Cultura - Arte

Arquitectos españoles, contra la «estupidez» del «buen diseño» en la Bienal de Estambul

Bajo la pregunta de «¿Somos Humanos?», la Bienal lleva a cabo una amplia reflexión entre la relación del ser humano y el diseño

Proyecto sobre cómo los nuevos medios virtuales alteran nuestra idea tradicional de espacio - Sahir Uğur Eren
Proyecto sobre cómo nuestros antepasados imaginaban el diseño para equipar al hombre del futuro
Instalación de Juan Herreros sobre los nuevos roles que la figura del diseñador actual
JAVIER PÉREZ DE LA CRUZ Corresponsal En Estambul - Actualizado: Guardado en: Cultura , Arte

El diseño ha conquistado hasta el último resquicio de la vida diaria. Está en la calle, en cada habitación de los hogares y hasta dentro de los bolsillos. El diseño ha entrado en la política y se ha apoderado del influyente campo de la economía. Una de las empresas más rentables de la historia, Apple, basa su éxito en el diseño de sus productos.

Este inmenso poder del «buen diseño», de la estética por la estética, es el que la Bienal de Estambul, una de citas culturales más destacadas de la capital del Bósforo, quiere cuestionar. Una actitud rompedora en el mundo de las exposiciones y convenciones de arte y diseño. «Tradicionalmente las bienales de diseño son como ferias de mercado: "mira la última lámpara o la última silla"», señala la arquitecta española Beatriz Colomina, comisaria de la exposición. «En general son una pérdida de tiempo», añade su colega neozelandés Mark Wigley, el otro comisario de la bienal. «Este es un espectáculo anti-comercio. El papel de esta exposición es ser una máquina de reducción de la estupidez. Simplemente tratar de quitarnos de encima todas las sandeces sobre diseñadores que podamos».

Bajo la pregunta de «¿Somos Humanos?», la bienal lleva a cabo una amplia reflexión entre la relación del ser humano y el diseño. Para ello se han habilitado, en cinco espacios localizados en diferentes puntos de la ciudad, 70 proyectos elaborados por más de 250 participantes. Entre estos no solo hay diseñadores o arquitectos, sino que para «iniciar por primera vez esta necesaria conversación sobre el papel del diseño», los comisarios también han reunido los esfuerzos de artistas, teóricos, coreógrafos, cineastas, historiadores y arqueólogos.

El lema que acompaña al título de la Bienal muestra la ambición de los autores por cubrir la historia de la humanidad: «El diseño de las Especies: 2 segundos, 2 días, 2 años, 200 años, 200.000 años». Y no solo el espacio cronológico hace de esta acontecimiento cultural un ejercicio intelectual casi interminable. Los proyectos cubren cuatro sectores temáticos, o cuatro «nubes», como los comisarios los califican: «Diseñando el Cuerpo», «Diseñando el Planeta», «Diseñando la Vida» y «Diseñando el Tiempo».

Así pues, entre las instalaciones artísticas se pueden encontrar proyectos que reflexionan sobre cómo los nuevos medios virtuales alteran nuestra idea tradicional de espacio, el nacimiento del nuevo híbrido de humano y teléfono móvil (el «homo celular»), nacido en 1983 con la aparición de los primeros móviles, o sobre cómo nuestros antepasados imaginaban el diseño para equipar al hombre del futuro. Cada sección de la exposición es un nuevo vistazo, una ventana abierta, completamente diferente a la anterior, a la huella dejada por el ser humano en las diferentes capas de la realidad.

Una de las principales críticas que lanza la exposición es que el «buen diseño» es «anestésico» y que gran parte de lo que los humanos diseñan sirve para «abandonar» o «desatender» a otros seres humanos. La instalación sobre refugiados es, sin duda, donde más patente queda esta idea.

En la Bienal participan numerosos autores españoles. Además de la comisaria, Beatriz Colomina, también juega un papel fundamental Andrés Jarque, el arquitecto de la propia exposición. Asimismo, diversos proyectos tienen acento español, como «El Diseñador Diseñado por Humanos», realizado por el equipo liderado por Juan Herreros, donde se analiza la importancia del papel del diseñador y cómo se ha transformado su figura en la sociedad actual. Si el diseño se ha convertido en una pieza fundamental de nuestras vidas, el poder de los diseñadores va mucho más allá de crear un producto bonito y atractivo.

«Hace falta un diseñador dialogante, capaz de negociar con muchos agentes, que tenga un buen diálogo con la industria pero también con las personas y los diferentes colectivos», explica a través del teléfono el responsable de estudio Herreros. «Tiene que ser, además, un personaje que rebaja su presión protagonista para ceder espacio a esas personas que ocupan la mesa con él».

Esta es una de las ideas presentes en la Bienal con las que se pretende acabar con la especie de dictadura del diseño estético en la que vivimos. Los comisarios tienen presente que esta exposición no se traducirá en grandes cambios en el mundo. «No vamos a lograr la paz en Oriente Próximo», en palabras del Mark Wigley, pero «tenemos que comenzar a juntar a las mejores mentes para encontrar una alternativa». Y el primer paso es conseguir que los visitantes de esta Bienal de Estambul reflexionen y se pregunten a sí mismos si siguen siendo humanos.

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