LIBROS

Hay cordura en Hunter S. Thompson

El creador del periodismo gonzo concedió decenas de entrevistas a lo largo de cuarenta años. Sexto Piso recopila las mejores

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Siempre se consideró un escritor: «No soy reportero, soy escritor. No defiendo lo que hago en el contexto del periodismo ortodoxo». Lo suyo era ir a los extremos que nadie tocaba: «Es muy fácil hacerlo, deambular con ellos [sus personajes] y escribir solo lo que oyes. Lo llaman una nueva clase de periodismo. Pero en realidad es la forma más sencilla de periodismo». Periodismo gonzo, en su caso: «Me gusta meterme en medio de lo que esté escribiendo, implicarme personalmente lo máximo posible». Su estilo gonzo surgió fruto de la desesperación: no llegaba a la fecha de entrega, así que arrancó las páginas de la libreta en que tomó las notas, las numeró y las envió a imprenta, explicaba exagerando. «Estaba seguro de que iba a ser mi último artículo. Cuando salió, hubo una enorme cantidad de cartas, llamadas telefónicas, felicitaciones, gente que lo llamaba “gran avance en el periodismo”».

Descarado y transgresor, adicto al alcohol y las drogas hasta su suicidio, Hunter S. Thompson (Louisville, 1937 - Woody Creek, 2005) se jugó el tipo entre los temidos Ángeles del Infierno para escribir el libro que le hizo despegar, desfasó en Miedo y asco en Las Vegas y, en la campaña de 1972, revolucionó el periodismo político. «No esperaba ser uno de los locos más famosos de mi época», decía. Y sin embargo lo fue. Johny Depp y Bill Murray lo interpretaron en el cine y una legión de seguidores trataron de imitar su estilo lunático. Escribió novelas, memorias y publicó las miles de cartas que escribió a todo tipo de celebridades. «La forma de carta es una manera de ponerme en marcha. Escribo cartas como calentamiento». A lo largo de cuarenta años también concedió decenas de entrevistas. Todas juntas ocupan más de mil páginas.

Su esposa, Anita Thompson, se encargó de recopilar la palabra hablada de Hunter, que incluye entrevistas con medios y charlas con estudiantes, y de reducirlas a la mitad de páginas en «Antigua sabiduría gonzo». La edición de Sexto Piso, mucho más ambiciosa que la selección que publicó Gallo Nero en 2013, es la mejor obra que he leído de Hunter S. Thompson. Si en sus títulos más aplaudidos hace gala de un estilo que, pasada la «moda pasajera» de los años 60-70, suena más grotesco que brillante –«La gente lo llama periodismo gonzo, pero es descuidado, eso es lo que es», decía–, Hunter se revela en las entrevistas como un escritor con mucho más fondo que el personaje canalla en el que se escondía.

Por supuesto que en el libro está ese provocador capaz de explicar cómo afectaban a su escritura cada una de las drogas que tomaba, pero también hay un autor encantado de hacer reír a sus enemigos: «Si te pagan por ser un loco y no eres un loco ¿está bien?». El Hunter cuerdo reclamaba el periodismo gonzo como «algo más que emborracharse y empujar a la gente en lugares públicos». Y como algo que fue capaz de superar cuando dejó de divertirse. «Me cansó», dijo, «Realmente nació de una pereza innata; la cual, francamente, estoy orgulloso de haber superado, y nadie me ha felicitado por eso».

Hunter S. Thompson era así: un superdotado en su sosiego, cuando no le hacían preguntas tontas.