«Baile de máscaras», una de las obras del pintor aragonés
«Baile de máscaras», una de las obras del pintor aragonés
ARTE

Goya y Buñuel: paralelos y oblicuos

Una ambiciosa exposición en el Museo Lázaro Galdiano traza los puntos en común de Francisco de Goya y Luis Buñuel, dos aragoneses universales que supieron trascender a su época

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Aragoneses, sordos, fuertemente «imbuidos de» e «influidos por» todo lo relacionado con Francia… ¿Casualidad? ¿Coincidencia? Y aún podríamos añadir bastante más: tercos, poseídos por una mirada crítica y perforadora, con un sentido del humor zumbón y a la vez mordaz y quirúrgico, interesados en representar las oníricas criaturas que la vigilia de la razón engendra, empeñados ambos en entender y mostrar el mundo y la vida a través de imágenes, pintadas en un caso, filmadas en el otro… ¿Casualidad? ¿Coincidencia?

Establecer analogías y afinidades entre artistas y creadores de diferentes tiempos y verbos no ha sido una práctica comparativa demasiado transitada y fecunda dentro de nuestra cultura expositiva. Por eso resulta de inicio atractivo el guiño cómplice que propone ahora Goya y Buñuel. Los sueños de la razón, una muestra organizada por el Gobierno de Aragón y la Fundación Ibercaja, en colaboración con la Fundación Goya y el Centro Buñuel Calanda, y que presenta un abigarrado conjunto de obras originales de ambos artistas aragoneses, los dos absolutamente conocidos y reconocidos.

Puntos de tangencia

Así pues, el objetivo de sus organizadores es el de demostrar cómo las diferentes manifestaciones culturales pueden tener puntos de contacto, o al menos de tangencia, con independencia del momento o de los medios de expresión utilizados. En definitiva, un intento de «aragonizar» la cultura universal, a través de la enorme influencia que dos de sus figuras más referenciales han podido significar dentro y fuera de España.

Los comisarios, Amparo Martínez y José Ignacio Calvo, confiesan al inicio del catálogo -espléndido, por cierto-: «Un tópico manido asocia al pintor Francisco de Goya con el cineasta Luis Buñuel por haber sido ambos aragoneses, sordos y afrancesados. Fuera de esta consideración, de evidente intención humorística, debe aceptarse que las distintas épocas, mentalidades y ambientes culturales en que vivieron, así como las particulares motivaciones creativas que tuvo cada uno, los sitúan en posiciones muy distantes. En consecuencia, ligar a estas dos grandes figuras en una misma exposición entraña grandes riesgos, pero es a la vez un atractivo reto intelectual. No pretenda el visitante encontrarse con Goya y Buñuel como unas vidas paralelas ilustradas con múltiples analogías. Cada uno fue hijo de su tiempo, pero fueron tiempos muy distintos. Cada uno fue capaz de ir más allá de su tiempo, pero impulsados por afanes de diversa naturaleza».

Cubierta del ejemplar del «Retablo de Maese Pedro», del cineasta
Cubierta del ejemplar del «Retablo de Maese Pedro», del cineasta

Dan pruebas pues de una plausible intención crítica, e incluso de unas apreciables dosis de atrevimiento intelectual. Asumen los riesgos y los retos que ello pueda conllevar. Eso es algo que debemos colocar en su haber. Más aún todavía cuando tienen la franqueza de iniciar esta publicación -que quedará también bien representada y legible en una de las salas de la exposición- con esta cita de Jean-Claude Carrière, amigo y colaborador de Buñuel: «Sé que [Buñuel] estaba cansado, harto, de que se le comparara con Goya, pero ahora es ya imposible citar a uno sin pensar en el otro. Allí donde esté, tarde o temprano tendrá que resignarse».

De modo que, la intención fundamental de un proyecto de estas características no es sino la de revelar los posibles puntos en común de la extraordinaria capacidad creadora de ambos artistas, que, entre otras afinidades, les llevaría a compartir una voluntad curiosa y crítica y una especial habilidad para engendrar realidades universales a partir de sus propias y concretas circunstancias históricas. Ése es uno de sus rasgos afines: el ser capaces de transformar lo individual y privado en ecuménico y global, recorriendo un viaje singular desde el interior de sus espíritus hasta la geografía exterior de lugares como Madrid, Roma, Burdeos, París, México… paradas y estaciones Termini de sus trayectorias personales.

El idioma universal

Puntos en común y afinidades que también pueden y deben extenderse a otros ámbitos, como son el que tanto uno como el otro hicieran del ser humano y de su naturaleza su principal materia de trabajo creador, siempre a través del lenguaje de las imágenes, ese «idioma universal», en palabras de Goya.

Fotograma de «Simón del desierto», del archivo de Luis Buñuel
Fotograma de «Simón del desierto», del archivo de Luis Buñuel

Pese a todo, debo decir que ni el resultado museográfico de esta propuesta, ni su concreción expositiva alcanzan las loables intenciones que en ella se depositan, así como tampoco los fines que la han impulsado. Es cierto que resultan interesantes algunos de los diálogos que se establecen entre sus respectivas obras. Pienso, entre otros, en fotogramas de películas: Nazarín, Simón del desierto o Viridiana, en relación a ciertas pinturas como Oración en el huerto y Éxtasis de San Antonio, o algunos grabados de los Caprichos o los Desastres. Pero no es menos cierto que, en líneas generales, la variada y diversa documentación mostrada, que va desde cartas, lienzos, dibujos, impresiones, carteles o textos, hasta fotos y proyecciones, queda expuesta dentro de un montaje demasiado recargado e incluso confuso, con ciertas prácticas museográficas casi de horror vacui que no beneficia ni tampoco realza el intrínseco e indudable interés de esos documentos. A mi juicio, la gran valía del proyecto radica no tanto en la propia exposición como en el magnífico catálogo que la acompaña, un espléndido instrumento de estudio y una útil herramienta para conocer las afinidades, y también las diferencias, entre dos figuras tan colosales y tan proteicas.