenes artistas españoles. Desde que le concedieron el Premio Audemars Piguet en ARCO 2014, el madrileño no ha dejado de recoger galardones. Por ejemplo, este año ha ganado el Premio de la Comunidad de Madrid en Estampa 2017.

En la actualidad, en España le representa la galería Moisés Pérez Albéniz (MPA) y en Brasil, Casa Triangulo. Si no vende sus piezas regresan a él para someterlas a nuevas lecturas porque, según explica, en sus procesos creativos la linealidad no existe. ABC Cultural repasa con Mora las claves de su personalidad y cómo ve el mundo que le rodea mientras muestra su estudio situado en el barrio madrileño de Puerta del Ángel.

Crea volúmenes con pintura plegando capas superpuestas. ¿Se puede decir que hace escultura con la pintura?

Para mí lo curioso es que nunca consideré hacer escultura. De hecho, me considero pintor. Al manipular sus procesos de creación, la pintura empieza a acercarse a otras disciplinas aunque no se aleja tanto de un cuadro donde también hay capas superpuestas. Mi intención es hacer lo mismo pero sin soporte. No utilizo un bastidor, sino su propio cuerpo. La idea de pintura muta pero sigue siendo pintura.

¿Qué papel juega el tiempo en sus obras?

Para mí la espera es muy importante. En mi caso decidí someter la pintura a tiempos de secado muy largos y eso me obliga a ser paciente. Algo que va muy en contra de los tiempos que corren.

¿En esos márgenes de tiempo no cambia su idea principal?

En muchas ocasiones [se ríe]. Es una parte importante de mi trabajo. En los proyectos a veces hay cambios pero no me frustran. Me resulta mucho más enriquecedor el hecho de encontrarme con algo inesperado.

Reutiliza materiales y restos de sus piezas para hacer otras...

¡Últimamente tiro bastante! Pero es por cuestión de espacio. Sin embargo, es cierto que mantengo materiales aunque en un primer momento no cumplan su cometido. Me gusta que existan porque a lo mejor dentro de unos años me encajan. Le tengo respeto al trabajo.

En más de una ocasión ha dicho que el color es un medidor del tiempo que se vive. ¿Qué colores tiene esta época?

El color juega un papel fundamental en mi trabajo. El término que elegiría es una especie de «dulcificación ácida». Es un reflejo de lo que percibo a nivel social. Yo trabajo de manera abstracta pero siempre muy ligado a sensaciones, y eso siento.

¿Cómo ve el panorama artístico nacional? ¿Qué ocurre en España?

Creo que el nivel de exigencia es menor que en otros países. No puedo generalizar porque hay gente muy rigurosa, pero no lo somos tanto como he visto en otros lugares. A veces es una ventaja porque igual tenemos otras valoraciones de la vida, pero el nivel de trabajo aquí cojea. En muchas ocasiones te encuentras con el «da igual» o «qué más da». Y no puede ser.

Materiales y mesas de trabajo en el estudio de Guillermo Mora
Materiales y mesas de trabajo en el estudio de Guillermo Mora-María Alcaraz

Quizá sea pesimismo…

Sí, pero yo creo que la respuesta ante eso es el rigor. No puedes dejarte llevar por las masas o que ellas te influyan. De hecho, yo considero que en las épocas malas es cuando más hay que apretar. Nos quejamos mucho de que en otros sitios hay más oportunidades pero también puede que sean mucho más rigurosos y tajantes. Hay artistas que no se creen que esto sea su propio trabajo. No lo entiendo. Si no crees en tu trabajo, no crees en ello. En España hace falta rigor y disciplina.

¿Qué siente un artista cuando no se interesan por el contexto de sus obras y las ridiculizan?

Creo que eso nace de una cuestión educativa. El arte tiene un problema en este país y es que no está valorado dentro de la educación. Esto también genera otro problema: no considerar que ser artista sea una profesión. Existe una idea arcaica de que el artista es un vividor y que se levanta a las 12 de la mañana cada día. No es mi caso ni el de mis compañeros. Nosotros cubrimos una labor social y tenemos nuestros horarios de trabajo. Hay una brecha social y es un gran problema que no se le dé importancia.

¿Qué hace cuando no está haciendo arte?

¡Estoy todo el día! [Se ríe]. No, es broma. Pero sí que lo mío es una dedicación completa. Me levanto normalmente a las seis de la mañana y gestiono los correos que me llegan, luego vengo al estudio y me pongo con el proyecto que me corresponda. Y hasta las 7 de la tarde más o menos que salgo. Es similar a un trabajo de oficina.

¿Es un trabajo sacrificado?

Como cualquier otro trabajo. Yo tengo la suerte de disfrutar lo que hago. Lo sacrificado es que es un oficio muy inestable, no existe la seguridad de tener un sueldo fijo. Además, tienes que ser un buen contable porque a veces no sabes si vas a vender o no.

¿Hay crítica en sus obras?

Más que crítica, mis obras ponen en cuestión las normas establecidas. Busco poner en tela de juicio cosas que se dan por hecho.

¿Lo hace por rebeldía?

Sí y no. Es cierto que en mis inicios tuve una «rebelión» contra todo lo que me habían enseñado, pero no tengo ninguna batalla. Eso sí, en mi última exposición en la galería MPA tuve un gesto rebelde: taponé una ventana con un volumen de cinco metros.

¿Qué proyectos tiene para 2018?

Ahora mismo estoy preparando ARCO con las galerías y también estoy con una obra para el certamen de Cervezas Alhambra.

¿Qué vamos a ver suyo en ARCO?

Con Moisés Pérez de Albéniz, llevaré una serie de piezas de la exposición que hice con ellos en septiembre. Se llaman «Colección de fondos» y son piezas monocromáticas que no tienen ningún elemento representativo. Son colores que se van superponiendo y van creando una especie de efecto tridimensional. Y con Casa Triangulo, producción nueva, pero no te puedo decir mucho porque estoy empezando con ello. No quiero definirlo todavía por si cambia.