«USA. Seattle, Washington. 1953. Members of the Seattle Tubing Society in full float»
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ARTE

Fotógrafos de Magnum: Cuando el juego todavía no iba en serio

PHotoEspaña entrega a Cristina de Middel su carta blanca de 2018, y ella revela su primera «jugada» en Fundación Telefónica

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Cristina de Middel y Martin Parr declaran que, a medida que iban buceando en el archivo de Magnum buscando fotografías lúdicas, fueron compartiendo recuerdos sobre cómo comenzaron a jugar con sus primeras cámaras. Esta exposición refleja tanto la diversión pura de disparar una foto cuanto «la sorprendente capacidad para trascender la realidad, para modificarla, para cuestionar las verdades solemnes, para huir de los lugares comunes, para buscar recodos que doten de significados nuevos al mundo que nos rodea y que se nos escurre entre los dedos, para salir del aturdimiento y de la indiferencia, para volver a convocar al niño que imagina que una caja de cartón es una nave espacial o un descampado, la superficie inexplorada de Marte».

En Players tenemos tanto juegos infantiles cuanto escenas deportivas y, por supuesto, intérpretes, como los músicos de jazz que contemplan Guy Le Querrec o Dennis Stock. Frente a la clásica estética de Magnum asociada a la «visión documental del mundo», esto es, a la testificación histórica que inevitablemente nos ofrece fragmentos de dolor y momentos decisivos que intentan sortear el ácido de la postverdad, en esta exposición, que forma parte de PHotoEspaña 2018, se ofrece un perfil más desenfadado, en el que nos invitan a ponernos «en juego», ya sea con las fotos que hace Harry Gruyaert de la pantalla del televisor mientras está contemplando los Juegos Olímpicos de Múnich en 1972, con el cuerpo flexible de la pertiguista Isinbáyeba superando el listón (capturado por Paolo Pellegrin) o compartiendo el éxtasis absoluto de los aficionados brasileños cuando ganó su país la organización del Mundial de 2014, espiados por Alex Majoli. Se nos sorprende con el anómalo partido de críquet celebrado en el banco de arena de Bramble, durante la marea baja, fijado hermosamente por Chris Steele-Perkins, o se nos confronta con ese extraño partido de rugby primitivo que documentó Peter Marlow en 2006.

La exposición es, en sí misma, un divertimento, un juego nada académico

La exposición es en sí misma un divertimento, un juego nada académico, en el que pasamos de la anciana fotografiada por Richard Kalvar que se duplica pegada a una fachada acristalada, a imágenes gamberras, como la de los corredores, uno de ellos disfrazado de «quién-sabe-qué» meando en un seto antes de afrontar el desafío deportivo. O la de los reclutas americanos tirados por el suelo, en un castigo cuartelero, rindiendo pleitesía a la teniente Pat Lackey.

Una carita sonriente dibujada en un coche cubierto de nieve nos anima a no deprimirnos aunque todo pinte mal. Las celebradas fotos de Thomas Dworzak sobre el Pokemon Go -que ingresó aceleradamente en el basurero de la Historia- me hacen pensar en lo viejuno que se ha vuelto casi todo. Los niños cubanos, en Susan Meiselas, juegan apenas con nada; algunos adolescentes (en la mirada de David Alan Harvey) bailan en una favela de Río, mientras otros, en una foto de Peter van Agtmael, creen ser protagonistas de Star Wars. Alguno hasta pedalea bajo el agua, en una hermosa instantánea de Bruno Barbey. De la española Cristina García Rodero tenemos dos hermosas instantáneas. Atravesando este laberinto de imágenes he deseado que las «noticias» que trae ese fantasma de la infancia en blanco y negro no sean terribles. Me temo lo peor.