El artista multimedia Jan Fabre
El artista multimedia Jan Fabre
ARTE

Jan Fabre y el brillo de la desmesura

Fabre por partida doble: en una exposición en Madrid, en la galería de Jvier López, y en sus «Diarios nocturnos», recién editados en español

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Llega a Madrid la obra transgresora y abierta de Jan Fabre (Amberes, 1958). Activo desde 1977, el belga ha consolidado una intensa presencia internacional. Ejemplo reciente de ello es su exposición «Esculturas de vidrio y hueso, 1977-2017», presentada este mismo año como evento colateral de la Bienal de Venecia en la abadía de San Gregorio.

En Madrid, Fabre presenta 15 mosaicos de gran formato y 6 esculturas: cráneos de pequeña escala, concebidos como transiciones entre los mosaicos. Mientras que éstos están elaborados con élitros (carcasas o estuches, que recubren el cuerpo de los escarabajos joya), distribuidos sobre amplios soportes de madera, las esculturas-cráneos están construidas con mezclas de los mismos tipos de élitros, polímeros y hierro.

Los materiales utilizados nos dan ya una clave del tipo de búsqueda que caracteriza el trabajo de Fabre. Sintiéndose heredero de la tradición artística flamenca, donde, según afirma, se habría inventado la pintura, Fabre intenta ir más allá de las fórmulas establecidas, tanto en los materiales y soportes como en las temáticas que elige. Entre ellas, la muerte como reverso de la vida.

Retorno al origen

Jan Fabre es un artista multimedia en el más amplio sentido del término. En el ámbito plástico, se expresa a través del dibujo (utilizando para ello de forma preferente el bolígrafo bic azul), la escultura, la instalación, la «performance» o el vídeo. Pero hay también que tener en cuenta su actividad como autor dramático, como actor y como director de escena. E igualmente su dimensión de escritor, que puede apreciarse en los dos libros traducidos al español y editados en paralelo a esta exposición: «Diario nocturno (1978-1984)» y «Diario nocturno (1985-1991)» (Casimiro libros / Galería J. López & F. Francés).

Todo ello permite apreciar que el trabajo artístico de Fabre implica una especie de retorno a prácticas preartísticas: las ceremonias o rituales, que precedían en los diversos grupos étnicos de la humanidad a la emancipación de la forma, en tanto que forma, que es lo que supone en sentido estricto el nacimiento del arte en la Grecia antigua, en un proceso que discurre del siglo VIII al V a. C.

Y con ello, se puede establecer un paralelo entre Fabre y el alemán Joseph Beuys (1921-1986), sin duda, una de las raíces más intensas de su trabajo, como él mismo reconoce. Por ejemplo, en esta anotación de sus «Diarios» fechada el 3 de marzo de 1978: «Me he comido un catálogo / porque estoy celoso y quiero ver (como él). / Joseph Beuys».

De modo que al ver esta exposición, o cualquier otra propuesta de Fabre, ábranse a ese trasfondo ceremonial, insertándose en la circularidad vida / muerte que fluye como un eco de escalas diversas en todas sus obras. Para él, el arte puede sanar o intoxicar, según podemos leer en la primera anotación de sus «Diarios», fechada el 7 de febrero de 1978: «Belleza: el vudú que sana o intoxica el cuerpo».

Objeto de posesión

En esta muestra, Fabre propone una mirada autocrítica sobre lo que su propio país, Bélgica, realizó en su dominación colonial del Congo. Cráneos y mosaicos que hablan del proceso destructivo de la «otra» humanidad, la que el colonialismo considera, sin más, objeto de posesión. En los mosaicos vemos imágenes que expresan el poder empresarial y político, con una pretensión cínica: la de transmitir un supuesto bienestar que nunca llegará. El crimen y la explotación se recubren con una nube que alude a una promesa de civilización y de regeneración del otro, degradado a la condición de mero salvaje.

Pero en esas imágenes se insertan también figuras y situaciones que Fabre extrae de «El jardín de las delicias», de El Bosco, buscando la resonancia de esa belleza que sana, de un arte reparador de la violencia y la destrucción de la humanidad. Es así, a través del brillo de la desmesura, como podemos acceder a la comprensión de la fragilidad de la vida: el caparazón externo de los brillantes escarabajos, los huesos, la sangre.