Cultura - Arte

John Elliott: «El Salón de Reinos daría claves sobre los errores de la Europa actual»

El hispanista defiende la necesidad de reconstruir el espacio en la planeada ampliación del Museo del Prado

El historiador John Elliott en Segovia, tras la entrevista con ABC
El historiador John Elliott en Segovia, tras la entrevista con ABC - ANTONIO TANARRO
JESÚS GARCÍA CALERO Segovia - Actualizado: Guardado en: Cultura , Arte

Vuelve a plantearse muy en serio la reconstrucción del Salón de Reinos del palacio de Felipe IV en el antiguo Museo del Ejército, puesto que el Prado ha puesto en marcha el concurso arquitectónico para la rehabilitación del edificio. John Elliott y Jonathan Brown son los autores del estudio de referencia sobre el Buen Retiro, «Un palacio para el Rey», que también se convirtió en una exposición.

En 2003 parecía claro que volveríamos a ver el impactante salón en el que Felipe IV recibía a los embajadores y les mostraba a todos el esplendor de la Monarquía hispánica. Pero el cambio de Gobierno tras los atentados del 11-M trastocó las prioridades. El nuevo Gobierno se centró en el polémico concepto de Memoria Histórica, en cuyo laberinto seguimos. Elliot inauguró el viernes el curso de la IE University en Segovia, donde reivindicó que nuestros líderes cultiven un sentido de la historia. Y no hay mejor ejemplo que recuperar un espacio histórico tan singular.

Hay vestigios del Salón en lo que fue el Museo del Ejército. Junto al Casón del Buen Retiro, es todo lo que queda del palacio de Felipe IV. El salón estaba decorado con los escudos de los veinticuatro Reinos de la Corona, que daban nombre al espacio, más cuadros de doce grandes victorias de Felipe IV en los confines del imperio (uno de ellos es «La rendición de Breda» de Velázquez, lo cual da idea de las dimensiones), más los grandes retratos ecuestres velazqueños de la familia Real y una serie mitológica de Zurbarán. Abrumaba al visitante.

Palabras de John Elliott

Preguntamos a Elliott sobre el tema: «Todavía no se ha escogido el proyecto ganador entre los ocho arquitectos del concurso. Debemos señalar que el Salón de Reinos está aparte del proyecto arquitectónico para el edificio. No podemos confundir una cosa con la otra. El Salón de Reinos es solo la sala central del edificio».

Sin embargo, destinar a otros fines ese lugar parece inadecuado. El Prado pensó, en tiempos de Zapatero, poner allí un «Museo de la Paz» para reunir grandes cuadros de batallas, con el «Guernica», las «Lanzas» velazqueñas y el «Tres de mayo» de Goya. También se hablaba de ubicar allí la pintura historicista del XIX. Pero nada tiene la grandeza de recuperar el Salón como una cápsula de tiempo que permita tener una idea cierta de lo que fuimos, un sentido de la historia en la línea de lo que Elliott defiende para entender el presente.

«La gente no se da cuenta de la importancia que tiene ese espacio. No se puede reconstruir exactamente el original, por la vida del edificio en los siglos posteriores, pero se puede evocar de una manera que sería casi única en la Europa de hoy, una sala construida para razones muy especiales, con una iconografía que está entera con la excepción de un cuadro, y que dará a la gente la impresión inmediata de la importancia cultural y mundial de la España de los Austrias y del Madrid de ese momento, de la vida de la ciudad. Sería una evocación sin par si se hace bien.

—Podríamos llevar allí a los políticos de Europa para inspirarse, pensar...

—A muchos no les gustarían tanto las victorias españolas, incluidos algunos británicos (risas).

—Nunca han gustado, pero ahí están. Estamos acostumbrados.

—También evoca la Europa del Estado-nación, porque es un momento clave para nuestra historia. La caída de la hegemonía española, ese momento de transición es de una importancia enorme. Se leen perfectamente en esos cuadros las ambiciones de la Monarquía. Y uno se da cuenta frente a ellos de muchos de los posibles defectos de nuestra Europa actual.

—¿Cómo es eso?

—Cuando se llega a la cúspide, allí es solo un filo lo que separa el éxito del fracaso. Y entonces ganó el fracaso. ¡Puede ser tan interesante! Atraerá a mucha gente.

Taurus va a editar una versión de «Un palacio para el Rey» en tamaño más reducido, «pero con casi todas las láminas. Al final tenemos la impresión de que la versión grande del libro se quedó en un volumen lujoso para poner sobre la mesa. Y queremos que en este momento tan relevante para la historia del edificio la gente se entere mejor sobre las posibilidades del edificio.

—¿No tiene la impresión de que en el Prado sienten cierto «horror vacui» ante la idea de sacar de Villanueva los grandes cuadros de Velázquez?

—Sí, ha habido quien no se mostró favorable a sacar del edificio Villanueva algunos cuadros tan importantes. También porque preocupaba el número de visitas a ese espacio. Pero no hay por qué. «La rendición de Breda», los retratos ecuestres de Felipe IV y su familia, el conjunto de pinturas creadas para ese espacio era tan impresionante que, sin duda, vendrán en grandes cantidades. Sería mucho más interesante que utilizarlos para la pintura histórica del XIX, que no interesa a los foráneos.

¿Sería extraño preferir una visión mediatizada del pasado a recrear la historia tal como fue en realidad? «Exacto –responde Elliott–. Pero no sé lo que pasará. Sería un museo importante para toda Europa. Por ejemplo, tenemos el Banqueting House en White Hall, en Londres, con ese gran techo de Rubens que representa a Jacobo VI reuniendo Inglaterra con Escocia y reconciliándose con Europa. Es un momento lleno de lecturas para nosotros hoy».

El historiador añade: «Jonathan y yo no nos hemos cansado de insistir, después de 40 años (risas) y no hemos perdido la esperanza». Hay más claves actuales en el pasado. ¿Qué dice su sentido histórico de la inmigración? «Que la Europa más noble ha sido la de las Luces, la que tuvo un sentido de la humanidad, los Derechos Humanos.

Es importante no perder ese sentimiento de humanidad hacia los otros. Es lógico que uno de los objetivos del terrorismo islámico sea dinamitar esa idea de Europa». Cuando pensamos en Europa cada vez nos sentimos menos vinculados a su gobierno. ¿Qué ejemplos del pasado nos sirven? «Precisamente, entidades políticas como la Monarquía de los Austrias eran una superestructura interesante, porque abrigaban relaciones recíprocas entre la periferia y el centro, un diálogo que fracasó varias veces pero funcionaba bastante bien. Pasó lo mismo con el Imperio Austrohúngaro.

—¿Aplicable a Bruselas hoy?

—En el mundo global hacen falta superestructuras, pero también hay que crear una unión orgánica y no impuesta. Y los organismos crecen solo con el tiempo y la paciencia. Imponer una visión sin tomar en cuenta las reacciones en los niveles inferiores me parece siempre muy peligroso.

—¿Nuestro vértigo actual es el fin de un imperio?

—El mundo está cambiando, más que nada por internet y las comunicaciones inmediatas. No hay tiempo para pensar. Los historiadores somos necesarios para mostrar la perspectiva más larga, el largo plazo.

—Entonces, lo más urgente ahora es...

—Pensar, contemplar.

—Suena espiritual. ¿Iría por ahí su mejor consejo a la señora May o a la señora Merkel?

—Ir despacio, porque hay mucha presión por todas partes. Quién sabe qué pasará con el Brexit. Será imposible dar marcha atrás, pero hará falta mucha flexibilidad por las dos partes. La flexibilidad es casi lo más importante en este momento, y no sabemos si la señora May tendrá la capacidad de mostrarla, ha sido bastante rígida en su carrera.

—Los populistas añaden más presión y no son conocidos por su flexibilidad.

—La crisis da oportunidades a los políticos oportunistas, para explotar la ira y los rencores del pueblo, y por eso es un momento tan peligroso. La conjunción entre la recesión económica y el oportunismo de los demagogos es un riesgo para todos.

Toda la actualidad en portada
publicidad

comentarios