Una mujer posa junto a uno de los desnudos presentes en la exposición de Modigliani en la Tate Modern
Una mujer posa junto a uno de los desnudos presentes en la exposición de Modigliani en la Tate Modern - EFE

Londres se rinde ante Modigliani, el maestro de los desnudos

La Tate Modern reúne lo mejor de su producción en una exposición de más de un centenar de obras que resumen la intensidad de su vida y su pintura

LondresActualizado:

En el ocaso de su corta vida, cuando alcanzaba cierta cota de reconocimiento, sus mecenas y la familia de su última mujer trataron de apartarle de la autodestrucción a la que iba encaminado. Enfermo de tuberculosis, adicto a las juergas y mujeriego como el que más, a Modigliani le duró esa vida sana apenas un año. Fue el tiempo que pasó fuera de París, durante la etapa más cruenta de la Primera Guerra Mundial. Al sur de Francia su trazo se volvió más suave y los colores mediterráneos inundaron su paleta.

Eso sí, nunca perdió su estilo propio, tan reconocible que cualquiera a simple vista puede identificar sus obras. Hecho de figuras esquemáticas, los colores cálidos, el dibujo remarcado, los retratos, los desnudos o los ojos achinados. Toda su obra, dividido en los diferentes momentos de su vida creativa, es lo que se puede ver en la exposición que la Tate Modern de Londres abrirá mañana al público y que supone la mayor retrospectiva de este artista en suelo británico hasta la fecha.

En estado puro

Modigliani en estado puro, más de 100 obras del maestro italiano, uno de los artistas más importantes del siglo XX, que abandonó muy joven su país para recalar en París, donde desarrolló unas dotes que le lanzaron a la fama definitiva pocos años después de su muerte. No en vano, uno de sus cuadros alcanzó en 2015 la cifra de 150 millones de euros en una subasta.

Judio, nacido en Livorno el 12 de julio de 1884 decide dedicarse al arte y viaja a Florencia todavía de adolescente para desarrollar su pasión. Pero no comienza su andadura como pintor hasta que llega a la capital francesa, a un barrio repleto de pintores, poetas y artistas, con 21 años, tímido, bien vestido, con un poco de dinero en el bolsillo que le había dado su madre.

Su evolución se puede apreciar en una muestra en la que llama la atención su estilo inconfundible que le convirtió en un pionero en la época de las vanguardias, marcada por grandes movimientos artísticos que se imponían entonces como ley, con manifiestos y banderías, como el surrealismo o el cubismo. Maravillado por Cezanne, el pintor italiano tejió su propio legado, aunque se viera rodeado de otros maestros como los españoles Juan Gris o el propio Pablo Picasso.

Modigliani nunca negó su fascinación por el malagueño. Según sus propias palabras, «Picasso iba 10 años por delante del resto» e incluso le retrató en una ocasión. Este cuadro se puede ver también en esta exposición.

Escultor

Pero un artista con tanta personalidad nunca se vio tentado por seguir su estela, toda vez que el italiano ya había labrado la suya e incluso experimentó en otros géneros, como la época en la que se manifiesta como consumado escultor durante un par de años. Entre 1910 y 1912, su obra gira en torno a esta disciplina y en la muestra de la Tate Modern se pueden observar varios de los bustos de mujeres que modeló. Sin embargo, abandonó pronto esta etapa, por varios motivos. Los principales: el alto coste de los materiales y el deterioro que estaba sufriendo por su enfermedad.

La tuberculosis le fue diagnosticada muy pronto, en plena juventud, cuando apenas tenía 16 años y aún se encontraba en Italia estudiando arte antes de emigrar definitivamente a París. Le acabó matando a los 35 años de edad en un momento de madurez en su creación pictórica y cuando sus cuadros se cotizaban más en la capital francesa, epicentro en esos momentos (año 1920) de la vanguardia en Europa.

En su última fase, representada también en esta muestra, vuelven de nuevo a predominar los retratos de personas cercanas en su vida a los que incluso pinta en varias ocasiones y a verse de nuevo influenciado por Cezanne cerrando así el círculo. No deja de ser prolífico a pesar de su enfermedad y, por ejemplo, dedica los últimos meses de su vida a pintar a su última mujer, Jeanne Hébuterne, con la que tiene un hijo y que estaba embarazada justo en el momento de la muerte del pintor. Como se recuerda, ella no lo pudo soportar y terminó, de forma dramática, con su suicidio dos días después.

Los desnudos

Otra de las partes fundamentales de esta muestra es su formato de realidad virtual. El visitante podrá sumergirse en la vida del maestro italiano gracias a esta tecnología. Mediante ella se visitará el estudio donde Modigliani trabajó y vivió la mayor parte de su vida en París.

Aunque gran parte de la exposición, por supuesto, se centra en sus cuadros más conocidos, los desnudos de las mujeres que posaban para él a cambio de unos 5 francos que su mecenas le proporcionaba. Son doce lienzos, provenientes tanto de colecciones privadas como de otros museos de todo el mundo. Estos desnudos son sus obras más significativas y su trabajo más provocativo. Los pintaba para compradores masculinos y la sensualidad que desprenden sus figuras representan los sugerentes cambios en la vida de las jóvenes a las que retrata. Casi todas eran modelos, aunque también utiliza a algunas de sus amantes.

Estas representaciones tan explícitas demuestran que fue una de las figuras más controvertidas de su época. La policía arruinó la única exposición en solitario que llevó a cabo en París en 1917, en la galería Berthe Weill, precisamente por esto. Consideraron sus lienzos demasiado provocativos.

Y es que Modigliani ha pasado a la historia tanto por sus pinturas de mujeres de cuello rosa e infinito como por las amantes, que fueron tantas como sus borracheras. Su vida de bohemio era conocida en el Montpornasse y en Mortmartre, los dos barrios de moda en el París de la época, donde los artistas vivían y se reunían en busca de la inspiración. Allí fue feliz Modigliani.