LIBROS

«Gente de Maduro con kalashnikovs son los que controlan los alimentos en Venezuela»

El reportero Doménico Chiappe no es un «escuálido» (antichavista, en la retórica del régimen). Trata de huir de la simplificación ideológica «desde la voz de los que viven allí»

El reportero Doménico Chiappe
El reportero Doménico Chiappe - Ignacio Gil

Si en la literatura y en sus obras periodísticas Doménico Chiappe trata de ser conciso, en sus clases de periodismo o en las entrevistas es todo lo contrario. «Largo viaje inmóvil» (Ed. Círculo de tiza), su último libro de crónicas, aglutina cortos episodios independientes recogidos en 262 páginas que trazan un retrato crítico de la sociedad venezolana «desde la voz de los que viven allí», señalando los contrastes de esta potencia exportadora de petróleo, reinas de belleza y caudillos. Pero si se le pide que defina en pocas palabras a personajes como Hugo Chávez o Nicolás Maduro, se niega: no le gusta este juego porque, dice, se esfuerza en todo momento por explicar el fondo y la forma como vacuna de la polarización que se vive en Venezuela. «La simplificación ha hecho que el debate en España se vuelva a que si hablas en contra del Gobierno venezolano eres de un ala de la derecha». «Largo viaje inmóvil» nace porque no quiere ser más breve. Nacido en Lima en 1970 pero criado desde los cuatro años en Caracas (se mudó a España en 2002), este periodista y profesor de reporteros no busca parecerse a quienes hacen eslóganes de Venezuela.

Cuenta que el chavismo ha tratado de polarizar Venezuela, incluso con insultos como «escuálidos» para los no chavistas. ¿Es usted un «escuálido»?

No, no me considero un escuálido en el sentido que le quiso dar Chávez a la palabra. Todo su discurso y toda su retórica siguió una hoja de ruta de polarización de la sociedad en dos partes, una dicotomía en la que había un «nosotros» que suponía el progreso y un «ellos» que se oponían a sus ideales. Entonces eso crea que no haya un debate, un diálogo, un consenso, unas medidas intermedias, unas sí y otras no. Todo el tiempo ha habido una confrontación. O estás de acuerdo sin ningún tipo de discusión o eres de «ellos», del otro lado. Así empezó a referirse desde muy temprano a nosotros, como «escuálidos» con todas las connotaciones: un grupo minoritario, los anti patrióticos eran minoritarios y no tenían fuerza, y en ese sentido siempre me he considerado de la oposición a Chávez, desde que surge en el golpe de Estado. Esto no me hace cómplice de los gobiernos anteriores. Tampoco me he considerado de esa oposición escuálida porque nunca lo fue, Chávez ganó en todos esos procesos plebiscitarios, donde al contrario que en España, primaba la mayoría simple. Había un bloque entregado a su sistema de legitimación, que eran los que iban a votar siempre a favor de lo que proponía Chávez, luego unos opositores activistas que votaban en contra y unos ninis que no hacían oír su voz; no porque compartieran las propuestas chavistas ni de la revolución, como decía siempre, sino porque o no estaban convencidos de las propuestas de la oposición, que tardó en agruparse, o se cansaron de ir a votar y a votar y a votar. Eso fue un error. No era una masa tan escuálida y ahora menos. Desde 2007 empieza Chávez a perder popularidad, incluso perdió votaciones como la repetición infinita de mandatos. Ahora tenemos un Gobierno que se ha mostrado altamente ineficiente.

La primera parte de su libro se desarrolla en los 90. ¿Podía verse como el «pacto de punto fijo», de dos partidos alternándose a la vez que se iba hacia una mayor democratización, compraba votos prometiendo desarrollo, con una corrupción desbordante?

Creo que en el libro abordo estos años del chavismo dentro de un contexto: es muy importante entender de dónde venía Venezuela, cómo estaba antes de la llegada de Chávez. Por eso incluyo varias crónicas que muestran esa forma de relacionarse y esos estratos de gobernanza. Lo que mencionas del “pacto de punto fijo” se satanizó debido a una enorme corrupción que había en Venezuela, pero que no alcanza ni a los pies de lo que hay ahora. Todos esos males se magnificaron y se exponenciaron a partir de la llegada del chavismo. ¿Por qué? Porque el poder se concentró y se hizo absoluto. Era una democracia joven y consolidada que venía de una dictadura. Venía de la dictadura de Pérez Jiménez, que cae y surgen unos líderes democráticos: los de Copei, la derecha como se entiende en Venezuela donde nadie se plantea una privatización, por ejemplo de la petrolera, y los de Acción Democrática, de centroizquierda. Surgen estos líderes y se decide que van a estar cinco años y que habrá un presidente que no se podrá reelegir para evitar un caudillo. Se votaba a uno u a otro. Había más partidos, como el Movimiento al Socialismo, que genera un debate, donde está Teodoro Petkoff. Consiguen un porcentaje nada despreciable en un sistema que no es de pactos como en España. Allí si no tienes mayoría absoluta, casi no tienes nada. Se hacen unas reformas y se pasa la grave crisis de los ochenta. En los noventa hay reformas democráticas. Se descentraliza el Gobierno; el dinero iba repartiéndose un poco a la española. Los gobernadores empiezan a ser votados, cosa que no se hacía antes. Es una economía muy dependiente del petróleo, que es nacional y el dinero se distribuía desde el poder central. El IVA no tiene muchos años en Venezuela: desde finales de los ochenta, antes no existía. Esos impuestos van a los poderes regionales. Hay clientelismo como en Puerto Ayacucho, eso que era un departamento que se convierte en una alcaldía y se quiere que sean los propios indígenas quienes gobiernen esa alcaldía. Ese microcosmos podía representar un poco eso que sucedía. Ese Estado clientelar se magnifica con Chávez, que corta esa descentralización incipiente y centra los recursos en el Gobierno central, sobre todo en la presidencia.

Hay ciertas cosas de la industria petrolera con líneas rojas que se traspasaron para acaparar los recursos, se repartía en mano el dinero; había un Estado clientelar, populismo en elecciones y todo esto… La gente se fue acostumbrando. Un aparato productivo que se incentivaba y ya no. Antes de Chávez hubo una migración del campo a las ciudades. Barrios marginales que se iban consolidando con servicios, con materiales más nobles, había una progresión social… No era ideal, no, pero eso se acabó. El Gobierno de Chávez empezó a legislar por un grupo, que era el que lo apoyaba y dependía su supervivencia porque había acabado con el aparato productivo. Es importantísimo no idealizar lo que había antes de Chávez, pero recalcar que había una evolución paulatina, y probablemente más lenta de lo que nos hubiera gustado, hacia un sistema cada vez más mejorado. No es Chávez quien acaba con el bipartidismo, este muere cuando defenestran a Carlos Andrés Pérez. Su propio partido, Acción Democrática, le corta la cabeza y empiezan a gobernar más los tecnócratas. Periodo de desorden con presidentes temporales, llega Rafael Caldera, fundador de unos de los partidos de punto fijo y se va de allí porque no le nombran presidente. Entonces, partidos pequeños -no solamente de izquierdas- apoyan a Caldera. A este movimiento político lo llaman «el chiripero», que significa muchas cucarachas pequeñas. Esto es lo que al final se vuelca a favor de Chávez: cinco años nefastos, quiebra financiera y mucha gente que tiene situación de despojo. Con eso juega constantemente Chávez. «Un país rico con su gente pobre». Así fue creando esa «oligarquía» -los llamados «escuálidos»- y los empezó a enfrentar a la gente. Incluso para el futuro de Venezuela es bueno saber los desmanes de Chávez, pero también ser consciente de que antes había un sistema que estaba mejorando por la propia dinámica democrática, pero con unos abusos que ahora se están pagando de alguna forma.

«¿Por qué el pueblo venezolano está aguantando tanto? Eso tiene que ver con la violencia»

Usted fue miembro fundador del diario «TalCual» y la revista «Primicia», y trabajó en “El Nacional” (Venezuela). ¿Los medios auparon a Chávez?

A Chávez lo apoyan los medios desde el golpe de Estado. Estando preso se le dan entrevistas. Era una figura caudillista, herencia de ese sistema político que viene de las guerras por la independencia; la orografía y geografía del propio país crearon ciertos caudillos. En el caso de Teodoro (Petkoff), yo estuve en su equipo fundacional. Cuando TalCual se funda tiene un marcado carácter de oposición, razonable, frente a todos o salvo algunos medios que coqueteaban con el chavismo, y cuando este se lanza a la presidencia su ascenso es meteórico. Parecía que iba a ganar la Miss Venezuela, pero la desplazó gracias a una dinámica alentada por los medios. Petkoff estaba en un medio de comunicación que cede a un chantaje político, que en una cuestión de herencia de los dueños, la exigencia del Gobierno para resolver ese litigio es quitarle de la dirección. Ceden al Gobierno. Así que lo sacan de allí y monta un capital para fundar un nuevo periódico. Petkoff, siendo un líder y un intelectual indiscutible de la izquierda, también renuncia al partido que él mismo funda y que pasó de apoyar a Caldera a Chávez. Bueno, ¿por qué sucede esto? Chávez no era en el fondo de izquierdas. Aunque había adoptado un discurso social, de justicia e igualdad, era en realidad un militar y lo que quería era una vez llegado al poder perpetuarse. Al final queda eso: militarismo y autarquía. Él se parece en eso a Pinochet, Castro, Franco...

«Largo viaje inmóvil» une distintas historias de desheredados, de quienes lo tuvieron todo para luego quedarse sin nada. ¿Esa es la paradoja?

Intento jugar a contrastes y al cambio de registro. Combinar puntos de vista, cambio de tono y lenguaje para una historia y al mismo tiempo lo aplico recuperando trabajos publicados en periódicos. Todos esos artículos los revisito y de ahí saco materia prima para el libro. El caso del actor de novelas Orangel Delfín muestra a un hombre que tiene un despilfarro y que pasa del éxito y la riqueza a morir en un albergue. Ahí se pueden ver símiles, metáforas en estos personajes aplicadas al país, que a su vez son muchos países. Me interesa la fuerza de la historia. En el capítulo de la Navidad [sobre un crimen], buscaba que las palabras crearan imágenes pero sin florituras: secuencia, secuencia, secuencia, como un fotorreportaje.

La violencia lo ocupa todo.

Hay una fuerte hegemonía de la violencia, que se ha convertido en una lotería que genera el propio ambiente en Caracas. Es un arma de coacción muy importante. ¿Por qué el pueblo está aguantando tanto, cuando en Venezuela por mucho menos ha habido estallido social? Eso tiene que ver con la violencia.

A los veintitantos, siendo testigo entonces de la incipiente y virulenta criminalidad de Caracas. ¿Estaba preparado? ¿No le faltaba madurez?

Sí, sí estaba preparado. Vamos, había de todas las edades, yo trabajaba con gente muy joven, mis jefes eran más mayores que yo, pero no mucho más, acercándose a los cuarenta. Algún veterano de sesenta y tantos. Sí… vives un poco así, he vivido en diferentes sitios de Venezuela, en zonas que son colindantes de la marginalidad, la violencia se cuela por tu ventana y vives con eso. Antes la violencia se traducía en 3.000 homicidios al año o menos, y ya era un escándalo, ahora son 30.000. La violencia empieza a convivir contigo de manera directa, lo que antes era como una posibilidad. No le doy mayor importancia, hay corresponsales de guerra veinteañeros. En este clima de Venezuela nunca me he detenido en pensar en eso. Hice una carrera rápida como periodista en Venezuela, me implicaba bastante en los temas y escribía mucho, pero no creo que tuviera nada que ver con la edad. De hecho, en TalCual yo dirigía las páginas económicas y lo hice con 29 años. La aventura de TalCual fue muy importante y no me arrepiento, con retrospectiva me hubiera gustado pasar más tiempo en la calle y no como jefe de sección.

¿Le marcó, para bien y para mal, haber crecido en un ambiente de clase media-alta y en un colegio de la élite caraqueña?

Sí, cuando en el año 75 mi padre emigra primero y luego nos reunimos mi madre mi hermana y yo con él. Vivimos en unos lugares, urbanizaciones de clase media siempre, recuerdo que nos mudábamos mucho, cada cierto tiempo, y que estudié siempre en un colegio de clase alta en realidad. No todos los que estudiábamos allí éramos de clase alta, pero sí entre los cuatro o cinco de Caracas para los hijos de la élite económica y política. Pero en esa edad no haces mucho caso a este tipo de cuestiones. Al mismo tiempo, cuando me voy de Caracas, me voy solo a la isla de Margarita para estudiar Oceanografía. Me fui allí y viví en un entorno rural paupérrimo. De ello me nutrí personalmente a la hora de enfocar los temas. No eran zonas marginales, barrios de ciudad, pero sí de pueblo, entorno rural, pobre, campesino. Luego también conozco por mi colegio la vida de las élites allí. Me sentía cómodo en todos esos ambientes.

Y de pronto empieza la carrera de Oceanografía, que a priori no parece el grado más cercano al periodismo...

Bueno, primero fue la oceanografía, me gustaba el mar, los peces, tenía peceras y todo esto. Y decido inclinarme por la vocación. Hacer la oceanografía es imposible, no hay trabajo para ello. Solo había uno, militar. No había instalaciones, lo poco que se había creado para investigar era para la acuicultura. Me gradúo a los 20-21 años y empiezo a trabajar en esa área, donde las ofertas de trabajo eran en unos sitios aún más aislados… Yo con esa edad no quería meterme en esos sitios. Así que vuelvo a Caracas, me meto en casa de mis padres y empiezo a estudiar Comunicación Social. A orientarme al periodismo que estuviera relacionado con oceanografía, pero este te va llevando y envolviendo.

Entonces, ¿le ayudó para abordar el tema indígena poco después?

Sí, me ayudó para temas como Puerto Ayacucho. Me ayudó aquella visión romántica de veintitantos años. Siempre me interesó el tema indígena, muchos temas que no se conocían en el periodismo nacional; por fortuna tuve jefes que confiaban que podían ser interesantes para sus medios y tuve carta blanca para desarrollarlos.

«Boliburgueses»

¿Siguen en pie esos colegios de élite en Caracas?

Venezuela ha cambiado mucho pero siguen estando. Esos colegios siguen en pie, sigue habiendo una clase, porque sea que tienen un sueldo, dólares, o porque tienen una fortuna anterior o recién hecha. El chavismo ha creado una nueva élite, al mismo tiempo que se ha aliado con alguna élite anterior. Esos espacios los han ocupado las nuevas generaciones. Hay entre estas élites económicas gente que estudió en mi colegio o conmigo, que se han aliado con el chavismo y han sido su brazo ejecutor. El chavismo ha tenido muchos sectores que se han ido adueñando del país. Ha sido así y han ido cambiando los actores. Quítate que voy entrando yo, pero si sigues ahí y te unes, seguirás teniendo privilegios. Los colegios públicos nunca estuvieron a la altura de los privados y ahora están incluso peor que antes. Había un sistema de becas podía salir con muchas dificultades pero podías ascender. Antes de Chávez había una movilidad social que ya quisieran muchos países para sí. Pero no era masiva.

Una élite que se fue y una élite emergente que se impuso.

Muchas clases pudientes han pactado con el chavismo. En el fondo no era el reparto, sino la acumulación de riquezas por el poder. Si estabas de acuerdo con eso, te hacías infinitamente rico. Al final todo se resume en comisiones: el dinero en Venezuela se ha fugado, evaporado. En España, con mucha crisis y corrupción… pero, al final, ¿qué queda? Quedan muchos edificios desocupados. Hay que ver qué hacer con ello, hay corrupción en las radiales… beneficios a ciertas empresas y tal. Pero en Venezuela no queda nada, ni edificios.

En 2002, decide venirse a Madrid, pese a su posición consolidada en el periodismo venezolano y formando parte de TalCual, uno de los principales medios opositores. ¿Por qué lo dejó?

Vengo más por una inquietud que tiene que ver con la ficción. Allí tenía 16 horas diarias de trabajo en TalCual, vine para encontrar distancia de los temas políticos y mejorar la ficción que no tenía dominada lo suficiente. Había sacado una novela multimedia «Tiempo de Extracción» que reescribo durante cinco años aquí. Para eso necesitaba distancia mental y geográfica.

¿Considera que su trabajo de periodismo narrativo se pudo hacer en una Venezuela distinta o en otro país en esos años noventa y primeros de los 2000?

Hay algo innato: ganas de contar historias, méritos personales pero que tienen que ver con circunstancias en las que estás. La profesión vivía un proceso de reformas periodísticas; periódicos que pasan de solo lo noticioso a darle cabida al periodismo narrativo. Empezaron a rediseñar los periódicos, se crearon suplementos, no meramente comerciales, sino que empezaban a darle más importancia a los contenidos narrativos, al reportaje de largo aliento… Estaba en el sitio indicado, y todo lo demás tiene que ver con las formas en que tú haces tu trabajo. Los trabajos que hacías: te ponías una pauta semanal, reuniones para poner de entrega un suplemento, pero siempre trabajaba en dos o tres temas que requería mayor inmersión y que requería meses. Como el que escribí sobre la quiebra financiera, que me demoró varios meses para ello. Publiqué otras cosas, también al diarismo, la cuestión diaria, también como editor y jefe de sección de esas páginas. Lo que hacía con mi gente era que tenía cuatro periodistas a cargo y tenía que sacar temas diarios, pero también un tema de largo aliento que sacar poco a poco. TalCual era un vespertino donde las jornadas empezaban a las 6 de la mañana y el periódico salía a las 12. Después del cierre, a la mañana teníamos reuniones. A lo largo del día veíamos las cuestiones a largo plazo, que es de lo que más se ha nutrido el libro, de los reportajes que me llevaron más tiempo.

¿Es posible ser periodista en Venezuela sin ser chavista o antichavista?

La objetividad en periodismo no existe. Cargas siempre con tus prejuicios y tus ideas y te llevan a mirar las cosas con perspectiva. Sí puedes tener equidad. En Venezuela es imposible ser neutral, pero puedes intentar ser objetivo con cierta pluralidad, mostrando los contrastes y posiciones encontradas, opiniones que disienten no sólo por el juicio dicotómico. Creo que este libro puede leerse como un largo y único reportaje. En la fragmentación intervienen todas estas cosas, que no hay sólo dos polos, hay más divisiones y entre esos polos hay más gente. Eso hace un país. Pero en Venezuela se ha llegado a un punto que es imposible no tomar partido.

El trabajo periodístico allí, no es tanto la posición del periodista, el problema es que ante el horror, qué cuentas. Y muchas de esas cosas están censuradas por ley, pero también actúa eficazmente la autocensura, la coacción del ambiente y de los tribunales, con multas desorbitadas. Los medios han ido cayendo en manos chavistas, o de quiénes incluso no se saben muy bien quiénes son, testaferros que a veces son empresas que tienen registro en Madrid con 3.000€, como sucedió con «El Universal».

El trabajo periodístico allí no es tanto la posición del periodista; el problema es que, ante el horror, qué cuentas. Muchas de esas cosas están censuradas por ley, pero también actúa eficazmente la autocensura, la coacción del ambiente y de los tribunales, con multas desorbitadas. Los medios han ido cayendo en manos chavistas o de quienes incluso no se sabe muy bien quiénes son. Se destruye todo lo que pueda incriminar. ¿Cómo puedes investigar algo así? No es casual que las informaciones más importantes sobre el Gobierno de Venezuela vengan de Estados Unidos. Emili [Blasco, periodista de ABC] tiene sus fuentes en Washington, han huido allá los esbirros del régimen, quienes han hecho fortuna y ahora quieren la seguridad de que no van a ser incriminados. Están cantando cosas con las que se puede hacer un seguimiento del saqueo. Por eso aquí, con la financiación de Podemos, no es casual que cuando le cortan la cabeza a Sergio Pascual [fue secretario de organización] salgan documentos de la financiación de su partido. Esto no venía de Venezuela. Un oficial de las Fuerzas Armadas en 2002, cuando el golpe contra Chávez, se metió en un despacho y empezó a quemarlo todo.

El exministro chavista Rafael Isea, que aparece en los papeles de los millones a la fundación CEPS, donde trabajaron miembros actuales de Podemos, es hoy testigo protegido de la Agencia Antidrogas Estadounidense (DEA, por sus siglas en inglés).

Claro, estos hombres han sacado cosas, tienen pen drives, han sacado estas cuestiones. Ellos han sido los primeros sorprendidos en esa destrucción de su impunidad. Ahora la oposición es quien les amenaza haciendo una enmienda en la Asamblea, aunque les amenacen. Eso es lo que está pasando, lo que permitirá escribir algo. El periodismo no se puede ejercer así. Luego otra cosa que forma parte de la retórica de Chávez desde el púlpito es que han hecho creer que los hechos no existen, es lo que opinas de un hecho, hasta puedes opinar que no existió. Así los periódicos empezaron a ir hacia los entrecomillados. Lo que priva es el discurso emocional y la gente cree lo que quiere creer.

¿Está diciéndome que los documentos de la financiación a CEPS fueron filtrados desde dentro del mismo Podemos?

En Venezuela se creyeron el populismo los pobres, en España los jóvenes

Es lo que yo deduzco por esa información. La Asamblea venezolana ha abierto investigación sobre ello. En Venezuela el tema Podemos es anecdótico porque son unos de los tantísimos que se han llevado dinero del país y ese dinero se disimuló de muchas maneras. Algunos de los que fueron apoyados económica e ideológicamente por el Gobierno venezolano, y en el fondo Cuba, llegaron al poder: Ecuador, Nicaragua y Bolivia. Y ahora estaba la posibilidad de Podemos de llegar hasta allí. Empieza a haber un intercambio entre España y Venezuela, como el PSOE y su defensa de derechos humanos en el país, contra el desabastecimiento, bueno… Hay que pensar que en Venezuela desde adentro las instituciones están tan dominadas por el Ejecutivo que no hay manera de defenderse ante una impunidad por parte de los que mandan. Cualquier apoyo internacional es bienvenido.

Con cada información o crítica a líderes de Podemos, especialmente por su vinculación con Venezuela, hordas de simpatizantes de la formación tratan de ridiculizar el artículo o al medio. ¿Usted lo ve así también? ¿Qué opina ante esto?

La ridiculización o ese cortar el debate porque estoy hasta las narices del tema es parte de la estrategia de Chávez. Quería convertir los hechos en opiniones, con temas que no se tocan y cortarlos en seco. Se fomentó el ataque personal y directo al mensajero, la ridiculización a periodistas y el trato despectivo hacia su rival; la pérdida absoluta de la majestad del cargo. Es algo muy estudiado en el chavismo porque resta efectividad a cualquier oposición.

Incluye varios significantes vacíos, como «casta» en España, que utilizó el chavismo para satanizar a sus contrarios: Pueblo vs Oligarcas, Imperio y Escuálidos. ¿Considera que este lenguaje es clave del populismo de hoy?

Sí, sí. El populismo efectivo que también vemos aquí se basa en la situación de despojo: te han quitado algo y claro, lo lógico es decir sí, me lo han quitado. Necesitas señalar a quien te lo ha quitado, a una entelequia: casta o imperio. Y ahí es cuando funciona. Las clases que votaron a Chávez en los primeros años sobre todo eran los empobrecidos; en España, son los jóvenes.

Se dijo «Yo soy Chávez».

Ha sido un proceso retórico bien interesante. Empieza con la tercera persona: hay que votar a Chávez, impersonal; luego él empieza a decir que es un instrumento del pueblo. Otra entelequia, el pueblo. Eso gira hasta el punto de que Chávez no es una herramienta, sino que directamente es el pueblo; no es Chávez el pueblo, sino el pueblo es Chávez.

«Chávez no es una herramienta, es el pueblo. No es Chávez el pueblo, sino el pueblo es Chávez»

Usted describe el terror que despiertan esos seres conocidos como los motorizados (motoristas) entre la población, concepto con el que empieza el joven escritor venezolano Rodrigo Blanco Calderón su libro «The Night», sobre el apagón que vivió Caracas en 2010.¿Qué significa motorizado?

Motorizado es la utopía anarquista hecha realidad. Los motorizados no tienen reglas, de nada. Funciona como un colectivo. Los comparo con un panal de abejas. Dentro de los motorizados hay gente que se gana la vida en la ciudad con colas interminables. Pero la moto tiene también varias cosas: es el caballo de batalla de los colectivos armados y por otra parte es la ilusión del poder adquisitivo, en un momento que se le daba mucho dinero en mano a la gente, pero no era suficiente para salir de la pobreza, ni tan poco para la vida cotidiana. Necesitaba algo en que gastar. Se importaron cientos de miles de motos chinas.

En el funeral del Chávez íbamos con motorizados, cientos de ellos eran simpatizantes. Llegamos con ellos, y en la subida de los cerros, porque el féretro subía autovía recorriendo el valle, todos los accesos estaban cerrados por los militares. Los motorizados querían hacer un cortejo, que es que se van sumando. Mira, vas a ver una imagen de lo que es realmente un motorizado. Mueren dos o tres motorizados al día por accidente de tráfico. Además de la cantidad de amputados diarios, en parte debido a que no hay cien dólares en los hospitales para un stent que le salvaría las piernas para reconstruirles las arterias. Pero les amputan. A gente que tiene que subir cientos de escaleras para llegar a casa. Un motorizado puede ser también el mensajero. Todo el mundo tiene un motorizado porque las cosas no llegan: el correo no sirve, demasiado tráfico. Son el punto de conexión. El motorizado puede trabajar en diez empresas. De una manera totalmente libre, personas que cobran en mano lo que sea. Un motorizado puede ser una persona trabajadora. Muere uno de ellos, que también puede ser un capo de barrio, es decir de zona de chabolas, de zonas marginales al estilo Sao Paulo. No importa quien vaya en ese féretro, va escoltado por los amigos que van en moto, los amigos del trabajo o parte de un clan. Todos se van sumando cuando se encuentra con ellos sin conocerlo. Y beben…

En Venezuela existen atascos de motos, imagínate. Pueden ir en esos barrios, ibas en esos enjambres así por esas calles ocupadas, de repente coincides con otro enjambre, quién se mueve de aquí y cómo nos movemos. Cinco minutos parados, a ver si hay orden, si uno se quita. Luego un nivel de cordialidad, su única póliza de vida, tienes que tener cuidado con ellos, los que tienen armas, disparan. Cierran toda la autovía, imagínate en la M30 un canal totalmente cerrado a 5km/h porque, oiga, es un funeral de motorizados. Y si decides pasar, te matan. Atropellas a un motorizado y se aseguran que se haga lo que se tenga que hacer. Son unos caballos de batalla de los colectivos, los camisas negras de Mussolini en moto, es la única manera de moverse con rapidez en esa ciudad. Con un cierto estatus con respecto a los que no vamos en moto, sino en carro, coche, porque a pie casi nadie va. Los que van en bus, en sistemas de transporte público que es normalmente deficiente, saben que no pertenecen a esa mentalidad y colectividad de la moto. Porque para estar en moto tienes que tener esa actitud. Tú estás siempre así. Como te digo, se han reproducido gracias a la importación de motos chinas y, además, ya no hay una ley que los regule, por ejemplo que prohíba ir a la autopista/autovía en moto. He visto familias completas yendo en moto con los niños en medio. Ninguna regulación. Un país donde el 97% de los homicidios quedan por resolver a quién le importa una multa pese a la cantidad de accidentes y muertes.

¿Y «malandro» y «bachaquero»?

Sí, bueno, el malandro siempre ha existido, tiene una connotación de delincuente, aplicado al de baja estofa, y esa idea de malandrismo… tú puedes decir “ese abogado es un malandro”, es decir, capaz de cualquier cosa y que lleva una mala vida. El bachaquero viene del bachaco, la hormiga roja o incluso negra también, una hormiga grandísima que la ves en fila cargando hojas gigantes para su tamaño. Es una forma despectiva de señalar a un enemigo invisible al que han culpado del desabastecimiento. Que son los que hacen contrabando, estraperlo, que consiguen una cosa y la venden al doble o al triple en el mercado negro. Quienes cruzan las vías hacia Colombia, como esas hormigas, con los productos venezolanos. Es una cuestión del imaginario gubernamental porque el gran contrabando se hace desde los militares. Las políticas del Gobierno han hecho que gente que recurra al mercado negro. En Venezuela para comprar algo necesitas dejar tu huella digital en el captahuellas, que supone el control absoluto del ser humano, ni Orwell lo imaginó así: el pollo y tu voto se cruzan en ese captahuellas. Puedes comprar determinados días. Haces una cola de 5 o 6 horas hasta que te toca comprar. ¿El qué? Lo que haya. Que si no está lo tuyo, compras por ejemplo pañales y luego lo intercambias gracias a las redes sociales. El gobierno ha convertido a la gente en delincuente en Venezuela, en una persecución discrecional, ya que siempre vas a tener algo por lo que te pueden perseguir.

¿Se perseguirá y penalizará a los firmantes del revocatorio?

Ya ha pasado y pasará con todo el que esté votando con su huella. El referéndum revocatorio es una ilusión: es más fácil escalar el Everest que lo que están intentando en Venezuela. Ellos han pasado dos meses comprobando que esas firmas y esa persona existe y esa es su firma. No basta con esto. Entonces, ahora cada persona tiene que ir a centro regionales a decir: ya el máximo órgano rector de las elecciones ha dicho que ese soy yo y ahora tengo que decir este soy yo. Más allá de las colas, luego viene otro proceso para hacer por fin el revocatorio.

Los venezolanos son especialmente activos en Twitter. Cada noticia sobre su país circula por miles de perfiles de esta red social. ¿Por qué?

Twitter es la única herramienta más o menos veraz que tienes en Venezuela. Los periodistas se autocensuran. Entonces se expresan en Twitter, Facebook o Instagram. Son muy activos. Las empresas de telecomunicaciones son del Estado, pero siempre encuentras vías de burlar ese corte de señales.

En Venezuela la mejor farmacia es Twitter o Facebook. Postean en las redes sus necesidades para ver en qué farmacia de Caracas puede encontrarse lo que necesita para su enfermedad o la dolencia de un ser querido.

El gobierno de Venezuela ha convertido a la gente corriente en delincuentes

La solidaridad es el lado positivo de esta atrocidad en Venezuela. Los niños mueren porque las incubadoras de maternidades no sirven, no hay manera de hacer una diálisis. Parecido con la quimioterapia. El stent en la amputación. No hay medicinas, no hay jabones. El desabastecimiento es absoluto y eso repercute en las vidas. Necesitan esos medicamentos y te lo dicen a ti y tal. La gente viaja a Venezuela con paquetitos de medicinas, para el Parkinson, enfermedades crónicas, lo que sea. A Venezuela no llevas jamón serrano, llevas medicinas. Cruzas los dedos para que no te lo quiten en la aduana, el militar que quiere engordar el mercado negro. El Gobierno nos ha convertido a todos en bachaqueros (delincuentes). Ahora que han creado esto, los Claps (Comités Locales de Abastecimiento y Producción). Circuitos de tu barrio de personas allegadas al gobierno, gente que controla las armas ilegales, kalashnikov, armas de guerra que se entregaron a civiles que ahora controlan los alimentos. Toda la producción de cualquier empresario tiene que ser entregada al Gobierno para los Claps y el 70% de lo que importan va a los Claps quienes decidirán quién come y quién no entre sus vecinos.

Este libro da voz a los venezolanos, pero no he visto ninguna declaración de militares, tan importantes en el chavismo.

La opacidad es la falta de declaración. No salen de ese discurso, y me niego a reproducirlo por ello no he metido declaraciones de militares. Les dices mira el hambre, la violencia y te responden, y tú crees que antes de Chávez estaba muy bien, ahora estamos mejor que antes. Me niego a reproducir esos discursos. Me resisto.

Algunas informaciones sobre Venezuela de los últimos años han estado empañadas por emplear fotografías o vídeos que corresponden a otro país. Luego esos artículos se han ido replicando y replicando. ¿Por qué ocurre esto? ¿Están el chavismo y su entorno detrás de estas trampas?

El Gobierno venezolano lo ha intentado hacer. Probablemente mucha de esa contrainformación venga de sus búnkeres de redes sociales, donde son poderosos. Creo que en el caso de nosotros periodistas, también tienes que contrastar esas herramientas que quieres utilizar. Cuando analizamos la violencia de las protestas estudiantiles de 2014 vimos cosas en Twitter que no correspondían. Los errores como la foto del desabastecimiento son errores garrafales de editores despreocupados. Hay una guerra de guerrillas de medios, de webs, que se abren y se cierran allí, donde hacen esta redifusión de informaciones. ¿Por qué? Porque a un medio como La Patilla, medio menor de información, pues multan a sus directivos, con cantidades impagables, por hacerse eco de una información de ABC. Pero van muchos más dentro de la misma causa, desde el gestor de la página web hasta el consejero delegado. Hay esta guerra de guerrillas donde tratas de alzar tu voz de esa forma. Y muchas veces cuando lo haces, te persiguen, te humillan, y si el Gobierno lo consideran inadecuado aunque sea un tuit, te encierran.

Con este libro donde usted habla de Chávez, ¿se ha sentido ninguneado por la intelectualidad española? ¿O nada de eso?

Lo que sucede en el entorno intelectual español es que prefieren no hablar de lo que les incomoda a abrir un debate. He notado que prefieren optar al silencio, sí. No creo que me hayan ninguneado por hablar de Venezuela y Chávez. El libro tiene una edición preciosa, tiene una repercusión. Creo que dentro de lo que yo quisiera de haber abierto un debate entre la intelectualidad sobre esto no se ha logrado por la misma razón. Confrontar a los modelos económicos, sociedad igualitaria, que partieran del ejemplo venezolano que lo tuvo todo para ser eficaz y fracasó estrepitosamente. Tuvo 15 años de bonanza petrolera como nunca, garantía de dinero directo, tuvo apoyo de los medios de comunicación digan lo que digan, luego los medios empezaron a reflejar lo que ocurría, era inevitable. Apoyo más que neutral en los primeros años. También total ausencia de toda oposición política, todas las personas de las instituciones fueron cambiadas para que fueran favorables al proceso.

¿Su libro es un aviso a los españoles?

Es un retrato. Depende de las circunstancias y de las acciones que emprendas para que ese retrato sea tuyo o no. No digo que vaya a ocurrir lo de Venezuela, lo que sí digo es que emprender ese camino y llegar a una situación así es más fácil de lo que la gente piensa. No es tan difícil caer en un agujero como Venezuela.

¿Llegará a borrarse alguna vez esa mirada de Chávez, onmipresente en Venezuela?

Quisiera creer que ese retrato de Chávez en vez de colorearse con la tragedia de la gente que salga a protestar, se vaya despintando y olvidando, más que ocultarse yo quisiera que se llegara a un punto incluso de si hay que renunciar a un tipo de justicia puntual. Para que se retome la democracia en paz, hay que olvidarse de un montón de cosas. Es el mejor escenario que pueda haber. Lo que pasa es que con Venezuela ya no hablamos de un cambio de gobierno, ni siquiera de ideología, sino de un negocio. La cosa es más difícil. No es que se pongan vendas, sino que se despinte todo lo más rápido posible y que los muros estén de color calle heterogénea.

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