CREACIÓN CONTEMPORÁNEA

Lorraine O’Grady: «Michael Jackson es igual de genial que Baudelaire»

El CAAC inaugura la primera exposición en España de la artista estadounidense

Lorraine O'Brady y Berta Sichel en la exposición del CAAC
Lorraine O'Brady y Berta Sichel en la exposición del CAAC - ROCÍO RUZ

Entre el centenar de obras de la artista afroamericana Lorraine O’Grady (Boston, 1934) que se exponen desde mañana en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), hay una serie que puede simbolizar buena parte de las claves creativas de la estadounidense. Se trata de «The First and The Last of The Modernists», una serie de fotografías donde aparecen asociados el poeta francés Charles Baudelaire y el icono pop Michael Jackson, donde pueden rastrearse aspectos como su perspectiva de mujer negra, su origen caribeño, el mestizaje y la emigración o la inexistencia de las separaciones entre alta y baja cultura.

«Para mí, Michael Jackson es igual de genial que Baudelaire. Jackson era un genio, un talento que solo se da tres o cuatro veces en un siglo. Baudelaire, por su parte, tuvo la valentía de dar el salto desde el romanticismo al modernismo. Es el primer poeta que habla de la ciudad, de la fealdad, de que Dios había muerto y que el artista era el individuo. No se puede decir que uno es mejor que el otro. Son dos artistas excepcionales», señaló ayer la creadora en la presentación de la que es su primera gran retrospectiva en España, «Lorraine O’Grady. Aproximación inicial», tras haber expuesto, entre otros espacios, en la Whitney Bienal y en el Carpenter Center de la Universidad de Harvard.

La perspectiva de la emigración y el punto de vista de la mujer negra también se pueden apreciar en esta obra, según esta creadora, aunque esto no es tan evidente a primera vista. Según explicó la artista, Baudelaire convivió con una mujer «posmoderna» en pleno siglo XIX, una emigrante haitiana llamada Jeanne Duval que tenía todas las características, en su opinión, de la posmodernidad: ser mujer, negra y emigrante. Estos significados que no pueden verse a primera vista son parte consustancial, según O’Grady, de su obra, que no duda en calificar de «muy difícil, porque tiene muchas capas y se puede entender a distintos niveles, del más simple al más complejo».

Esta superposición de capas tiene que ver, defendió la artista de ochenta y dos años, con sus orígenes de mujer negra hija de emigrantes antillanos «muy privilegiados, aunque cuando llegaron a Estados Unidos estaban desclasados». Esos orígenes permitieron a esta artista licenciarse en Económicas y Literatura Española en el Wellesley College, institución donde cursaron también sus estudios destacadas políticas estadounidenses, como Madeleine Albright y Hillary Clinton.

De hecho, la intención primera de O’Grady fue convertirse en escritora, pero tras ver en 1978 una performance de la artista Eleanor Antin, decidió tomar el camino del arte. «Tenía que hablar por mí misma y contar mi historia», relata. Como completa una de las dos comisarias de la exposición, Berta Sichel: «Tenía 45 años cuando comenzó en el arte, algo hoy inconcebible, no solo por la mitología actual alrededor del artista joven».

Desde entonces, esta creadora ha desarrollado, como puede verse en la exposición, una obra centrada en la fotografía y la performance, pero que incluye también la poesía visual, dominada siempre por cuestiones como la diáspora negra, el mestizaje, la esclavitud... Esto último enlaza, además, con una de las líneas de actuación que está llevando el CAAC en sus exposiciones, como destacó su director, Juan Antonio Álvarez Reyes. «Sevilla jugó un papel determinante en la dominación de América y fue un centro de comercio de esclavos negros», señaló Reyes, quien reivindicó también como papel del centro dar «visibilidad a mujeres artistas» como Lorraine O’Grady.

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