«Autorretrato» (1986), de Andy Warhol. Detalle - THE ANDY WARHOL MUSEUM, PITTSBURGH

Andy Warhol, que estás en los cielos

Una exposición en CaixaForum Madrid reúne todos los iconos del artista que sedujo al siglo XX... y al XXI

MadridActualizado:

Los quince minutos de fama que proclamaba para todos no parecen tener fin para Andy Warhol (1928-1987). Subió a los cielos del mercado y de allí no hay quien lo baje. Hasta el mismísimo Vaticano lo ha «santificado»: prepara una exposición con sus obras, que siguen seduciendo a generación tras generación. Haría falta un posgrado universitario para explicar el motivo de tal fascinación. Podremos entender algo mejor el fenómeno Warhol visitando la retrospectiva, coproducida por la Obra Social «la Caixa» y el Museo Picasso Málaga, que reúne 348 piezas de 30 prestadores y que hoy abre sus puertas en CaixaForum Madrid (Paseo del Prado, 36, hasta el 6 de mayo). En su sede de Barcelona fue visitada por 228.000 personas. La recorremos acompañados por el comisario, José Lebrero, director de la pinacoteca malagueña. Ahí está todo Warhol: de sus inicios como dibujante publicitario e ilustrador comercial a los trabajos que le alzaron como estrella de la contracultura neoyorquina y el pop art.

No siempre tuvo tal magnetismo y carisma. Aquel chico de Pittsburgh enfermizo, retraído, acomplejado por sus defectos físicos y pegado a la falda de su madre (era hijo de emigrantes checos), un don nadie, se convirtiría en el rey de Manhattan. Ya apuntaba maneras de pequeño: coleccionaba cromos de estrellas de Hollywood, una de sus obsesiones. Se apropió de imágenes icónicas, recortadas de periódicos y revistas. Y, como si fuera una cadena de montaje más, reproducía y repetía esas imágenes en múltiples serigrafías.

Su «santísima trinidad»

«Marilyn Print» (1967), de Andy Warhol
«Marilyn Print» (1967), de Andy Warhol- THE ANDY WARHOL MUSEUM, PITTSBURGH

Marilyn Monroe, Elizabeth Taylor y Jackie Kennedy fueron su «santísima trinidad». Aparte de ser iconos universales, le interesaba la idea de la muerte que sobrevoló a las tres. Así, retrató a Marilyn unos días después de fallecer; a Jackie, tras la muerte de John F. Kennedy y en su entierro; a Liz, tras una neumonía vírica y un intento de suicidio. Pero también aparecen en su peculiar galería de iconos Elvis, Brando, Mao... Tras el histórico viaje de Nixon a China, Warhol convierte a este último en una estrella de cabaret. Lo maquilla, le pinta los labios con carmín...

Dos personas ante la obra «Campbell Soup» (1968), de Andy Warhol, en la exposición
Dos personas ante la obra «Campbell Soup» (1968), de Andy Warhol, en la exposición - EFE

Pero no todas sus musas fueron tan glamurosas. Al igual que hizo Duchamp con su urinario, Warhol alzó a los altares del arte productos de la sociedad de consumo salidos de las estanterías del supermercado, como la Coca-Cola, las cajas Brillo, el kétchup Heinz y las latas de sopa Campbell. Contaba el artista que, durante veinte años, almorzó cada día sopa de tomate Campbell. Estas marcas debían ponerle un monumento. ¡Qué campaña de marketing les hizo! Hasta con cupones de descuento hizo obras que hoy cuelgan en el MoMA. Una de ellas está en la muestra. Su objetivo, democratizar el arte: la misma Coca-Cola la podía beber un presidente o un vagabundo. «Ningún artista había convertido la práctica artística en un proceso tan colectivo, pluridisciplinar, experimental, comercial y diversificado como él», advierte José Lebrero.

Cuenta el comisario que en su primera exposición, celebrada en 1962 en Los Ángeles, vendió solo una obra, que, por cierto, la compró el actor Dennis Hopper. Tres años después, más de 4.000 personas inundaron el Institute of Contemporary Art de Filadelfia. Hubo que descolgar sus obras por seguridad. Un día le preguntó a Warhol una amiga: «¿Qué es lo que más te gusta?» No lo dudó un instante. «Empecé a pintar dinero», confesaba sin pudor. El dólar se hace hueco en la iconografía warholiana. Lebrero lo ve como una especie de Don Draper en «Mad Men». Quería ser un empresario artista o un artista empresario. Fue su mejor obra de arte y convirtió su apellido en una marca, en un reclamo publicitario imbatible.

Una mujer observa varias «Vacas», de Warhol en la exposición «Andy Warhol. El arte mecánico» en CaixaForum Madrid
Una mujer observa varias «Vacas», de Warhol en la exposición «Andy Warhol. El arte mecánico» en CaixaForum Madrid - EFE

Vacas fucsia y nubes de plata

En una sección de la muestra se exhiben piezas de la colección Paul Maréchal de Canadá: carteles, portadas de discos, anuncios publicitarios, libros... Todo el mundo puede tener hoy un Warhol. En la tienda de CaixaForum, customizado con el papel pintado con vacas fucsia y amarillo con el que Warhol empapeló la galería Leo Castelli, venden un sinfín de objetos warholianos: platos, tazas, jabones, monopatines, latas de sopa, bolsas con el lema:«Soy una persona profundamente superficial»...

Warhol fue en realidad Warhol S. L., empresa con sede propia: la mítica Factory. Forró sus paredes de papel plata y llenó la galería Leo Castelli de nubes de plata. Se autorretató envuelto en oro, como las modelos de Klimt. Le fascinaba lo artificial, todo lo que brilla y reluce. Vio como nadie el potencial de los medios de comunicación. Creó la revista «Interview» y tuvo hasta su propio canal de televisión: Warhol TV. Siempre contradictorio, era católico de misa dominical, pero daba rienda a sus pasiones en fiestas salvajes en la Factory o en el mítico Studio 54.

Mucho antes de que Valerie Solanas, una feminista esquizofrénica, tratara de acabar con su vida disparándole con un revólver (una impresionante foto de Avedon muestra su cuerpo cosido por enormes cicatrices), la muerte siempre rondó por su cabeza, que, por cierto, adornaba con pelucas platino. Pintó accidentes de coche –su récord en subasta es de 105,4 millones de dólares por «Silver Car Crash (Double Disaster»)–, catástrofes, sillas eléctricas, vanitas, pistolas, cuchillos... Y hasta dedicó una serie a los delincuentes más buscados de América con sus fichas policiales: «Most Wanted Men».

Un hombre pasa ante la obra «Pistola» (1981), de Andy Warhol
Un hombre pasa ante la obra «Pistola» (1981), de Andy Warhol - EFE

Aceptó hacer por encargo numerosos retratos. Cuelgan en la exposición los deMohamed Alí, el Sha Reza Phalevi y Farah Diba, Giorgio Armani, el escultor malagueño Miguel Berrocal... También está presente su afición al cine experimental. Entre 1964 y 1966 creó las «Screen Test», películas mudas de entre 3 y 4 minutos en las que pone frente a su cámara a Dalí, Duchamp, Susan Sontag, Bob Dylan... En una sala anexa, se reconstruye la mítica instalación multimedia «Exploding Plastic Inevitable», una «orgía» de luz, música y baile que Warhol y The Velvet Underground llevaron de gira por Estados Unidos. La colaboración entre el artista y el grupo de Lou Reed, John Cale, Niko... dio mucho de sí. Incluida la mítica portada del plátano. En otro apartado, alguno de los retratos más famosos de Warhol firmados por Avedon, Mapplethorpe, Makos, Schommer...

Y su obra llegó a la Luna

Su obra ha llegado hasta la Luna. Y no es una metáfora. El escultor Forrest Myers creó unas pequeñas placas de cerámica en las que se grabaron dibujos de seis artistas. Incluido Warhol, quien jugó con sus iniciales creando un pictograma: podían ser sus atributos sexuales o una aeronave. Dicen que una de las placas viajó en el Apolo 12 y está en la Luna. Cierra la exposición una de sus pinturas oxidadas con orina. Parece un cuadro abstracto. A Warhol le gustaría saber que sus iconos pop se codean estos días en Madrid con «Las Meninas» y el «Guernica».