Autorretratos de Velázquez (a la izquierda) y Murillo cuelgan juntos en la muestra
Autorretratos de Velázquez (a la izquierda) y Murillo cuelgan juntos en la muestra - J. M. SERRANO

Murillo vs. Velázquez: duelo al sol en Sevilla

La Fundación Focus reúne diecinueve cuadros de los dos pintores hispalenses, que se confrontan por primera vez en una exposición

SevillaActualizado:

En 1617 nace Murillo (el próximo año se conmemora el 400 aniversario de su nacimiento). Aquel año Velázquez superaba el examen como maestro de pintura. En 1660 muere Velázquez, año en el que Murillo funda la Academia de Dibujo de Sevilla. Apenas una generación (18 años) separa a los dos pintores sevillanos, genios del Barroco y estrellas del Siglo de Oro español. Pese a lo que afirmaban con todo lujo de detalles Antonio Palomino y Ceán Bermúdez (este último incluso afirmaba que Murillo se alojó en casa de Velázquez de 1642 a 1645, que lo recomendó al Rey y que fue su maestro y bienhechor), ningún documento constata que se conocieran personalmente, aunque es más que probable que Murillo, en su viaje a Madrid en 1658, le visitara. También parece evidente que habría visto en Sevilla alguna de la veintena de obras que dejó Velázquez antes de su marcha a Madrid en 1623 en busca de gloria, que halló en una carrera deslumbrante al servicio de Felipe IV. Es el caso de «La Adoración de los Magos», que pintó para el Noviciado de los jesuitas de San Luis, o la «Inmaculada Concepción» encargada por los carmelitas de la ciudad.

La historiografía, desde Diego Angulo hasta Enrique Valdivieso, siempre ha negado que Velázquez tuviera influencias evidentes en la pintura de Murillo. Pese a ello, resulta extraño que nunca se hubieran medido en una exposición ambos pintores. Y ha tenido que ser un británico de origen napolitano el que se haya decidido a hacerlo. «Puede ser bastante atrevido», advierte Gabriele Finaldi, director de la National Gallery de Londres y comisario de la muestra, casi pidiendo perdón por el «sacrilegio».

Una mujer admira «La Adoración de los Magos, de Velázquez (a la izquierda) y «La Sagrada Familia del pajarito», de Murillo
Una mujer admira «La Adoración de los Magos, de Velázquez (a la izquierda) y «La Sagrada Familia del pajarito», de Murillo - J. M. SERRANO

«No hay que reivindicar a Murillo»

El comisario se toma una licencia: proponer que «La educación de la Virgen», de Murillo, que confronta con «La Infanta Margarita de blanco», de Velázquez, es «casi una escena cortesana; la Virgen niña se presenta como una pequeña princesa». «Es una interpretación muy personal», advierte Finaldi. No ha querido confrontar «La educación de la Virgen», de Murillo, con la recientemente atribuida a Velázquez, propiedad de la Universidad de Yale, porque este cuadro ya estuvo en Sevilla. Preguntado sobre si está de acuerdo con la polémica atribución a Velázquez, dice: «Me parece convicente, pero si Javier Portús sigue teniendo dudas, alguna razón habrá».

En el siglo XIX Murillo gozó de gran reconocimiento, pero en el siglo XX cayó en desgracia como un pintor «dulzón y devoto». Cree Finaldi que hoy «ya no es necesario reivindicarlo ni justificarlo. Se han celebrado exposiciones en Estados Unidos, Londres, Madrid... Su pincelada es maravillosa». En el catálogo de la exposición, donde María Álvarez-Garcillán y Jaime García-Máiquez, ambos del Museo del Prado, hacen un interesante estudio comparativo de las técnicas, materiales y soportes utilizados por ambos pintores, recuerda Portús que en la fachada del museo «figuran una serie de medallones con el retrato en busto y de perfil de un artista español, cuyo nombre lo acompaña. Fueron realizados en torno a 1830 por Ramón Barba, y en su selección intervinieron importantes artistas y críticos. El lugar principal se adjudicó a Velázquez y Murillo, que flanquean el gran pórtico dórico central». Ambos tienen un lugar especial en el Parnaso de los pintores.