Cultura - Arte

La formación de la Europa moderna, contada por la colección del British Museum

CaixaForum Madrid revisa, en una exposición con 263 piezas (244 del museo londinense), mil años de una Edad Media vibrante y colorista

Cofre de la castellana de Vergi (Francia, 1320-1340, en marfil)
Cofre de la castellana de Vergi (Francia, 1320-1340, en marfil) - BRITISH MUSEUM, LONDRES

La maltrecha Europa, acosada hoy por ultranacionalismos de izquierda y derecha, terrorismo islámico, una política migratoria sin resolver, graves crisis económicas, altos niveles de paro y de pobreza, rescates bancarios y algún que otro sonado portazo, como el Brexit, lleva a sus espaldas más de mil años de Historia. Los pilares sobre los que construyó el Viejo Continente quedaron establecidos en un periodo, la Edad Media, que arrancó con la caída del Imperio Romano y se extendió hasta la Reforma protestante del siglo XVI: del 400 al 1500 de nuestra era.

Rey del Ajedrez de Lewis, hallado en 1831 en la isla de Lewis (Escocia)
Rey del Ajedrez de Lewis, hallado en 1831 en la isla de Lewis (Escocia)- BRITISH MUSEUM, LONDRES

Fue en esos siglos cuando se pusieron los cimientos de las naciones-estado y se fijaron las bases para la gestación de esa Europa moderna que hoy se tambalea y muchos se empeñan en volar por los aires. La Edad Media ha cargado con el sambenito de una etapa oscura, bárbara e inquisitorial, dominada por el miedo y la ignorancia, pero, como todos los tópicos, son sólo eso: tópicos. Basta con derribarlos. Fue una etapa compleja, pero vibrante, fascinante, donde no hubo ruptura sino continuidad y donde también brillaron con intensidad el talento artístico, el desarrollo del comercio, el nacimiento de grandes universidades y Cartas Magnas, el esplendor de las Cortes reales, la creación de magníficos castillos, catedrales y centros monásticos... Una época de grandes cambios políticos, económicos y culturales, pero en la que hay esplendor y riqueza, luz y color, donde todo lo habían pintado de un negro malevichiano.

No puede ser, pues, más oportuna esta exposición con la que se estrena el acuerdo de colaboración, firmado en septiembre del año pasado entre la Fundación «la Caixa» y el British Museum de Londres, «Los pilares de Europa. La Edad Media en el British Museum», que, hasta el 5 de febrero, recala en CaixaForum Madrid y después viajará a los centros de esta institución en Barcelona y Zaragoza. Como explica Elisa Durán, directora general adjunta de la Fundación «la Caixa», es el primero de los cuatro proyectos previstos para los próximos años (hasta 2020) –incluirá futuras exposiciones dedicadas a la Grecia Antigua, el Egipto de los faraones y el lujo en la Antigüedad– y una de las alianzas estratégicas de esta entidad, como las que tiene con museos tan señeros como el Prado y el Louvre.

Excepcionales préstamos

Broche de Wingham (Kent)
Broche de Wingham (Kent)- BRITISH MUSEUM, LONDRES

Los comisarios, Michael Lewis y Naomi Speakman, han seleccionado 244 piezas (algunas nunca vistas hasta ahora) de los excepcionales fondos del British Museum, a los que se suman otras 19 procedentes del Museo Arqueológico Nacional, el MNAC y el Museo Frederic Marès. Como viene haciendo acertadamente desde hace tiempo, el museo británico nos cuenta la Historia a través de sus objetos. Resulta fascinante. Es un mundo de caballeros y damas, de yelmos y espadas, de guerras y amor, de moda y comercio, de fe religiosa y violencia, donde Monarquía e Iglesia copan todo el poder, un mundo visto a través de sus obras. Como una de las 78 piezas del espléndido juego del ajedrez de Lewis: el Rey. Realizado en marfil de morsa en el siglo XII, fue hallado en 1831 en la isla de Lewis (Escocia). «Es una de las obras más icónicas y famosas del museo. Incluso apareció en la primera película de Harry Potter», comenta Naomi Speakman.

Sobre el precioso Cofre de la castellana de Vergi (Francia, 1320-1340, en marfil), labrado exquisitamente, explica la comisaria que narra, de forma muy similar a la tira de un cómic, el secreto y trágico amor de una noble que vivía en Borgoña con un caballero. Muere hasta el apuntador. O el broche de Wingham (Kent, finales del siglo VI o comienzos del VII), en plata dorada, granates, vidrio azul y concha. O un astrolabio inglés, de 1342, el más antiguo datado en Europa, que tiene una inscripción en latín con el nombre de su fabricante: Blakene.

Efectista museografía

Una espectacular museografía, donde se aprecian en grandes pantallas los detalles de las obras más pequeñas, pone en valor estos tesoros, entre los que también deslumbran una cruz procesional de España (1330-1350), la estatuilla de un caballero que posiblemente represente a San Jorge, la cabeza de una reina en piedra que podría ser Leonor de Castilla, urnas funerarias, insignias de peregrinos, piezas circulares de vidrio, pavimento de la abadía de Halesowen, capiteles, espadas...

Astrolabio inglés, de 1342
Astrolabio inglés, de 1342- BRITISH MUSEUM, LONDRES

La plana mayor del British Museum (su presidente, Sir Richard Lambert, y su director, Hartwig Fischer, que se incorporó recientemente a su nuevo cargo) acudió ayer a la presentación de la exposición en Madrid. Ambos subrayaron la vocación pedagógica de una institución pública como ésta. «¿Qué es un museo?», se pregunta Fischer. «Un lugar donde están alojados unos objetos. Nuestro reto es tratar de que hablen, invitamos a los visitantes a que conecten con los objetos para conocer el pasado, de dónde venimos, cómo vivían nuestros antepasados». «Nos cuentan la Historia de Europa –añade Lambert–. Ya no dirán más que la Edad Media es una época de tinieblas. Hay luz en estos objetos. El British Museum tiene muy en cuenta el legado común de Europa, los valores e ideas compartidos en Europa». Le preguntan si en sus palabras puede leerse entre líneas un lamento por el Brexit. «Si ve en ellas un lamento personal, demuestra lo buen periodista que es usted», contestó el presidente del British Museum.

En esta línea, el director del museo advierte que «el Reino Unido quiere irse de la Unión Europea pero no de Europa». Sobre si ello tendrá consecuencias en el British Museum, dice Fischer que posiblemente las haya, pero que aún es muy pronto para decir cuáles serán: «La misión del British Museum seguirá siendo la misma: un museo del mundo para el mundo, que abrió sus puertas en 1759, es accesible para todos (gratuito), tiene 7 millones de visitantes al año y recopila objetos del mundo para divulgarlos».

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