«Cuatro mujeres» (1950), de Le Corbusier
«Cuatro mujeres» (1950), de Le Corbusier
ARTE

Le Corbusier, la máquina de crear

La galería Guillermo de Osma, en Madrid, propicia un vistazo a las otras artes trabajadas por Le Corbusier más allá de la arquitectura

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El papel de Le Corbusier (1887-1965) ha sido absolutamente central en el desarrollo de la arquitectura contemporánea. Este hecho ha desplazado a un plano secundario su trabajo como diseñador, pintor, escultor y dibujante, reivindicados cada cierto tiempo a través de exposicio- nes y estudios monográficos.

Existe además una notable dificultad a la hora de integrar la producción plástica de Le Corbusier dentro de las vanguardias. De hecho, aunque vivió en los tiempos del Cubismo, del Constructivismo, del Neoplasticismo y de la Bauhaus, sus imágenes resultan esquivas a una categorización estricta. Éste y otros debates subyacen en la muestra que la galería Guillermo de Osma le dedica, integrada por una selección de pinturas, dibujos, collages y diseños elaborados a lo largo de los últimos treinta años de su vida.

Cimientos del discurso

Formado en la escuela de arte de su ciudad natal, es en este centro donde se esbozaron los caminos que más tarde iban a conducir a Le Corbusier hacia la pintura y, al final de sus estudios, hacia la arquitectura. En 1905, con 18 años, inició la construcción de su primer edificio: Villa Fallet. A partir de esta casa diseñará construcciones que le servirán para consolidar los cimientos de su discurso. Pero sobre todo fueron sus viajes por Europa los que le descubrieron, junto a los nuevos planteamientos de la vanguardia, los principios de lo Clásico, cruciales en su concepción del racionalismo arquitectónico. Al mismo tiempo se apasionará por las posibilidades del hormigón armado y no tardará en plantear un ambicioso proyecto de codificación técnica que, a la postre, se convertirá en una estructura esencial de la nueva arquitectura: la Maison Domino, de 1914, prototipo elemental de vivienda capaz de ser reproducido hasta convertirse en ciudad.

En 1918, Le Corbusier conoce en París al pintor A. Ozenfant y juntos redactan Aprés le Cubisme, texto que servirá como prólogo de su primera exposición conjunta y donde formulan una teoría del arte que ellos mismos bautizaron como Purismo. En sus páginas piden la «restitución de un arte sano», al tiempo que reclaman la utilización de unas armonías proporcionadas. Plantean, además, un vocabulario pictórico que recoja contenidos simples y familiares, y para ello recurren a la idea de los «objetos-tipo»: vasos, botellas, libros o cajas de cerillas, que atraen a Le Corbusier por sus cualidades formales y que, al tiempo, expresan la racionalidad de los procesos industriales empleados en su producción. Visto en perspectiva, aquel movimiento fue una deslucida rama del Cubismo; de hecho, la obra pictórica de Le Corbusier no se instalará en esta poética demasiado tiempo.

Un huracán en activo

En 1926, Le Corbusier formulará Los cinco puntos de una nueva arquitectura, compendio de principios compositivos que tendrá grandes consecuencias formales en el desarrollo del Movimiento Moderno. Este momento, coetáneo a la consolidación de su propuesta de la casa como máquina de habitar, coincide con un sensible cambio en su iconografía pictórica. Los «objetos-tipo» de sus bodegones puristas son sustituidos por los «objetos de reacción poética», elementos extraídos de la Naturaleza (guijarros, piñas o conchas) y apreciados por su capacidad evocadora. En la década de los treinta, la figura humana se convierte en tema central de sus obras, sobre todo las formas sinuosas que encuentra en lo femenino. Nuevas iconografías que terminaron traduciéndose, a finales de los cuarenta, en su sistema de proporciones conocido como Modulor.

De mujeres y Naturaleza hablan la mayoría de las obras que integran la muestra de Guillermo de Osma. Le Corbusier, que otorgaba al ángulo recto la categoría de generador de su universo, se deja arrastrar en estos trabajos por complejas deformaciones compositivas, superposiciones figurativas y combinaciones estilísticas, muchas de ellas de herencia picassiana. El minotauro protagonizará su última gran serie, la que completó antes de su muerte en 1965. La muestra incorpora espléndidos ejemplos de estas áreas, así como algunos de los muebles diseñados por un creador de inagotable curiosidad e inabarcable deseo de expresión.