LIBROS

«10 ingobernables», héroes en la batalla de la identidad

June Fernández explora, a los dos lados del Atlántico, la búsqueda de otras normalidades sexuales, y su precio

June Fernández, autora de «10 ingobernables»
June Fernández, autora de «10 ingobernables»

June Fernández es lesbiana, periodista, vasca, de izquierdas. Se define como una feminista blanca urbana de clase media precaria. Conjuga todas esas identidades en su primer libro: «10 ingobernables: Historias de transgresión y rebeldía», una colección de reportajes de largo aliento, donde su mirada (la mirada de clase, de género y periférica) define a la galería de personajes orgullosos y extravagantes que ha elegido.

Irina, Antar, Juanita… son ejemplos de una nueva genealogía «queer», que busca entre la gente y no en la televisión o en la estilización teórica, a individuos que se han hecho a sí mismos a la contra de las expectativas de su género. Mujeres que fueron hombres, hombres que fueron mujeres, u hombres que ya no lo son, pero que continúan teniendo una sexualidad falocéntrica, más allá del flujo cambiante de su apariencia. «Me siento mujer y visto con ropa masculina porque me gusta, tengo barba y no me la quito porque no me da la gana, y ni trans ni leches, yo soy así», dice una mujer cubana.

Carnes tatuadas

Cada uno es lo que se siente, nos explica June, y la orientación sexual no está esencial o biológicamente inscrita en la naturaleza humana, sino que se construye y, como tal, puede ser demolida, desmontada o reformulada: nos pertenece.

Fernández no cree en el «binarismo de género». En su libro hace pedagogía de otras Españas: la libertaria, la punki, la «trans», la de las mujeres gordas de carnes tatuadas que reivindican su cuerpo, la de los viejos gais que habitaron en los armarios del franquismo o la de las musulmanas que se unen contra la violencia de género en un pueblo catalán. Pero también se mueve hacia Centroamérica. Establece una interesante contigüidad entre los movimientos LGTB de un lado y otro del Atlántico, ya que algunos de los perfiles suceden en Nicaragua, Cuba y Guatemala, países donde ha vivido.

En vez de dos armarios (para vestidos y calzoncillos) juanita urbina tiene dos muros en Facebook

El libro es mejor cuando se aleja del activismo y hace periodismo. Cuando no dulcifica la realidad y encara el conflicto de género con sus contradicciones. Cuando hace crónica. Tal vez por eso la historia de Juanita Urbina, «trans» de Managua, sea el más vivo de sus retratos.

Cicatrices de risas

«Sos una traidora a tu identidad», le dicen las feministas a Juanita. No entienden por qué una de sus compañeras más luchadoras, tras años de visibilidad como mujer transgénero, decide volver a la imagen de Juan Carlos: pelo engominado, barbita, camisa vaquera. Una Juanita que en vez de tener dos armarios (el de los vestidos y el de los calzoncillos) tiene dos muros de Facebook. «Ella no quiere ser un macho, pero la feminidad era cara, incómoda y dolorosa». Por eso la dejó. Las transiciones sexuales son políticas, dice Fernández, «solo cambió de aspecto, pero eso lo cambió todo». Y cambiar de aspecto tiene un precio.

«Tengo cicatrices de risas en la espalda», escribe el poeta chileno Pedro Lemebel. Y esas «solo» son las heridas de la mofa. Lo peor es… ¿Qué es en realidad lo peor en la construcción de uno mismo? Para cada uno, lo peor es distinto. «Quiero ponerme un nombre y sentirlo como propio, quiero entrar en un baño público sin sentir ansiedad; quiero dejar de sentir ese pinchazo cuando alguien, por desconocimiento, me hable en femenino…», dice Antar, un profesor de filosofía que odia el verano. Se le notan los pechos bajo la camiseta.

Galería de lo extraño para unos. Llave para un espacio de libertad donde la noción de normalidad nunca más volverá a ser lo mismo.

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