ARTE

La destrucción de la Siria que no volverá

Casa Árabe se convierte en caja de resonancia de la guerra siria con el proyecto «Wa Habibi», de Carole Alfarah

Una de las fotografías de la serie «Wa Habibi»
Una de las fotografías de la serie «Wa Habibi»

Huir de tu hogar, de las calles de tu barrio, de los lugares en los que te reunías con tus amigos; dejar atrás los olores, las sensaciones familiares con las que creciste, para regresar de forma esporádica, para elaborar un trabajo, con la posibilidad de contemplar la destrucción de tu mundo. A eso se ha enfrentado Carole Alfarah (Damasco, 1981), desarrollando un proyecto doloroso y necesario: mirar y fotografiar la evolución de los lugares reconocibles entre 2012 y 2015, a través de cuatro viajes con billete de vuelta a su lugar de origen.

Casa Árabe acoge la primera exposición individual de Alfarah. Son seis fotografías de gran formato, 30 imágenes en papel, una instalación con varias impresiones y un vídeo para que «se siga hablando del conflicto sirio, de sus consecuencias a través de imágenes con las que sentirse identificados», explica María Santoya, comisaria de la exposición.

Resultados mestizos

A través de una técnica tradicional, en la que Alfarah utiliza cámaras analógicas, y digitales, pero con un planteamiento elaborado, llega a imágenes de la vida cotidiana actual en Damasco y Homs en las que se aprecia el grano. «Son fotografías de la guerra no saturadas, blanquecinas… Parece que estás en un sueño, en las que no hay un retoque excesivo. Es un color sin color, un tono que transmite calma, en el que prima el detalle sobre el impacto», añade Santoya.

Fotografías de los efectos de la guerra en Damasco contados a través de los ciudadanos, de la sociedad civil que ha vivido la transformación, se ha adaptado y ha desarrollado una resistencia cotidiana que les permite seguir levantándose cada mañana.

Son fotografías de la guerra no saturadas, blanquecinas... En ellas prima el detalle sobre el impacto

Alfarah dialoga con las personas que fotografía. Desde la melancolía de los espacios abandonados, de los lugares que carecen de la vida que ella misma recuerda hace apenas cuatro años, a las personas que ocupan esos espacios transformados, los que están resistiendo a la guerra. Con todos ellos entabla una conversación que transmite a través de sus fotografías.

En 2012 Alfarah se convirtió junto con su familia en refugiada. Dejaron su vida en Damasco para instalarse en Barcelona con la esperanza de que el fin del conflicto llegara pronto. «Le ha costado mucho mostrar este trabajo, es algo íntimo, muy personal. Son fotografías que le producen dolor y que su sensibilidad como fotógrafa y como mujer llevan a un grado muy alto», comenta Santoya, antigua profesora de Alfarah en el Centro Internacional de Fotografía y Cine de Madrid (EFTI), en el que la fotógrafa siria obtuvo una beca.

Rostros transformados

En la exposición «Wa habibi» («Oh, mi amor»),Alfarah muestra una Siria que ya no reconoce. Durante los más de cinco años de guerra, el conflicto ha terminado con edificios, calles, espacios, y, como expresan los rostros retratados de esta muestra, ha transformado a las personas.

Ahora trabaja en la necesidad de seguir el rastro de los que, como ella, se han visto obligados a asentarse en un país ajeno de forma «temporal», los que han tenido que rehacer sus vidas en Suecia, Dinamarca o Alemania. A través de un proyecto multimedia está trabajando en la narración de la vida fuera de Siria. Regresar y fotografiar lo que sigue ocurriendo en su país es complejo, demasiado arriesgado. La muestra «Wa habibi» es un valioso documento en el que se mantiene la capacidad de la mirada desde dentro, del dolor de la transformación de lo propio. En su alcance y comprensión.

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