Cultura - Arte

Edmund de Waal regresa a Viena

El ceramista británico expone en Museo de Historia del Arte «La liebre de los ojos de ámbar», la miniatura japonesa que dio titulo a su ensayo en el que cuenta la trágica historia de la familia judía Ephrussi

Edmund de Waal durante la presentación de la muestra
Edmund de Waal durante la presentación de la muestra - EFE

En la primavera de 1938, al tiempo que los tanques nazis tomaban posiciones en la Austria anexionada, las nuevas autoridades del país expropiaban la fortuna y los castillos de la familia Ephrusi, entroncada con el apellido Rotschild, banqueros judíos que valoraban, por encima del resto de sus posesiones, su insustituible colección de arte. Aquellas obras llegaron en furgonetas de la Gestapo al Museo de Historia del Arte vienés (KHM) y fueron catalogadas a lo largo de meses de trabajo por su director, Friedrich Dworschak, mientras sus legítimos propietarios daban los primeros pasos en una nueva e inesperada vida en las Islas Británicas.

El último descendiente de aquellos judíos expoliados, Edmund de Waal, vuelve hoy a ese mismo museo a exponer sus propias obras, confrontándolas nada menos que con las de Durero, Lucas Cranach o El Bosco que forman parte del fondo permanente del museo y en los que de Waal busca la angustia del creador. «Estamos impresionados por su generosidad y por la nobleza con la que, no solo ha aceptado nuestra propuesta, sino que además nos ha cedido temporalmente uno de los objetos que más significado tiene para él», ha dicho el comisario de la exposición, Jasper Sharp, en referencia a la «Liebre de los ojos de ámbar», una miniatura japonesa cuyo nombre ha servido de título a la más popular novela del artista.

«Liebre de los ojos de ámbar»
«Liebre de los ojos de ámbar»- EFE

Esa liebre, de apenas unos centímetros de porcelana blanca, es uno de los 264 netsuke de la colección familiar, miniaturas japonesas reunidas a finales del siglo XIX Charles Ephrussi, primo de su bisabuelo y uno de los descubridores del impresionismo. La abuela de De Waal, Elisabeth, volvió a Viena en 1945 para intentar recuperar algunas posesiones familiares y lo único que encontró fue esta colección puesta a salvo con riesgo para su propia vida por Anna, una criada de la familia. Edmund de Waal (Nottingham, 1964) ceramista y profesor de la Universidad de Westminster, ha estado visitando los sótanos y cajas fuertes del museo, rebuscando entre sus archivos, para elegir personalmente las obras con las que quería compartir espacio en esta exposición y que ha agrupado bajo el título «Durante la noche».

De Waal se pregunta cuánto miedo, cuánta angustia e incertidumbre convertidos en belleza hay en cada uno de esos objetos. La primera obra que eligió y alrededor de la cual gira el resto es el «Traumgesicht» de Durero. A partir de ahí emprendió una tarea que ha descrito como «durísima», la selección de objetos entre los fondos de uno de los museos más importantes del mundo, con el afán de componer una estantería propia, una colección personal en la que indaga sobre la imperfección de las creaciones artísticas. «La perfección es mortal», explica, antes de sumergirse de nuevo en la obsesión por «el arte que no se deja contemplar» y en el valor del tacto como sentido artístico.

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