Cultura - Arte

Colección Rupf: lección de mecenazgo

Amigos de Klee y Kandinsky, este matrimonio suizo ayudó a muchos artistas en sus carreras. Una selección de 70 obras llega al Museo Guggenheim de Bilbao

Tres retratos de Kahnweiler, realizados por Picasso, cuelgan en la exposición - EFE

Aparte de estupendos quesos y relojes, Suiza atesora grandes museos y algunas de las mejores colecciones de arte del mundo, como las de Ernst Beyeler, Rudolf Staechelin, Karl Im Obersteg o los protagonistas de esta historia, Hermann y Margrit Rupf, cuya colección viaja por vez primera a España. Si hay algo que define al coleccionismo suizo es su exquisita sencillez, lejos de las estridencias y fuegos de artificio tan habituales en las colecciones contemporáneas más punteras. No suelen estar las colecciones suizas hechas a golpe de talonario, ni siguiendo las modas. Todo lo contrario: son formadas por coleccionistas-mecenas muy entendidos, a los que les gusta apostar por artistas a los que conocen, ayudarles económicamente, comprarles obras en el momento en que las hacían y seguir muy de cerca la evolución de sus carreras.

«Horizontal dividida», de Kandinsky
«Horizontal dividida», de Kandinsky- KUNSTMUSEUM, BERNA

El Museo Guggenheim de Bilbao hace hueco en su calendario expositivo a la Colección Rupf, formada por obras maestras del cubismo, el surrealismo o la escuela de la Bauhaus, de artistas como Picasso, Braque, Juan Gris, Derain, Vlaminck, Léger... Con algunos de ellos el matrimonio Rupf mantuvo una gran amistad. Fue el caso de Kandinsky y, muy especialmente, Paul Klee. Cuando éste falleció en 1940, los Rupf tenían en su colección 26 obras suyas, a las que después incorporaron 16 más. Considerado «artista degenerado» por los nazis, y tras cerrar éstos la sede de la Bauhaus en Dessau, Klee se estableció en Berna, donde él y su esposa, Lily, fueron muy buenos amigos de los Rupf. Por medio de Paul Klee. los coleccionistas suizos conocieron a Vasily Kandinsky y su esposa, Nina, a comienzos de los años 30. La relación comenzó siendo meramente profesional: Rupf era su asesor financiero. Poco a poco comenzó a coleccionar obra suya y hoy son 15 las obras de Kandinsky en su colección.

Joyas cubistas

«Violín colgado en la pared», de Picasso
«Violín colgado en la pared», de Picasso- KUNSTMUSEUM, BERNA

Hermann Rupf conoció a Picasso a través de su gran amigo Daniel-Henry Kahnweiler, el mítico marchante del artista español. De hecho, se convirtió en uno de los primeros coleccionistas de su obra: en 1907 adquirió dos gouaches, «Follaje» y «Paisaje», que cuelgan en la exposición, junto a otras importantes obras de Picasso. 1907 fue un año crucial en su carrera, pues dio vida a «Las Señoritas de Aviñón». Un año después pintó «Cabeza de hombre», que, junto a «Casas de L’Estaque», de Braque, son dos obras clave para entender el nacimiento del cubismo. Ese mismo año Rupf adquirió ambos lienzos. Cuelgan en el Guggenheim, junto a un nutrido conjunto de obras de Picasso («Cabeza de muchacha», tres retratos de Kahnweiler y «Violín colgado en la pared», una de las joyas de la colección, que sale por segunda vez de Berna, tras su exhibición en el MoMA en 1941), Braque («Guitarra y frutero», «Palmatoria»...) y Gris («La botella de Banyuls», «Libro abierto»...), la «santísima trinidad» del cubismo.

Las comisarias de la muestra, Susanne Friedli y Petra Joos, han seleccionado dos obras adquiridas por Hermann Rupf en la subasta de pinturas y esculturas de maestros modernos procedentes de museos alemanes, celebrada en 1939:«Terraza de verano», de Macke, y «Vaca tumbada», de Mataré. Dudó adquirirlas. Creía que no era demasiado ético.

«Luna llena en el jardín», de Klee
«Luna llena en el jardín», de Klee- KUNSTMUSEUM, BERNA

En 1954 se creó la Fundación Rupf, cuyas obras (unas 250) depositó el matrimonio –no tuvieron hijos– en el Kunstmuseum de Berna. En los 90 se amplió la colección con la compra de obras de arte contemporáneo, con especial énfasis en el minimalismo y el movimiento Zero: Henri Laurens, Hans Arp, Donald Judd, Joseph Kosuth, James Turrell, Piero Manzoni, Lucio Fontana, Meret Oppenheim... Resulta muy curiosa la instalación «Pedestales de Berna» (2010), de Florian Slotawa: escogió cuatro esculturas de la colección (de Arp, Fueter, Laurens y Mataré) y las colocó sobre pedestales formados por muebles que decoraban la casa de los Rupf.

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