Lienzo de la serie «Mirror Rim», de Alain Urrutia
Lienzo de la serie «Mirror Rim», de Alain Urrutia
ARTE

Cielos que serán suelos, de Alain Urrutia

Alain Urrutia juega con los reflejos en una muestra en Santiago con la que desafía nuestra percepción

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El espacio expositivo de la Fundación DIDAC en Santiago de Compostela tiene forma de T; un pasillo con una sala al fondo. A medida que te acercas al final, el lugar se abre a derecha e izquierda y las paredes blancas se encuentran salpicadas con pequeños óleos monocromos: pertenecen a la serie Mirror Rim (El borde del espejo) del artista bilbaíno Alain Urrutia. Todas las imágenes son dobles; objetos y rostros reflejados protagonizan la muestra.

Una pajarita de papel, un paisaje, dos niños, manos en varias posiciones... Los motivos que aparecen son dispares y, sin embargo, las imágenes parecen venir del mismo universo. Ninguna dice, habla, expone o reivindica nada; ninguna sobresale por encima de las demás. El pequeño formato de los cuadros obliga a caminar las paredes con la nariz pegada al relieve de la urdimbre de cada lienzo. La cantidad de obras es la justa para que no te olvides de lo que acabas de ver, y al terminar el paseo, pensar: son óleos instantáneos que recogen expresiones completamente mudas.

Cuando la exposición itinere a Lisboa en mayo, en los espacios de Appleton Square reposarán los mismos cuadros, pero girados. El cielo del lienzo que ahora cuelga en Santiago será el suelo en Lisboa, y así ocurrirá con cada una de las once imágenes.

Se trata de pinturas que revelan la atracción del artista por el reflejo como recurso creativo. No sólo el doble unido por un eje de simetría; también dos gemelos aparecen enfrentados en diferentes paredes. En Santiago se miran, en Lisboa se darán la espalda.

Urrutia cuenta que, a pesar de ser un tema recurrente en su imaginario, cuando se mudó a Londres, al entrar en casa vaciaba sus bolsillos en un espejo que había encontrado en la calle: «Al cabo de un tiempo empecé a fotografiar lo que ahí ocurría. Más tarde fui consciente de que al voltear las imágenes de los objetos reflejados se obtenía un punto de vista que era extraño. Era como estar al otro lado del espejo».

Mirar al que mira

Sabemos que la magia de los objetos depende del tiempo que nos detengamos a observarlos; ese pequeño gesto, en principio anodino, de colocar un espejo en horizontal en un lugar de paso y posar en él objetos acumulados durante el día, dice más de la exposición de lo que aparenta. Urrutia no lo utiliza para mirarse, sino para que se miren los objetos y él poder mirarlos así; el fondo sobre el que se reflejan será una distorsión del techo o las esquinas del espacio. El espejo es la platea que apunta al cielo y no a las ventanas. Los dedos que aparecen en la exposición están entretenidos amasando objetos que caben en la palma de una mano. Tan cotidiano y tan extraordinario al mismo tiempo.