Cultura - Arte

Bob Dylan exhibe su pintura en Londres y se compara con Kandinsky

Durante dos años y medio, el reciente premio Nobel de Literatura trabajó en una serie de paisajes de EE.UU. que ahora se exponen en Londres

Un hombre se hace un «selfie» ante un cuadro de Bob Dylan
Un hombre se hace un «selfie» ante un cuadro de Bob Dylan - Afp

En origen era cantante y compositor, y de los que marcan época. Luego se convirtió en un sorprendente Nobel de Literatura, lo que sulfuró a Vargas Llosa y otros sumos sacerdotes de la pluma. Ahora, a sus 75 años, parece que Bob Dylan también va en serio con el arte. Desde el pasado sábado hasta el 11 de diciembre, la galería londinense Halcyon, en New Bond Street, una elegante calle comercial, muestra una amplia exposición de sus óleos, acrílicos, dibujos a lápiz y esculturas, titulada «El camino trillado».

Bob Dylan
Bob Dylan- ABC

Los organizadores confían en que Dylan, «que ha estado muy implicado en todo el proceso», se pase a verla el próximo mes, camino de Estocolmo. El 10 de diciembre, el Rey Carlos Gustavo le entregará su cheque Nobel de 850.00 euros. Tras su enigmático silencio inicial parece que ahora aceptará de buen grado, según ha comentado al «Telegraph»: «Ha sido algo increíble, asombroso. ¿Quién puede soñar con algo así?»

Ferias de atracciones de pueblo. Carreteras vacías de horizontes lejanos. El puente de Brooklyn, con una añeja fábrica de helados a su sombra. Viejos coches de los años cincuenta en Ohio. Moteles en medio de ningún lugar. Siempre el vacío y la ausencia de personas. Dylan ofrece una buena colección de paisajes estadounidenses coloristas y más bien desolados, que evocan los años cincuenta y sesenta. Los han relacionado con la mística del camino, con el mundo beat de Jack Kerouac. Pero más bien parecen deudores del extraordinario Edward Hopper, aunque sin su mano maestra.

«He intentado mostrar la realidad como es, sin idealizarla. Estas pinturas son realistas -arcaicas, bastante estáticas, pero de naturaleza temblorosa-, contradicen el mundo moderno. Es lo que yo hago», señala el artista, que ha escrito un pequeño ensayo para el catálogo de la muestra. El texto cobra su interés, pues es lo primero que sale de su pluma ya con vitola de Nobel.

«Two sisters»
«Two sisters»

Hace dos años y medio, a la galería Halcyon se le ocurrió contactar con el músico para proponerle una serie de paisajes de EE.UU. «No tuvieron que decírmelo dos veces», cuenta Dylan, que aceptó el encargo con dedicación y disciplina.

Desde 1998, el formidable judío errante mantiene en danza el llamado «Tour que nunca se acaba», con más de cien conciertos al año. En la ruta sin fin lo acompaña siempre su libreta de dibujo, donde fue bosquejando la América que le interesa: «La Chinatown de San Francisco está a apenas dos manzanas de los edificios corporativos sin ventanas. Pero esas frías estructuras gigantes no tienen ningún sentido para mí», escribe el músico, que asegura que con sus cuadros buscó crear «poca o ninguna emoción».

También exhibe algunas de sus esculturas, compuestas con herramientas de trabajo unidas mediante soldadura. Dylan se crio en Hibbing, un pueblo minero de Minnesota, y asegura que se recuerda soldando hierro desde siempre. En principio era un pasatiempo para obsequiar a familiares y amigos (regaló una puerta de forja a Bill Clinton por su 65 cumpleaños). Ahora son arte de galería fina.

Aunque por biología debería estar en el ocaso y aunque sus dos últimos discos son recreaciones irrelevantes de clásicos de la era Sinatra, Dylan se ha convertido en una lucrativa factoría multimedia. La galería no informa del precio de sus cuadros, pero el catálogo de lujo de la muestra ya cuesta 500 euros. Sus series de grabados, con ediciones limitadas de 295 láminas firmadas, oscilan entre los 3.000 y los 14.000 euros.

Dylan no es un advenedizo en la pintura. La practicó desde sus días de recién casado en Woodstock. De sus pinceles salieron las portadas de su disco «Self-Portrait» -malo el cuadro y floja la música- y del excelente «Music from Big Pink» de The Band.

En su texto para el catálogo muestra profundo interés y conocimiento del arte. Asegura que ha empleado técnicas similares a la «cámara oscura», un instrumento óptico que emplearon grandes maestros de la antigüedad y que ha intrigado mucho a David Hockney, el mejor pintor inglés vivo. Dylan cita en concreto a Caravaggio, Van Eyck y Vermeer como usuarios del invento, aunque socarronamente reconoce que él ha conseguido lo mismo mediante una cámara de fotos Nikon D3300. También comenta que «he tratado de crear imágenes de dos dimensiones utilizando un sistema matemático» .

Pero lo mejor llega cuando se compara con los grandes maestros. Explica que Da Vinci tenía una pincelada «de imagen borrosa», Mondrian y Van Gogh, pintaban «líneas exactas que definen el volumen del espacio» y «en medio, en algún lugar, están Kandinsky y George Rouault, mis pinturas probablemente estarían en esta categoría».

El músico realizó la primera exposición de su arte en 2007, una muestra de sus acuarelas en Alemania. Ayer la galería londinense estaba de bote en bote, con mucho floreo de gente guapa. Fotos enormes del Dylan músico conviven con su plástica en tres enormes espacios blancos y neoclásicos. Dos portales más allá en la misma Bond Street, otra galería muestra un Chagall y un Botero en su escaparate. Ni caso.

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