Cultura - Arte

Retrato de Txomin Badiola por Txomin Badiola (y sus amigos)

El Museo Reina Sofía inaugura temporada con una antológica en el Palacio de Velázquez que revisa 35 años de carrera del creador vasco

Obras de Txomin Badiola en el Palacio de Velázquez del Retiro
Obras de Txomin Badiola en el Palacio de Velázquez del Retiro - EFE

El Museo Reina Sofía inaugura temporada con una antológica del artista vasco Txomin Badiola (Bilbao, 1957) en su sede del Palacio de Velázquez del Parque del Retiro hasta el 22 de febrero de 2017. Es la primera exposición institucional que se le dedica en Madrid. Hubo otras anteriores en el Macba (Barcelona) y el Musac (León). Bajo el curioso título de «Otro Family Plot», condensa 35 años de trabajo -de 1981 a 2015- en 60 obras (fotografías, dibujos, esculturas, instalaciones). La muestra cuenta con la particularidad de un comisariado coral. Ha acompañado al artista en este proyecto, además de Joao Fernandes, subdirector del museo, un grupo de colegas y amigos de Badiola (Ana Laura Aláez, Ángel Bados, Jon Mikel Euba, Pello Irazu, Asier Mendizabal, Itziar Okariz y Sergio Prego), colaboradores habituales del creador vasco, quienes han mantenido un fructífero diálogo y han escogido las piezas expuestas. A ellos se sumaron otros artistas más jóvenes como Lorea Alfaro, Zigor Barayazarra, Leo Burge y Jon Otamendi. El resultado: una atípica y compleja exposición que refleja a la perfección el atípico y complejo trabajo de Txomin Badiola. O, como dice manuel Borja-Villel, director del Reina Sofía, «es un gran retrato de Txomin Badiola por Txomin Badiola junto a un grupo de amigos y colaboradores».

Pero no son sus únicos acompañantes en esta aventura creativa. Son numerosas las referencias culturales que asume este artista en su obra, siempre abierta: artistas como Caravaggio, Malévich y el constructivismo ruso y, muy especialmente, Jorge Oteiza, figura esencial en su vida y en su carrera, sobre el que vuelve una y otra vez. Ha comisariado varias exposiciones sobre el escultor guipuzcoano y es el responsable del catálogo razonado de su escultura. Según Borja-Villel, ambos creadores se centran en el vacío, pero, mientras Oteiza lo hace desde la premisa del minimalismo (menos es más), Badiola lo hace desde la acumulación (más es menos). Además de Oteiza, Txomin Badiola también recurre a un imaginario formado por cineastas como Godard, Pasolini y Fassbinder; escritores como Jean Genet, psicoanalistas como Lacan, intelectuales y críticos como Foucault y Barthes y hasta músicos como los Pet Shop Boys. No es mala compañía.

Territorio de conflictos

El artista explicaba, durante la rueda de prensa de presentación de la muestra, que en el País Vasco es tradicional la existencia de una comunidad de artistas: «Ya ocurrió con Oteiza, Chillida y la Escuela Vasca, aunque entonces tenían unos objetivos muy concretos: el papel de la cultura en la dictadura. En los 80 los artistas de mi generación mantuvimos relación con Oteiza. Pero no fue una relación discipular. No había jerarquías, discutíamos en cierta igualdad. No se trataba de matar al padre». En los años 90, cuenta, codirigió dos talleres en Arteleku (1994 y 1997), donde «se generó una comunidad de artistas, basada en compartir el trabajo, sin intereses de ningún tipo: ni ideológicos, ni económicos... Nos necesitábamos unos a otros. Para esta exposición decidí un descentramiento de mí mismo a través de otros. Y esos otros son los artistas que tengo a mi alrededor».

La obra de Txomin Badiola, advierte Joao Fernandes, «siempre es un territorio de conflictos». Entre discursos, formas, sentidos, signos, referencias, materiales... En ella se abordan tensiones como local-global, interior-exterior, construcción-deconstrucción. «La "mala interpretación" y la "mala forma" serán los principios operativos de una estrategia de resistencia y subversión».

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