TEATRO

«La Extinta Poética», vivir a toda pastilla

El dramaturgo Eusebio Calonge y el director Francisco Sánchez prolongan en «La Extinta Poética», que puede verse en el Teatro Español de Madrid hasta el 18 de diciembre, el aura de la mítica compañía La Zaranda

Una escena de «La Extinta Poética»
Una escena de «La Extinta Poética»

Dice el padre: «El problema es que cuando me pongo nervioso me tengo que tomar unas pastillas que me tranquilizan, y estas pastillas me afectan los intestinos que me sangran, entonces tengo que tomar otras píldoras que me corten la hemorragia pero que me debilitan los huesos que se me acaban partiendo y pensar en todo esto me pone nervioso...».

La farmacopea como remedio para el malestar social y los maremotos íntimos. Este fragmento de «La Extinta Poética» revela el sentido y la atmósfera barbitúrica de la nueva propuesta del dramaturgo Eusebio Calonge puesta en escena -en el madrileño Teatro Español, desde el pasado jueves y hasta el 18 de diciembre- por el director Francisco Sánchez, más conocido como Paco de La Zaranda. Ambos son referentes esenciales de la originalísima radicalidad de un grupo cuya enseña original proclamaba su condición de «Teatro Inestable de Andalucía la Baja» y que ha estrenado una nueva vitola que reclama su condición apátrida: «Teatro Inestable de Ninguna Parte».

Dice la madre: «Las pastillas de la circulación cuatro veces al día, los pies, los tobillos se me hinchan, estas pastillas me las tomo con un protector del estómago porque si no me hacen daño, creo que es el protector del estómago el que estriñe, tomo para eso unos laxantes antes de acostarme, antes del barbitúrico y antes de las primeras de la circulación cada ocho horas... No me acuerdo si me tomé hoy las pastillas de la memoria...».

Las actrices Carmen Barrantes y Laura Gómez-Lacueva, de la compañía Nueve de Nueve, insistieron para sacar adelante un proyecto que se había quedado huérfano y en cuyos comienzos estuvo el actor Gabino Diego. Ellas dos insistieron a Paco para que las dirigiera en la obra de Calonge y sumaron a la iniciativa a la bailarina Ingrid Magrinyá y a Rafael Ponce, actor y autor que llevaba tiempo retirado de los escenarios tras ser parte fundamental del respetado grupo alternativo Esteve y Ponce.

Muerte del Cisne

Dice la hija: «Tomo pastillas para no escucharos, para que todo esté en silencio dentro de mí, porque me aturde un ruido que no sé de dónde viene, vuestras palabras son ruido, un ruido que provoca dolor de cabeza, náuseas, subo la dosis intentando estar en silencio, no sé si esto daña el feto, el feto está ahí porque las píldoras anticonceptivas no surtieron efecto».

«La Extinta Poética», amasada en los moldes argumentales y estéticos de La Zaranda, habla de una sociedad que, según señala su hoja de bitácora, deambula «de los estimulantes a los tranquilizantes, de la velocidad a los somníferos, de las píldoras para la potencia sexual a las anticonceptivas». Una partitura vital interpretada por «personajes que cambiaron su biografía por un abultado historial clínico». En mitad de tanta nada, una interrogación sobre «el sentido de la poesía en nuestro tiempo de velocidad y vacío». La respuesta late en un ser desvalido que «siente el impulso grande, vital, esencial, del arte. Un canto de cisne, unas flores arrojadas al río, la fragilidad de la belleza amenazada siempre».

Piensa la hermana retrasada: «La poesía es mi alimento. Preparo la ‘Muerte del Cisne’, ensayo el personaje de Ofelia, he pensado que entre esa música, ese ballet, esa literatura, puedo actuar mi propia obra, danzar mi propio destino. Pas de deux con mi grúa hospitalaria. Flores que depositan sobre mi destino».

Perder el alma

Francisco Sánchez se declara satisfecho y muy enriquecido por esta experiencia de La Zaranda fuera de La Zaranda, y hace hincapié en que ha trabajado con unos actores maravillosos. «El teatro -me explica- te busca y te lleva por dónde él quiere. Al principio, yo pretendía hacer el teatro que, de alguna manera, expresara lo que soy y lo que siento. Pero desde hace años dejo que él me lleve por dónde le apetece, y me ha traído hasta aquí. Bendito sea».

«La Extinta Poética» es difícil de explicar, subraya, «porque es un trabajo muy visual, donde el silencio es muy importante y ¿cómo explicaría yo el silencio?». Aún así, aventura que la obra está poblada por «unos personajes en estado anímico de enfermedad incurable que no se dan cuenta de que están perdiendo el alma, pero lo que tiene de trágica lo tiene también de aleluya, porque es un canto a la vida y a la poesía». Por si acaso, aclara que este espectáculo no significa un punto y final con La Zaranda como tal, pues el grupo ensaya una nueva obra de Eusebio Calonge, «Ahora todo es noche», en coproducción con el teatro Romea,de Barcelona.

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