Cultura - Arte

El Capitán Trueno, la gran epopeya del cómic español

El Círculo de Bellas Artes inaugura la exposición «Tras los pasos del héroe», que se podrá contemplar hasta el 29 de enero de 2017

Veñeta perteneciente a «La voz de Zanku», de 1958
Veñeta perteneciente a «La voz de Zanku», de 1958

El Capitán Trueno no luchaba solo. Además de Goliath, Crispín y su prometida Sigrid, le acompañaron en sus viajes varias generaciones de niños españoles que también sujetaban la espada con valor y gritaban «Santiago y cierra España». Gracias a estas historietas descubrieron otras culturas, otros paisajes y un sentido de la justicia que no rendía cuentas a los poderosos. El Círculo de Bellas Artes, de Madrid, rinde homenaje a este personaje, uno de los más importantes del cómic de todos los tiempos, con la exposición titulada «Tras los pasos del héroe», que se podrá ver hasta el 29 de enero de 2017.

Con más de un centenar de dibujos (viñetas, cuadernillos, material autógrafo, carteles, portadas de la serie realizadas por Juan Bernal) y ediciones completas originales, la muestra incide especialmente en la conexión del héroe con las grandes narraciones de todos los tiempos: «A los once años me di cuenta de que la literatura universal copiaba al Capitán Trueno», comentó Juan Barja, director del CBA durante su presentación.

Efectivamente, en las aventuras ideadas por su guionista, Víctor Mora (1931- 2016), se cuelan argumentos sacados de «20.000 leguas de viaje submarino» de Julio Verne; «Moby Dick», de Herman Melville; «Cuentos de los mares del sur», de Jack London; «Ivanhoe», de Walter Scott o «La Ilíada», de Homero. También se puede seguir el rastro de Platón, Herodoto, Marco Polo, Edgar Allan Poe, Dumas, Rabelais, Rudyard Kipling...

Geografía e historia

El infante de la época se iba familiarizando con las grandes novelas de aventuras, con las mitologías artúricas y de los países escandinavos, y adquiría, de paso, conocimientos de geografía con esos recorridos a caballo, en barco o en un anacrónico globo areostático, capaz de conducir a los protagonistas a cualquier rincón del planeta. Patxi Lanceros, comisario de la exposición y profesor de Filosofía Política y Teoría de la Cultura en la Universidad de Deusto, explicaba que el día anterior a la inauguración de la muestra, su hijo de doce años se admiró por los conocimientos que su padre poseía sobre el tema del examen del lunes, las civilizaciones de los grandes ríos. Lanceros contestó: «Es que yo he estado allí». Y había estado, acompañando en sus viajes al Capitán Trueno, a Jabato y al Corsario de Hierro, todos ellos personajes creados por Víctor Mora.

El reciente fallecimiento del guionista, en agosto de este mismo año, ha convertido la exposición en un tributo a su figura. A él encargó la editorial Bruguera, en 1956, la creación de una serie en formato apaisado inspirada por «El príncipe Valiente», de Harold R. Foster, e «Ivanhoe», de Walter Scott. El primer número se tituló «A sangre y fuego», y del dibujo se encargó otro genio, Ambrós (Miguel Ambrosio Zaragoza, 1913-1992), que fue quien marcó la línea del dibujo de la colección.

Fue todo un éxito. La tirada semanal llegó a superar los 350.000 ejemplares. Lo cual no evitó que el mismo año de su aparición Víctor Mora pasara un tiempo en la cárcel por su militancia en el PSUC. Y es que se puede hacer una lectura de la historieta en clave política, de crítica antifranquista. Según cita Juan Barja, el Capitán Trueno animaba a los oprimidos campesinos a levantarse contra tiranos que solían ser «gordos, bajitos y calvos». Además, «nos encontramos con que hay moros buenos y malos, magos y magas, es asombroso».

Una mujer con carácter

Incluso se da la circunstancia de que el aventurero está acompañado por una mujer con la que no estaba casado, Sigrid de Thule, hija de rey y representativa de las primeras turistas suecas que llegaban a España. Una circunstancia, la del implícito amancebamiento, que fue puesto de manifiesto por la censura. «"Si los caso, se me acaba la historia, y entonces, ¿de qué como?"», cuenta Barja que contestó el guionista cuando fue inquirido por lo censores acerca de la delicada cuestión.

Por si fuera poco, la rubia no se contentaba con ser eternamente rescatada por el héroe masculino, sino que ella misma empuñaba el arma para desfacer entuertos y castigar agravios en cuanto tenía oportunidad.

Debido al volumen de trabajo por la alta demanda la serie tuvo varios dibujantes y guionistas, aunque siempre bajo la supervisión de Víctor Mora. Duró hasta 1968. A partir del año siguiente se hizo una reedición a color, y en los años ochenta revivió el personaje con un tono más picante, pero no alcanzó, ni de lejos, la misma popularidad.

Literatura, arquitecturas e inventos

La muestra se divide en varios bloques. Por un lado se muestran las referencias literarias antes señaladas. El segundo nos habla de las arquitecturas reflejadas en sus viñetas, como la Gran Muralla China, las pirámides de Egipto, el sitio arqueológico de Chichen Itzá, las mastabas persas o las aldeas y castillos medievales de Europa. Por último, se pone de manifiesto la tecnología adelantada a su época que aparece en las aventuras, como submarinos, robots o el mismo globo aerostático, que abrían un mundo de posibilidades aventureras.

Se vende asimismo un catálogo con prólogo de Patxi Lanceros y artículos de Juan Calatrava, profesor de Historia de la Arquitectura en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Granada, y José Manuel Sánchez Ron, físico y académico de la RAE, más una entrevista realizada a Víctor Mora para el XL Semanal en 2011; en él se reproducen las portadas de Juan Bernal y los dos cuadernillos completos que se pueden contemplar en la exposición, los de «¡Peligro a la orden!» y «Zargoff el belicoso».

Por último, la muestra se completa con varias conferencias sobre el mundo del cómic y un ciclo de cine dedicado especialmente a las leyendas artúricas, como «El príncipe valiente» (Henry Hathaway, 1954), «Perceval, el galo» (Eric Rohmer, 1978) o «Merlín» (Adolpho Arrieta, 1990). Se ha dejado a un lado, de forma deliberada, a la película «El Capitán Trueno y el Santo Grial», (Antonio Hernández, 2011), ya que, según Lanceros, fue una decepción, y no solo por la falta de presupuesto, sino porque no había «una comprensión del personaje, ni del entorno ni de lo que representaba».

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