La escritora Belén Gopegui
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Belén Gopegui: «Cabría calificar la misión de Google de totalitaria»

La escritora fija sus ojos literarios en el gigante de internet en «Quédate este día y esta noche conmigo», su última novela

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En su último libro experimenta con un texto híbrido entre una carta, un currículum y un relato de ficción para hablar sobre Google. ¿Por qué decidió fijar sus ojos literarios en el gigante de internet?

Google representa una especie de omnisciencia empresarial, la mediación incesante de quien pretende y declara que su misión es organizar toda la información que hay en el mundo. No es una misión que nadie le haya encomendado, y si el concepto de totalitarismo no fuera tan impreciso, desde luego cabría calificarla de totalitaria. Del otro lado, la novela elige contar a quien, supuestamente, todo lo sabe algo que no sólo no sabe sino que no es probable que, en sus actuales circunstancias, pueda procesar.

¿Se debe limitar el poder de Google, debemos intentarlo, al menos? Se lo pregunto porque hay quien cree que es imposible vivir sin usarlo.

El margen de maniobra individual es pequeño pero existe: hay otros buscadores, otros servidores de correo mantenidos por organizaciones autogestionadas. Creo que cualquier gesto de búsqueda de autonomía en este sentido vale la pena, aunque no sea suficiente. Y desde luego, en mi opinión sí es necesario limitar la capacidad de acción de grandes plataformas que obtienen su fortuna y su poder de la apropiación de bienes comunes, como lo son los datos de millones de seres humanos.

No deja de ser paradójica la opacidad que siempre ha demostrado el buscador que de nosotros todo lo sabe.

Más que paradójica, revela hasta qué punto es tramposo su discurso sobre mejorar el mundo y su «no seas malo y no tendrás nada que esconder». Mi novela no es un reportaje de investigación, pero apenas basta con hacer algunas búsquedas específicas para descubrir que Google sólo muestra de sí mismo aquello que quiere mostrar.

Eso me lleva a preguntarle: ¿está en contra del uso de las redes sociales e internet?

Con lo que no estoy de acuerdo es con el nombre, no son redes sociales, sus nodos no están realmente distribuidos, son plataformas centralizadas, empresas que gestionan y explotan la necesidad humana de tejer redes, vínculos, y de compartir miedos, deseos, información.

¿Cómo valora el cambio que se ha producido, en los últimos años, en la noción de privacidad?

No creo que deba valorarse de forma unitaria, hay demasiados aspectos. De nuevo volvemos al problema de que esa privacidad diferente esté mediada por grandes empresas que se apropian de los datos sin que intervenga deliberación alguna por parte de la comunidad sobre cuestiones como qué sería lo mejor, esto para qué se hace o por qué se hace así. Los fines se imponen y olvidamos que el poder para abrir unas posibilidades es también el poder para cerrar otras, a menudo de forma implícita o por defecto.

¿Y cómo ha afectado esa «democratización» del acceso a la información a la literatura? ¿Se escribe ahora de forma diferente?

Siempre se escribe de forma diferente, igual que al mirar la ropa de hace algunas décadas nos parece tan distinta de la actual, también sucede con los textos que, en general, como las personas, se parecen más a su época que a sus madres y padres. Un efecto positivo podría ser aumentar la conciencia de que los textos no son nunca productos sólo individuales, se tejen con la materia común de cientos de historias, combinaciones sintácticas, metáforas que palpitan en cualquier lugar.

Y la última: ¿volveremos a recuperar la sociabilidad a la que hemos renunciado, que hemos perdido, con la revolución digital?

Lo que está surgiendo es una idea diferente de sociabilidad, la cuestión es si durará y para cuántas personas considerando la energía sucia que hay detrás de esa sociabilidad virtual aparentemente limpia e inmaterial, pero basada, de hecho, en la explotación de recursos naturales y de seres humanos.