«La revuelta de París», de Bruno Barbey. Francia, mayo de 1968. Hoja de contacto - © Bruno Barbey / Magnum Photos/ Vídeo. ATLAS

Viaje al cuarto de revelado de Magnum

La Fundación Canal saca a la luz un centenar de hojas de contacto de 65 fotógrafos de la mítica agencia

MadridActualizado:

Decía Cartier-Bresson, que de esto sabía más que nadie, que si una exposición o un libro era como una invitación a un banquete, husmear en las hojas de contacto de un fotógrafo era como si los invitados metieran la nariz en las cacerolas y sartenes de la cocina y hasta en los cubos de basura. Con la llegada a finales de los 20 y comienzos de los 30 de cámaras más ligeras y pequeñas, como la mítica Leica, las imágenes reducen su tamaño y es necesario ampliar los negativos para poder visualizar todos los detalles.

Nacen entonces las hojas de contacto (impresión directa de un rollo o secuencia de negativos). Son documentos íntimos y llenos de secretos para los fotógrafos (como los bocetos y los cuadernos de dibujo para los artistas); la primera impresión de su trabajo, en la que quedan registrados todos los pasos y gracias a la que, testigos privilegiados, podemos asistir al proceso de cómo construye una imagen. Una especie de diario personal y revelador en el que, sin trampa ni cartón, quedan expuestos no solo los aciertos, los «momentos decisivos» de los que hablaba Cartier-Bresson, sino también los errores. En ellas, advierte el fotógrafo francés, «todo queda reflejado: lo que nos ha sorprendido, lo que hemos captado al vuelo, lo que nos hemos perdido, lo que ha desaparecido...» Para Martine Frank, «la hoja de contactos no perdona ni al espectador ni al fotógrafo. Es como permitir mi violación y, al publicar algo tan íntimo, corro el riesgo real de romper el encanto, de destruir un cierto misterio». No es de extrañar, pues, que las hojas de contacto hayan permanecido en el ámbito privado del estudio del fotógrafo. ¿Quién se atrevería a leer un diario ajeno o a cotillear en un armario que no es el suyo?

La Fundación Canal ha logrado «colarse» en los archivos de Magnum y sacar a la luz 94 fotografías –acompañadas de sus respectivas hojas de contacto y las revistas donde se publicaron– de 65 grandes fotógrafos que han pasado por la mítica agencia creada en 1947 por Robert Capa, David Seymour «Chim», Henri Cartier-Bresson, George Rodger y Bill y Rita Vandivert. Que es lo mismo que hablar de la historia del siglo XX.

«Civil vietnamita herida», de Philip Jones Griffiths. Vietnam, 1967. Hoja de contacto
«Civil vietnamita herida», de Philip Jones Griffiths. Vietnam, 1967. Hoja de contacto- © Philip Jones Griffiths / Magnum Photos

Una lupa y el lápiz rojo

Concebida como una valiosa herramienta de trabajo, la hoja de contactos es el punto de encuentro de todos los agentes que intervienen en el proceso: fotógrafo, editor, agencia y revistas. En ella quedan reflejadas las anotaciones y borrones de su creador y, marcada con un círculo o una cruz en lápiz normalmente de color rojo, la imagen seleccionada como la mejor de todas, la que era publicada y la que se exhibe en solitario en la muestra. No siempre coincidía la elección del fotógrafo con la del editor. En el reverso de algunas de las imágenes, más anotaciones y sellos de lugares a los que ha viajado. A su lado, una lupa, para que, como hacían fotógrafo y editor, podamos descubrir todos los detalles.

Acompañamos a Emmanuelle Hascoët, directora de exposiciones de Magnum Photos, por la exposición, cuyo montaje semeja un laboratorio fotográfico, con las hojas de contacto dispuestas en «mesas de revelado». Cada una cuenta una historia, plagada de curiosidades. Cartier-Bresson, por ejemplo, del que se exhiben fotografías tomadas en Sevilla en 1933, recortaba él mismo los negativos y creaba sus propias hojas de contacto. Solo mostraba al editor las que más le gustaban, descartando las restantes.«Sacar una buena fotografía de una hoja de contactos es como ir a la bodega y subir una buena botella para compartirla», decía. En el caso de Philippe Halsman, le gustaba crear escenografías para las personas que retrataba. Como el Dalí más atómico, al que hizo saltar una y otra vez. En la fotografía no solo salta el pintor, también los muebles, unos gatos y hasta el agua. Fueron necesarias seis horas y 28 intentos: Dalí saltaba tarde o lo hacían los gatos, se colaba en cámara la secretaria... «El resultado satisfizo mi ansia de perfección –confesaba Halsman–. Mis ayudantes y yo estábamos mojados, sucios y casi exhaustos. Solamente los gatos parecían como nuevos».

Entre las fotografías escogidas, imágenes icónicas como la del Día D (el Desembarco de Normandía), tomada por el no menos icónico Robert Capa. Hubo problemas con el revelado de los negativos en las oficinas de «Life» y se perdieron la mayoría de las fotografías que hizo: tres rollos tirados al cubo de basura. Solo se pudieron salvar unos pocos negativos de 35 mm del cuarto rollo. Su hermano Cornell publicó un libro sobre los 100 días de John F. Kennedy como presidente de Estados Unidos. La imagen escogida fue el sillón del presidente de espaldas.

«Una llama en Times Square», de Inge Morath. Nueva York, EE.UU., 1957
«Una llama en Times Square», de Inge Morath. Nueva York, EE.UU., 1957- © Inge Morath © The Inge Morath Foundation / Magnum Photos

Una llama en Times Square

Inge Morath (la mujer por la que Arthur Miller dejó a Marilyn Monroe) retrató a una llama, de nombre Linda, que sacaba la cabeza por la ventanilla de un taxi en Times Square para un reportaje en la sección humorística «Animales» de «Life». Aunque parece una imagen improvisada y espontánea, la hoja de contactos revela que fue el resultado de un proceso complejo. Por la exposición desfilan el Che Guevara retratado por René Burri, los Beatles por David Hurn, Martin Luther King por Leonard Freed, Miles Davis por Guy Le Querrec, Margaret Thatcher por Peter Marlow... También cuelgan en la Fundación Canal las fotografías que Josef Koudelka tomó de la invasión de Praga en 1968 y cuyas hojas de contacto le hicieron ingresar en Magnum tras ojearlas Cartier-Bresson.

En febrero de 1990 Patrick Zachmann sufrió en carne propia la violencia policial en Ciudad del Cabo. Una multitud esperaba el discurso de Nelson Mandela tras salir de la cárcel. Hizo Zachmann once disparos. El número 12 aparece desenfocado. Fue el último. Un policía le disparó con perdigones. Recibió 30 impactos. Junto a la hoja de contactos, se muestra en la exposición la carta que le envió Cartier-Bresson: «Tu cámara es un lanzallamas mucho más eficaz», le escribía. Igualmente impactantes, las imágenes tomadas por Christopher Anderson en 2000. El fotógrafo se embarcó en una patera con 44 haitianos rumbo a las costas de EE.UU. El bote se hundía. Entonces, uno de los haitianos le dijo: «Chris, sería bueno que empezaras a hacer fotografías». Lo hizo. Se salvaron gracias a un barco de la guardia costera norteamericana. Cristina García Rodero, única representante española en Magnum, está presente con una hoja de contactos de un reportaje en Haití.

El XXI es el siglo de la fotografía digital y certifica la muerte (anunciada) de la imagen analógica. Salvo excepciones (algunos fotógrafos aún las usan), las hojas de contacto han quedado como reliquias de la Edad de Oro del fotoperiodismo y hoy son admiradas como objetos de culto, piezas de museo. A los menores de 20 años de la generación «selfie» les sonarán a chino. ¿Hojas de contacto? ¿Están en Instagram?