Carlos Espinosa de los Monteros

Una tarea ilusionante

Carlos Espinosa de los Monteros
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Difícilmente puede entenderse la construcción y el desarrollo de Marca España sin el que quizá sea el activo atributo más importante: la lengua. El nuestro es un idioma —son cifras del Instituto Cervantes— hablado como lengua materna por más de 477 millones de personas (la segunda del mundo tras el chino mandarín); si sumamos a cuantos tienen competencia limitada en español o lo están aprendiendo, la cifra alcanza los 572 millones.

Este enorme volumen de hablantes convierte al español en una herramienta global de comunicación (es la tercera más usada en internet) y en una llave que abre puertas en el futuro profesional de quienes la hablan y la estudian.

Esa población, en permanente crecimiento, y esa utilidad práctica como lengua global serían por sí mismas motivos más que suficientes para reconocer al español un lugar de especial relevancia en la construcción de la imagen exterior de nuestro país. Pero el valor de nuestra lengua va más allá: es el vehículo privilegiado para acceder al enorme patrimonio cultural de la comunidad que habla español en todo el mundo.

La promoción del español es la promoción de España. Fomentar el crecimiento de su estudio como segunda lengua, reforzar su posición como lengua de trabajo en foros internacionales o mejorar su presencia en los avances de la era digital y la inteligencia artificial —sirvan estos ejemplos— significa fomentar, reforzar y mejorar la imagen exterior de España y su posición internacional.

En las últimas décadas se ha hecho mucho por diversos organismos, entidades e instituciones para aunar esfuerzos con los de los países hermanos del otro lado del Atlántico, con quienes compartimos lengua y cultura, y ahora entre todos estamos en disposición de impulsar nuestra lengua y su conocimiento en el mundo.

En la estrategia de promoción del español, Marca España cuenta con quienes más saben de la enseñanza, el estudio, la difusión, el uso y la defensa del español: el Instituto Cervantes y la Real Academia Española (junto a la Asociación de Academias de la Lengua Española).

La tarea es ilusionante porque va unida a velar por un tesoro de un valor inmenso: valor histórico, valor cultural, valor sentimental y, también, valor económico. Trabajar en la promoción de español es ponerse al servicio de un patrimonio propiedad de cientos de millones de hablantes y que constituye la creación más alta de la comunidad hispana.

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