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La «Duquesa de Alba de negro», de Goya, recobra su esplendor perdido

El próximo año, el Museo del Prado exhibirá los tesoros de la Hispanic Society de Nueva York. Uno de los más preciados se pone a punto en el taller de restauración de la pinacoteca española

El cuadro de Goya, en el taller de restauración del Prado
El cuadro de Goya, en el taller de restauración del Prado - MAYA BALANYÁ

El taller de restauración es el sancta sanctorum del Prado. Por allí van desfilando las obras maestras para su puesta a punto. En estos momentos coinciden dos Goyas, frente a frente, a escasos metros: «Carlos III, cazador», del Prado, y «La duquesa de Alba de negro», de la Hispanic Society of America. A sus 300 años, el monarca no quita ojo a la aristócrata. El retrato de la duquesa de Alba es uno de los cuadros que la institución neoyorquina ha mandado al Prado para su restauración. Formarán parte de la exposición, con dos centenares de tesoros de la Hispanic Society, que la pinacoteca española celebrará en 2017. Llegó al Prado tras la clausura, en enero, de la exposición de retratos de Goya en la National Gallery de Londres. Primero se hizo el estudio técnico del lienzo (radiografías, reflectografía infrarroja...) y en mayo la restauradora Almudena Sánchez emprendió la limpieza del cuadro, ya casi concluida.

Almudena Sánchez trabaja en la línea vertical que cruza el lienzo
Almudena Sánchez trabaja en la línea vertical que cruza el lienzo- MAYA BALANYÁ

Acompañada por Enrique Quintana, coordinador jefe de restauración y documentación técnica del Prado, hace un alto en su trabajo para mostrarnos los avances. Luce bata negra. Nos explica que «el blanco se refleja muchísimo en la pintura». El principal cambio se ha producido al eliminar el barniz amarillento oxidado de la última restauración, llevada a cabo en Nueva York en 1959. «El cuadro había perdido transparencia y dejaba todo muy turbio en un mismo plano –explica la restauradora–. Se ha recuperado la profundidad de la composición, el volumen del cuerpo, el impacto de la luz en los tejidos y los adornos de la falda (basquiña) y las mangas. Ahora se aprecia cómo modela la figura con la luz. Goya pinta los negros como muy pocos artistas: capas de tela negra transparente que dejan ver las capas interiores. Y lo hace con unos recursos técnicos impresionantes. Aprovecha el rojo de la base de preparación, un recurso muy típico de su técnica, para lograr esa vibración y transparencia. En la restauración del 59, al no conocer muy bien la técnica de Goya, cubrieron ese rojo de la preparación pensando que se trataba de desgastes».

Las palabras «Alba» y «Goya» no las incluyó el pintor en las sortijas que porta la duquesa. Fueron añadidas posteriormente
Las palabras «Alba» y «Goya» no las incluyó el pintor en las sortijas que porta la duquesa. Fueron añadidas posteriormente- MAYA BALANYÁ

Tampoco benefició nada a la obra, advierte Almudena Sánchez, un reentelado con cera, que es irreversible y aporta mucho peso y rigidez al cuadro. Se aprecia en su trasera. Incluso el bastidor está impregnado de cera. «Lo mejor es dejarlo así, no tocarlo. Está estable. Afortunadamente, la superficie pictórica está en muy buen estado, conserva todas las veladuras». Y eso que el lienzo ha tenido una vida muy ajetreada. Desde que lo vendió Javier Goya, hijo del pintor (estaba en el inventario de 1812) hasta que en 1908 lo compra Archer M. Huntington para la Hispanic Society, pasó por numerosas manos: el barón Taylor, las colecciones de Luis-Felipe en el Louvre, Croesvelt, Pereire, Bamberg, Sohege, Gimpel, Wildenstein...

En la restauración del 59 se descubrió la palabra «Solo», oculta en el suelo del lienzo, junto a «Goya»
En la restauración del 59 se descubrió la palabra «Solo», oculta en el suelo del lienzo, junto a «Goya»- MAYA BALANYÁ

Se elimina el fondo verdoso

Almudena Sánchez llama la atención sobre la parte superior del lienzo: una línea horizonal atraviesa toda la superficie. «En algún momento los propietarios lo doblaron, quizá para adaptarlo a un espacio determinado. En la radiografía se ve perfectamente esa línea, que provocó unas pocas pérdidas de pintura». Aunque la mayoría, muy pequeñas, se concentran en los bordes. Se aprecia también con nitidez una línea vertical que divide el cuadro en dos. «Corresponde a la costura de unión de los dos paños de la tela original, que siempre produce un mínimo relieve en superficie. Al reentelarlo, decidieron cortar la costura para eliminar ese pequeño abultamiento y se dañó». Falta aún por eliminar el resto de repintes y hacer la reintegración cromática de los daños «para recuperar la visión homogénea de la obra, que queda interrumpida. Se realiza con unos pigmentos especiales, muy estables y reversibles. Con un pincel muy fino se toca solo el daño en la pérdida de pintura. Nunca ese pincel toca la pintura original. Finalmente, se barnizará la obra con un barniz de resina natural, que también es reversible».

Los barnices amarillentos oxidados daban al fondo del cuadro un color verdoso. Ahora ha recuperado su tono grisáceo original
Los barnices amarillentos oxidados daban al fondo del cuadro un color verdoso. Ahora ha recuperado su tono grisáceo original- MAYA BALANYÁ

El fondo del lienzo se había tornado amarillento verdoso. Ha recuperado su tono grisáceo original. Tras la limpieza, se aprecian los recursos técnicos empleados por Goya, antes velados bajo el barniz: «Una técnica maravillosa, muy libre, con la que, a través de unos brochazos, llega a la abstracción. Es de una modernidad impresionante. Cómo se transparenta la seda de la chaqueta amarilla debajo del encaje de la mantilla, cómo impacta la luz sobre la malla dorada de la manga». Manuela Mena, especialista del Prado en Goya, advierte en un estudio del cuadro que en esta época «se transforma radicalmente su estilo, encaminándose hacia una fuerza expresiva con trazos enérgicos, empastados, precisos y cortantes». La diosa de rostro impasible y distante del «Retrato de la duquesa de Alba de blanco» (Palacio de Liria), dice, se convierte en este retrato, pintado en 1797, en una mujer de carne y hueso, con una mirada melancólica y triste. Está de luto por la muerte de su marido: luce mantilla negra y una faja de seda roja de capitán general, quizá en homenaje a su padre. Adorna su pelo una peineta de oro y nácar. En la restauración del 59 se descubrió la palabra «Solo», repintada y oculta en el suelo del lienzo, junto a «Goya». Ello realimentó la leyenda amorosa entre el pintor y la duquesa.

Uno de los propietarios dobló el lienzo. Una raya horizontal atraviesa toda la superficie de la tela
Uno de los propietarios dobló el lienzo. Una raya horizontal atraviesa toda la superficie de la tela- MAYA BALANYÁ

En el estudio técnico no se han hallado cambios en la composición. La radiografía, comenta Almudena Sánchez, «da un contraste muy difuso». En cuanto al paisaje del fondo parece que es Sanlúcar de Barrameda. Allí tenían los Alba un palacio donde la duquesa se recluyó tras la muerte del duque. Recuperar la imagen real de una pintura mítica como ésta, que estaba muy distorsionada y falseada, tiene, para Almudena Sánchez, «una enorme carga de responsabilidad, pero es emocionante y muy satisfactorio». «Ésta es una intervención importantísima, añade Enrique Quintana. Muchas instituciones norteamericanas habrían estado encantadas de haber restaurado esta obra. Sería un éxito para cualquier museo. Pero la garantía por la experiencia del Prado con Goya es única».

«El retrato de la duquesa de Alba de blanco» (1795), propiedad de la Fundación Casa de Alba, fue restaurado en 1984 por Rafael Alonso, jubilado en junio de la plantilla del Prado. Recuerda que, debido a los tres lienzos cosidos horizontalmente, había comenzado a desprenderse la pintura y a saltar el color. Hoy luce espléndido en el Palacio de Liria. En una histórica cita en 2004, las dos duquesas pintadas por Goya se reunieron en el Prado, flanqueando la entrada a la sala de «Las Meninas».

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