LIBROS

Gloria Steinem, Rebecca Solnit y el otro sexo

La publicación de «Los hombres me explican cosas», de Rebecca Solnit, se une a la de «Mi vida en la carretera», de Gloria Steinem. Dos maneras de entender el feminismo

Rebecca Solnit, autora de «Los hombres me explican cosas»
Rebecca Solnit, autora de «Los hombres me explican cosas»

Un «Una vida en la carretera», Gloria Steinem cuenta que en los años 60 iba en un taxi sentada entre Saul Bellow y Gay Talese. Este dijo que cada año una chica guapa venía (iba) a Nueva York y hacía ver que era escritora. Lo decía como si ella fuera invisible, sorda o Helen Keller. En 1963, Steinem se puso un rabito y se infiltró en el Playboy Club de Nueva York para hacer su legendario reportaje «Yo fui una conejita de Playboy». También dijo que una mujer leyendo «Playboy» se siente como un judío leyendo un manual nazi. Una idiotez.

La frasecita hombretona del atildado Talese no es muy distinta de lo que muchos años después Rebecca Solnit, historiadora, activista y columnista del «Easy Chair» de la revista «Harper’s», describe en «Los hombres me explican cosas». Al menos en el artículo de ese mismo nombre incluido en el libro, que es un conjunto de ensayos sobre la desigualdad. Según Solnit, los hombres muestran una autoridad que no se han ganado y las mujeres la aceptan.

Interminable perorata

Solnit (San Francisco, 1961) inspiró el término «mansplaining», contracción en inglés de hombre y explicar. Pero no la creó. La experiencia relatada por Solnit es disparatada pero nada sorprendente. En una fiesta, el anfitrión le dijo: «¿He oído que has escrito un par de libros?». «Varios, de hecho». Y ella empezó a hablarle del más reciente: «River of Shadows: Edward Muybridge and the Technological Wild West». Cuando el otro escuchó el nombre de Muybridge empezó a referirse a otro libro «realmente importante» que había salido ese año. La amiga que acompañaba a Solnit tuvo que advertirle de que el libro era el mismo, el suyo. Pero él continuó con su perorata. Hasta que se dio cuenta. Y ni siquiera lo había leído. «Como somos mujeres, esperamos educadamente a estar fuera del alcance de nadie antes de empezar a reír, y no hemos dejado de hacerlo desde entonces».

Gloria Steinem (Toledo, Ohio, 1934) podría ser la madre de Rebecca Solnit. Con 82 años, es la madre del feminismo estadounidense. Del feminismo pop, del menos teórico. En los 70, Steinem ya era una de las voces más destacadas de la igualdad de sexo con Betty Friedan o Bella Abzug. En 1971 cofundó «Ms», la primera revista feminista (hallazgo lingüístico para evitar el «Mrs». y el «Miss»). También tuvo gran influencia en el National Women’s Political Caucus, cuya misión era promover e incrementar el número de mujeres en la política.

La autora de «Una habitación propia» es una de las protagonistas en los ensayos de Rebecca Solnit, es una colección de nueve lúcidos textos

Los libros de Solnit y Steinem, de 2015, se publican ahora en España. Lástima que no se edite «Bad Feminist: Essays» (2014), de Roxane Gay (Nebraska, 1974), más divertida y mucho más cercana a la cultura popular, como en su día (y siempre) Camille Paglia. Gay es capaz de destripar intelectualmente «Las gemelas de Sweet Valley». Además, es negra y con más kilos que Hattie McDaniel. Parece el Kenan Thompson de «Saturday Night Live». Su perspectiva es diferente, enriquecedora y tan lúcida como descacharrante.

Steinen cuenta en «Mi vida en la carretera» sus viajes. Su vida. Y mucho de su padre. Su propio crecimiento y el del movimiento que ha abanderado. Parece haber estado en todas partes. Como Forrest Gump o Zelig. Así, en la marcha sobre Washington de 1963. Recordando que aunque no había mujeres que hablaran (sí estuvo Josephine Baker), Mahalia Jackson, una de las que cantaba, fue quien propició el gran discurso. Después de que Martin Luther King pronunciara el que tenía preparado, la cantante le animó: «Cuéntales lo del sueño, Martin».

«Mi vida en la carretera» no es una autobiografía. En sus ensayos de los 80 y 90 ya había contado parte de su vida. Y está la biografía de Carolyn Heilbrum («Gloria Steinem. The Education of a Woman») cuando tenía 61 años. En «Mi vida en la carretera», los viajes son el hilo conductor de su relato y de las mujeres que retrata (por ejemplo, Wilma Mankiller, la primera mujer jefe de la nación Cherokee). Resulta curioso que no nombre a su único marido, David Bale, con el que estuvo casada de 2000 a 2003, hasta que él murió.

Ruth, la madre de Steinem, era adicta al pentotal sódico, «la misma droga que tomaban Sylvia Plath y Virginia Woolf». La autora de «Una habitación propia» es una de las protagonistas en los ensayos de Rebecca Solnit. Su libro es una colección de nueve lúcidos textos.

El gran cambio

Quizá el dedicado a Strauss-Kahn y la camarera Diallo se quede viejo por ser demasiado reciente. No así el que recuerda el caso de la humillada Anita Hill en 1991, cuando denunció por acoso sexual a Clarence Thomas, primer juez designado por Bush para el Tribunal Supremo. El término acoso sexual acababa de ser acuñado. No fue hasta 1986 cuando ese comportamiento en el trabajo empezó a ser perseguible. Aunque haya tanto que hacer en materia de igualdad, ambos libros muestran el gran cambio producido en pocos años.

En los agradecimientos, Solnit empieza con su madre, «quien se suscribió a «Ms. Magazine» desde el momento de su aparición» y que a ella le supuso una potente herramienta para reconsiderar gran parte de «statu quo» de los 70.

Steinem siempre ha recordado a la taxista de Boston que le dijo que «si los hombres se pudieran quedar embarazados el aborto sería sagrado». «Mi vida en la carretera» está dedicado al médico británico que en 1957, una década antes de que fuera legal practicar abortos, ayudó a una estadounidense de 22 años que iba camino de la India.

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