Bill Viola, ayer ante la fachada del Museo Guggenheim de Bilbao
Bill Viola, ayer ante la fachada del Museo Guggenheim de Bilbao - EFE

Bill Viola: de lo espiritual en el arte

El Museo Guggenheim de Bilbao dedica en su vigésimo aniversario una amplia retrospectiva al célebre videoartista norteamericano

BilbaoActualizado:

Resultaba verdaderamente emotivo y conmovedor ver este miércoles a Bill Viola sentado junto a Blake, su hijo mayor, contemplando uno a uno sus trabajos incluidos en la gran retrospectiva que le dedica, hasta el 9 de noviembre, el Guggenheim de Bilbao en su vigésimo aniversario. Bien podría ser la escena de uno de sus vídeos. Intensas emociones superpuestas: los relatos que narran esos vídeos, la propia historia del artista... En una sala contigua, su esposa y colaboradora, Kira Perov, era entrevistada por una televisión. Es ella quien está atendiendo a los medios. Bill Viola pasa por un delicado estado de salud: una enfermedad está minando la privilegiada mente de uno de los grandes artistas contemporáneos.

«Los soñadores» (2013)
«Los soñadores» (2013)- CORTESÍA BILL VIOLA STUDIO

Viejo conocido de España (ya estuvo en 2004 en el museo bilbaíno), su última gran exposición hasta la fecha fue en el Grand Palais de París en 2014, visitada por casi 300.000 personas. Ahora, el Guggenheim repasa cuatro décadas de trayectoria, a través de 27 proyectos (de «Cuatro canciones», de 1976, a «Nacimiento invertido», de 2014), en una gran exposición, patrocinada por Iberdrola, que recorremos con su comisaria, Lucía Agirre. No hay audioguías, ni textos de sala. El propósito es que el visitante se deje llevar por la contemplación de estas obras tan bellas como fascinantes e hipnóticas. Paisajes interiores proyectados sobre materiales tan diversos como plexiglás, granito, espejo, velos o la propia pared, a modo de fresco renacentista, en unas videoinstalaciones sofisticadas, complejas, de una altísima calidad técnica. Una delicatessen para degustar pausadamente, sin prisas. «He llegado a comprender que el lugar más importante en el que mi obra existe no es el espacio museístico, ni la sala de proyección, ni la televisión, y ni siquiera la misma pantalla de vídeo, sino la mente del espectador que la ha contemplado», comentó en cierta ocasión el artista.

Curioso e inquieto hasta la saciedad, estudió muchas de las religiones y culturas del mundo, que ha conocido viajando por todo el planeta. Para saber cómo funcionaba su privilegiada cabeza resultan muy interesantes sus cuadernos (en el espacio didáctico del museo hay alguno digitalizado). Es su laboratorio, su mapa de ideas. Algo así como el «storyboard» de sus vídeos. Comprobamos que no deja nada al azar y la improvisación. Es metódico y disciplinado hasta el extremo. Humanista y virtuoso del vídeo, aborda, siempre con exquisita sensibilidad, asuntos como la belleza, la trascendencia, la memoria, la vida, la muerte... De lo espiritual en el arte, que diría Kandinsky en su célebre ensayo publicado en 1911. Conoce como pocos la Historia del Arte. Admira la obra de Pontormo, Giotto, Masaccio, Durero, Zurbarán, Masolino... Artistas que pintaban cosas invisibles. Él siempre quiso hacer lo mismo con el vídeo. Y lo ha conseguido.

Un hombre contempla dos vídeos de Bill Viola en una de las salas de la muestra
Un hombre contempla dos vídeos de Bill Viola en una de las salas de la muestra- EFE

Obsesión por el agua

El agua es uno de los ejes de su trabajo, entendido como metáfora del renacer. Para entender esa obsesión hay que recurrir a su biografía. A punto estuvo Bill Viola de morir ahogado a los 6 años. Lo sacó del agua «in extremis» su tío. Un hecho que le marcaría de por vida. «Los soñadores» (2013), presente en la exposición, pertenece a la serie «Retratos de agua». Siete grandes pantallas de plasma ocupan toda una sala. En ellas, siete personas bajo el agua, con los ojos cerrados. Al verlos, tenemos una sensación placentera. El agua se repite en otras muchas videoinstalaciones. Como «Nacimiento invertido» (2014), espectacular vídeo proyectado sobre una pantalla de cinco metros anclada al suelo. Representa el ciclo vital, a través del flujo de fluidos, del nacimiento a la muerte, pero a la inversa: tierra, sangre, leche, agua y aire.

«Nacimiento invertido» (2014)
«Nacimiento invertido» (2014)- CORTESÍA BILL VIOLA STUDIO

La pieza más compleja y de mayor envergadura de su carrera, «Avanzando cada día» (2002), ocupa otro espacio del museo, con cinco proyecciones simultáneas sobre la pared: «El nacimiento del fuego», «La senda», «El diluvio», «El viaje» y «La primera luz». La producción duró seis meses: necesitó un director de fotografía, especialistas en efectos especiales, estilistas, iluminadores, 150 extras... Coordinó el proyecto el productor de Hollywood S. Tobin Kirk. Viola usó por primera vez las nuevas cámaras de alta definición. Es un encargo del Deutsche Guggenheim de Berlín. Se presentó en el Guggenheim de Nueva York en 2002. Pero el Viola más sencillo, sin tanto artificio, resulta mucho más emocionante. Los vídeos de este proyecto resultan un tanto impostados: gente caminando por el bosque (el camino de la vida), una barca en la que trasladan a un anciano que acaba de morir (la laguna Estigia), la mujer que espera en vano a su hijo muerto (este aflora a la superficie del agua y asciende al cielo)... Hay homenajes a Giotto y hay quien también ve a Hopper. A Viola le impresionaron los frescos italianos de Giotto en la Capilla de los Scrovegni de Padua y los de Luca Signorelli en San Brizio (Orvietto).

Todo lo contrario ocurre en otra sala de la exposición. En la penumbra, un hombre en busca de la inmortalidad y una mujer en busca de la eternidad. Dos vídeos en color proyectados sobre sendas losas de granito. Recuerdan a «Adán» y «Eva» de Durero. Es tal calidad de la proyección que las figuras parecen a punto de salir a nuestro encuentro. Un hombre y una mujer de avanzada edad, ambos desnudos, exploran con detenimiento, ayudados por unas linternas, sus cuerpos en busca de alguna evidencia de enfermedad. En la sala contigua, otra de las piezas más hermosas: «Tres mujeres» (2008), de la serie «Transfiguraciones». Las protagonistas atraviesan un velo de agua, pasando de la oscuridad a la vida. Es de una gran complejidad técnica: un ingeniero tuvo que unir cámaras en color y en blanco y negro. Más de ocho metros de altura tiene la pantalla en la que se proyecta «Vigilia nocturna». En la temporada 2004-2005, Gérard Mortier encargó para la Ópera de París un montaje de «Tristán e Isolda» a Peter Sellars, Esa-Pekka Salonen y Bill Viola, que después se vería en el Teatro Real de Madrid. Viola reeditó algunas imágenes como piezas autónomas, a las que incluyó sonido. Es el caso de «La ascensión de Tristán» y «Mujer fuego».

Una de las cinco proyecciones de su proyecto más complejo, «Avanzando cada día» (2002)
Una de las cinco proyecciones de su proyecto más complejo, «Avanzando cada día» (2002)- EFE

Nacimiento y muerte

En febrero de 1991 muere la madre de Bill Viola. Nueve meses después nace su segundo hijo, Andrei. En 1992 crea «Cielo y tierra», donde celebra el ciclo de la vida: el nacimiento y la muerte. La pieza está formada por un pilar de madera y dos pequeños monitores enfrentados con las imágenes de su madre ya agonizante y su hijo pocos días después de nacer. La muerte de su padre en 1999 fue otro varapalo emocional para Viola y el origen de una de sus series más hermosas: «Las Pasiones». En una sala se exhiben tres vídeos: «La habitación de Catalina» -cuatro vídeos basados en «Santa Catalina de Siena rezando», de Andrea di Bartolo Cini, que recuerdan abiertamente pinturas de Vermeer-, «Rendición» -una versión del mito de Narciso revisitado en una doble pantalla- y «Cuatro manos» -las de tres generaciones (hijo, padres y abuela), que evocan los estudios anatómicos del Renacimiento-.

«La ascensión de Tristán» (2005)
«La ascensión de Tristán» (2005)- CORTESÍA BILL VIOLA STUDIO

Y más referencias a la Historia del Arte. «El saludo» (1995) está inspirado en «La Visitación», de Pontormo. Es una de las obras que Viola realizó para el pabellón de Estados Unidos en la 46 Bienal de Venecia. Otra es «Velos»: proyecciones sobre finas capas paralelas de tela traslúcida suspendidas en el centro de una sala oscura.

Por ponerle un pero a la exposición, echamos en falta obras importantes en su producción. Como «Mártires (tierra, aire, fuego, agua)», de 2014, instalada en la catedral de San Pablo de Londres. En 2016 se une una segunda pieza, «María». El martirio cristiano ha sido ampliamente representado en la Historia del Arte y Viola también quedó seducido. Tampoco están célebres piezas como «Aparición», basada en la «Piedad» de Masolino; o «El quinteto de los estupefactos», inspirado en «La coronación de espinas», del Bosco. Lo adquirió el Metropolitan de Nueva York, primera videoinstalación de su colección.