ARTE

Los bodegones de cristal de Miguel Ángel Gaüeca

Sirviéndose de jarras y botellas, el artista compone una bellísima y seductora serie de bodegones escultóricos

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El bodegón es un género pictórico que se remonta a los orígenes mismos de la Historia del Arte. Los hemos encontrado en las paredes de las pirámides egipcias, con mesas cubiertas de alimentos destinados al consumo del difunto faraón. También entre los griegos y romanos, el bodegón era una representación pictórica habitual. Aparece en numerosas cerámicas y mosaicos, e incluso hay algún fresco pompeyano que representa una fuente de cristal llena de frutas.

La historia de este género, en la cultura occidental, ha sido también el de la Historia de la Pintura. Emblema moral de la fugacidad de la vida, imagen mística, como en Sánchez Cotán o en Zurbarán. Prodigio del virtuosismo de la técnica, como en el cesto de frutas de Caravaggio, o pretexto para la renovación del lenguaje pictórico, con Cézanne y luego con los cubistas.

En escultura, ha sido sin embargo una representación bastante más extraña. Sobre todo porque, en esta disciplina, la mera representación de la naturaleza muerta no es más que la reduplicación de la realidad. Umberto Boccioni fue uno de los primeros en intentar este desarrollo del bodegón cubista en el espacio tridimensional.

Miguel Ángel Gaüeca, ahora, desarrolla un proyecto a base de piezas de cristal, sirviéndose de jarras y botellas como instrumentos de medida para medir también la propia Historia del Arte. Con ellas ha compuesto una bellísima serie de bodegones escultóricos, composiciones que también fotografía, consiguiendo un efecto seductor.