Cultura - Arte

Condenan en Francia a una banda que llegó a robar más de 6.000 obras de arte

El grupo, integrado por 38 ladrones y conocido como los «Cols rouges», ha sido condenado por sustraer durante años piezas de la casa de subastas Drouot, una de las más importantes del país galo

El uniforme de cuello rojo («cols rouges») de uno de los empleados de la casa se subastas
El uniforme de cuello rojo («cols rouges») de uno de los empleados de la casa se subastas - AFP

La Justicia francesa ha condenado a 38 ladrones pertenecientes a la banda de los «Cols rouges» o «Saboyards» que durante años se dedicaron a robar obras de arte a la prestigiosa casa de subastas parisina Drouot. El sistema utilizado por los malhechores era relativamente sencillo: los miembros de la banda pertenecían al servicio de transportes que la casa de subastas contrataba para el traslado de las obras.

La mayor parte de las piezas hurtadas estaban mal clasificadas y pertenecían a herederos que querían deshacerse de los bienes que les habían legado. Las casas de subastas esperan a acumular un lote importante de piezas de un mismo género para venderlas en subasta por lo que podían pasar muchos meses desde que una obra llegara al almacén de Drouot hasta que fuese puesta en venta o hasta que la familia preguntara por ella. Este periodo de tiempo, que podía llegar a ser de años, sumado a la caótica catalogación de ciertas piezas, jugaba a favor de los ladrones, ya que a menudo nadie se hacía consciente del delito. Después de haber robado las piezas en cuestión dejaban pasar un tiempo prudencial hasta que las vendían en otras casas de subastas o incluso en la misma Drouot.

La sentencia ha incluido penas de hasta tres años de cárcel, la mitad exentos de cumplimiento, y 60.000 euros de multa. El apodo de «Cols rouges» (cuellos rojos) viene del uniforme de la empresa a la que pertenecían. Los 49 acusados que se sentaron en el banquillo estaban perseguidos por robo de obras de arte y asociación de malhechores. Solo una decena de ellos, según detallaron los medios franceses, se libraron de una condena.

El sistema de estos delincuentes empezó a fallar cuando en 2009 la policía francesa realizó 147 registros de unos contenedores en Bagnolet, un suburbio de París. Durante esta operación aparecieron 250 toneladas de obras de arte sustraídas a Drouot, que gestiona más de 2000 subastas cada año o lo que es lo mismo 800.000 lotes. Toda esta operación se vio iniciada cuando tras una denuncia anónima, investigadores de la Oficina Central de Lucha contra el Tráfico de Bienes Culturales (OCBC) encontraron en casa de uno de ellos un cuadro de Gustave Courbet desaparecido cinco años antes en una herencia.

El proceso en el Tribunal Correccional de París por este escándalo, que acabó en su día con el monopolio del que gozaba su compañía en Drouot desde 1852, comenzó el pasado 14 de marzo y quedó visto para sentencia el 4 de abril. Algunos de sus protagonistas no perdieron su aplomo durante el juicio y alegaron que su prácticas eran aceptadas: «No nos escondíamos. ¡Revendíamos en Drouot! Un ladrón no hace eso», dijo uno de los procesados en el juicio.

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