Cultura - Arte

Así sobrevivieron la cultura y el arte de Florida al huracán Irma

Varios testimonios desvelan las medidas que tuvieron que adoptar para protegerse de la tempestad

Los operarios trabajan para devolver la normalidad a Miami Beach
Los operarios trabajan para devolver la normalidad a Miami Beach - EFE

Tras el lógico alboroto que suscitaron los daños humanos que causó el huracán Irma en la costa oeste de Estados Unidos, procede hablar los destrozos materiales. Además de los de primer orden, donde se encuadran las viviendas o los enseres básicos, las piezas de arte han pasado su particular calvario.

Un ejemplo es el del Museo de Arte Pérez de Miami, donde catorce miembros del personal de seguridad e ingeniería hicieron turnos para pasar noches vigilando la adecuada conservación de las piezas las veinticuatro horas del día. Más boyante fue la medida que adoptó el Faena Hotel Miami Beach, que para preservar la escultura «Gone But Now Forgotten», valorada en quince millones de euros, contrató a una compañía especializada en protecciones armadas antes de la llegada del huracán para salvar su tesoro del viento y los escombros. En Sarasota, en la Costa del Golfo de Florida, el actual director del principal ballet de la ciudad se refugió con sus bailarines en un hotel cercano a donde tenían previsto actuar.

Son ejemplos de la batalla que los miembros del sector cultural han tenido que librar para proteger aquello a lo que dedican su vida, y que ahora, con la calma próxima a arribar, son desvelados por The New York Times. Para su tranquilidad, los daños finales no han sido tan gruesos como en un principio se había temido. Especialmente en Miami, una ciudad cuyos recursos culturas se han multiplicado en los últimos años, fruto de un auge económico que le ha servido de sostén.

A diferencia de edificios como el de la Gran Ópera de Houston, que sufrió con vehemencia las consecuencias del huracán Harvey, inmuebles como el Museo Dalí, que fue inaugurado en 2011 con paradas de casi medio metro de anchura, o el Museo Pérez, diseñado con las particularidades del clima de la zona como condicionante de excepción, pasaron prácticamente sin apuros los días en que Irma azotó Florida.

Goma y metal

Donde sí tuvieron que intervenir los responsables de los bienes culturales fue en un lujoso complejo llamado Oceana Bal Harbour, donde se exponen piezas de arte al aire libre. «Pluto and Proserpina» y «Seated Ballerina» tuvieron que ser recubiertos con goma y tapados por una caja de metal.

Edificios como el del Tropic Cinema, el de los estudios de Key West –que sirvió como refugio a unas 20 personas– y el Key West Art and Historical Society sufrieron sólo daños menores. «Por alguna razón, los círculos de artistas están en algunos de los edificios más fuertes», apuntó Quincy Perkins, el director de desarrollo del festival de cine de Key West.

«Nuestro equipo decidió quedarse hasta el final», dijo Mera Rubell, de la colección Rubell Family de Miami. Ella y su marido, Donald , estaban viajando cuando todo comenzó, pero su equipo permaneció guarnecido en una especie de búnker que hay en la galería. «Escuchad, chicos, llega un momento en el que vuestra vida es más importante que cualquier obra de arte. Quedaos si creéis que estáis a salvo, pero no para proteger el arte», les dijo Rubell.

Tras el desastre, impera la pregunta de si los grandes magnates del arte que viven en la zona afectada por el huracán podrían plantearse una mudanza hacia un enclave más seguro para ellos y para sus colecciones. Evitarían así estampas como la que vivió Norman Braman, que guarda en su casa una importante ristra de obras que se vio obligado evacuar de la primera planta, al tiempo que confiaba en que las esculturas como la de Richard Serra que tenía en su jardín no sufrían daños fatales.

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