Cultura - Arte

Nicholas Serota, director de las Galerías Tate, se va tras 28 años en el cargo

Fue el impulsor de la exitosa Tate Modern en lo que era una antigua central energética a orillas del Támesis

Nicholas Serota, en una imagen de archivo
Nicholas Serota, en una imagen de archivo - AP

Sir Nicholas Serota, londinense de 70 años, es casi una leyenda del mundo del arte en Inglaterra, tras sus 28 años al frente de las galerías Tate, a las que ha dado la vuelta con gran éxito. Él fue el visionario que convirtió una mustia central energética abandonada de la orilla Sur del Támesis en la Tate Modern, el museo de arte moderno más concurrido del mundo, con 4,7 millones de visitantes anuales. El próximo año dejará por fin la dirección de la institución, que incluye los museos Tate Britain, Tate Modern, Tate Liverpool (creada en 1988) y Tate St. Ives (1993). Pero seguirá conservando su influencia, porque en febrero le aguarda la presidencia del Arts Council England, organismo dependiente del Ministerio de Cultura, que se dedica a dinamizar el mundo de las artes y las letras y -sobre todo- se encarga de repartir los suculentos fondos del mecenazgo de la Loterías del Estado.

Serota se ha despedido con una nota, en la que recuerda que «en los últimos treinta años ha habido un gran cambio en el modo de apreciar el mundo del arte en este país y Tate está orgullosa de haber contribuido a esa transformación». Se marcha una vez completado el último sueño de su mandato, la ampliación de la Tate Modern con un nuevo edificio, que le ha otorgado un 60% más de espacio y ha costado 300 millones de euros. Una de las virtudes del gestor cultural es su habilidad para obtener fondos, y en este caso era muy difícil, porque el proyecto coincidió con la resaca de la crisis de 2008. El nuevo edificio se abrió el pasado junio, con un aluvión de público. Al igual que la transformación original de la central de Bankside, que se inauguró en 2000, ha sido obra de los arquitectos suizos Herzog & De Meuron.

Su mandato

Durante el larguísimo mandato de Serota, el más extenso de un director de la Tate, el museo ha dado un estirón. La histórica Tate Britain, cercana al Parlamento y consagrada al arte británico, se reinventó para acoger en un edificio hermano el arte más moderno y cosmopolita. En su etapa, los museos Tate han comprado obras de pintores tradicionales británicos como Turner, Reynolds o Constable, e infinidad de piezas modernas, con artistas como Mondrian, Beuys, Brancusi, Duchamp, Bacon, Bourgeois... También supo buscar el patrocinio de empresas privadas, a veces con críticas de los más snobs del sector plástico, como cuando recurrió a los fondos de la BP. En la actualidad, por ejemplo, la inmensa Sala de Turbinas de la Tate Modern está patrocinada por la firma coreana Hyundai.

El consejo de la Tate iniciará ya el proceso de selección de su sustituto, en el que aportarán su opinión también algunos artistas de relieve. Serota es hijo de una notable laborista, que fue vicepresidenta de la Cámara de los Lores. Estudió Historia del Arte en Cambridge y el Courtland Instituto y comenzó muy joven a dirigir museos. A los 27 se situó al frente del Museo de Arte Moderno de Oxford, donde organizó la primera muestra de Beuys en Inglaterra. En 1976 pasó a la Whitechapel Gallery, donde estuvo doce años, y en 1988 fue nombrado director de la Tate. Es un hombre de cualidades diplomáticas, buen negociador y sin aristas. En su despedida ha sido elogiado como «uno de los grandes directores de museos del mundo». «Deja a Tate en una posición fuerte para su futuro», le ha reconocido su consejo.

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