Cultura - Arte

Elton John expone en Londres sus fotos: «una adicción más sana que las drogas»

El cantante inglés de 69 años muestra en la Tate Modern 191 fotografías de su colección, una de las mejores del mundo

Una mujer delante de varias de las fotografías de la colección de Elton John
Una mujer delante de varias de las fotografías de la colección de Elton John - REUTERS

Reginald Kenneth Dwight, nacido hace 69 años en la Suburbia del Gran Londres y que a fuerza de talento y trabajo se convirtió en Sir Elton John, es uno de los mayores coleccionistas de fotografía del mundo. Posee 8.000 obras, que ha ido comprando aquí y allá durante los últimos veinticinco años. Ahora quiere que el público pueda disfrutar de 195 de esas fotos, que usualmente cuelgan de las paredes de sus casas de Atlanta, Holland Park (Londres), Niza y Venecia. Una magnífica exposición de pioneros, titulada «La mirada radical». Puede verse desde este jueves hasta el 7 de mayo en la Tate Modern de Londres, donde la fotografía no fue considerada como materia digna de su colección hasta el muy tardío 2009.

Elton John ha comentado ante la inauguración de la exposición que su interés por la fotografía nació en 1990, tras su última rehabilitación de su antigua adicción al alcohol y las drogas, que ya en fecha tan temprana como en 1976 le costó una sobredosis. «Comprar fotografías es una adicción mucho más saludable, así que me cambié a ella. Me siento como si mis ojos se abriesen con las fotos. Se han convertido en una compañía increíble para mí. Me siento como un niño en una tienda de golosinas».

Sesenta artistas

La exposición, magnífica, reúne trabajos de unos 60 artistas, desde 1910 hasta 1950. Se ha ubicado en la nueva torre de la Tate Modern, la llamada Switch House, que se abrió este verano y cuyo máximo aliciente hasta ahora no viene siendo el arte, sino más bien las vistas circulares sobre Londres desde el espectacular balcón de su décima planta.

La imagen del cartel de la exposición se la lleva «Lágrimas de cristal», una obra de 1932 de Man Ray, el estadounidense que afincado en París compartió aventuras con dadaístas y surrealistas. El cantante pasa por ser el mayor coleccionista de Ray y ha cedido 25 de sus fotografías para la muestra de la Tate. La entrada cuesta 16,5 libras y la audio-guía ofrece el aliciente de una grabación de Elton John comentando con pasión su colección.

Nicholas Serota, ya de salida de su cargo, es el legendario director de las galerías Tate, el gurú al que se le ocurrió convertir una antigua central energética al borde del Támesis en la Tate Modern, el museo de arte moderno más visitado del mundo (4,7 millones de personas el año pasado). «Me encontré por primera vez a Elton John hace 20 años y descubrí que era un coleccionista ávido de fotografía, incluidas unas increíbles impresiones tempranas de Man Ray, Walter Evans, Alexander Rodchenko y Berenice Abbott. Pero en aquel momento la Tate no coleccionaba fotografías, por considerarlas menos significativas que la pintura y la escultura», explica Serota.

Arte mayor

Desde 2009 la fotografía ya es por fin arte mayor para el museo inglés. «Pero comenzamos muy tarde y tenemos muy poco material de los pioneros», reconoce la directora de la Modern, Frances Morris. Ahora mismo, Tate está negociando con John y el que desde hace dos años es su marido, el publicista y cineasta canadiense David Furnish, para que donen a la nación parte de su colección de fotos. Serota elogia el buen ojo del cantante: «Tiene una pasión profunda y un gran conocimiento». Lo que comenzó como una afición se ha ido profesionalizando y en Atlanta el músico ha puesto a un especialista al frente de sus fondos.

Como coleccionista, Elton solo tiene un problema. Le gusta enmarcar las obras con lo que él mismo llama «marcos bastante llamativos». Un horror de dorados, estucados y tonos plateados kitsch, que a veces más que ensalzar la fotografía contribuyen a difuminar su carga artística. Pero lo que se ve sigue siendo extraordinario. «Eran auténticos aventureros», señala Elton hablando de los pioneros. De todo lo que ha llevado a la Tate, su pieza favorita es «Nadador buceando», de 1917, tomada en una piscina de Hungría por André Kertész y que muestra a su hermano deslizándose bajo el agua con un cuerpo estilizado. Acorde a sus preferencias sexuales, que aclaró en 1988, tras divorciarse de su mujer Renata, John hace una lectura homoerótica de la fotografía.

El segundo nombre que más manda tras el de Man Ray es el del maestro neoyorquino Irving Penn, fallecido en 2009, con una magnífica serie de retratos de 1948, donde inmortaliza al coloso del jazz Duke Ellington, al boxeador Joe Louis o a un Salvador Dalí que posa retador, con piernas abiertas e impecable terno de lista diplomática.

Viaje artístico

El viaje por este atisbo de la colección de John es muy sugerente. Desde la experimentación, como un autorretrato de Herbert Bayer de 1932, en que finge que se ha mutilado un brazo, hasta la fotografía social de los años treinta, con el archiconocido retrato de la «Madre inmigrante», tomado por Dorothea Lange en 1936. Es la estampa icónica de la Gran Depresión de 1929 en Estados Unidos. Muestra a Florence Owens, de 32 años y madre de siete hijos, de una familia de cosechadores, que descansa en un campamento de jornaleros. La foto fue incluso la base de un sello de correos, pero Florence siempre echó pestes contra Lange. Le reprochaba que divulgó su imagen sin permiso y que no ganó un dólar con una foto universal. A cambio, como se puede constatar en Londres, la fotógrafa la hizo eterna.

Parte del encanto de la muestra es que son los originales revelados en sus cámaras oscuras por los propios fotógrafos. En el caso de los pioneros, lo hacía además en portentosas circunstancias, sobre todo visto desde una era en que los móviles son el fácil paraíso de las fotos.

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