El «Sube-Baja-Clip», que ayudaba a las mujeres a subirse la cremallera del vestido
El «Sube-Baja-Clip», que ayudaba a las mujeres a subirse la cremallera del vestido - ABC

Quién se escondía detrás del profesor Franz de Copenhague

Ediciones B publica los más de mil ingenios creados por el historietista Ramón Sabatés para la sección «Los grandes inventos de TBO

MadridActualizado:

El 8 de enero de 1935, en el número 920 de la revista TBO, aparecía por primera vez un personaje que pronto se haría familiar para los lectores, infantiles y adultos, de la popular publicación: el profesor Franz de Copenhague. Se trataba de un adusto científico -a juzgar por el dibujo de su rostro que mostraba la revista- era el autor de una serie de descabellados, estrafalarios e ingeniosos inventos con los que TBO quería contribuir al bien de la humanidad y a hacer más fácil la vida de sus semejantes. Un dispositivo para evitar los tan recurrentes cabellos en la sopa; una máquina para doblar sábanas; un ingenio para hacer tortillas con los huevos recién puestos por las gallinas; un sistema para evitar que las aceitunas salten por los aires al intentar pincharlas con un palillo; o un clip para ayudar a las mujeres a subir la cremallera de sus vestidos.

En realidad, no se trataba de una novedad. Quince años antes, en 1920, había aparecido la sección «Los inventos de TBO», a semejanza de publicaciones como la francesa «Pêle-Mêle» o las tiras que realizaba el estadounidense William Rube Goldberg bajo el título «The inventions of Professor Lucifer Gorgonzola Butts».

Detrás del profesor Franz de Copenhague se escondían varios dibujantes, entre ellos Nit, Serra, Massana, Benejam, Albert Mestre, Maurice Cuviller y, sobre todo, Sabatés, quien en mayor número de ocasiones se encargó de la sección.

Sabatés era el nombre de guerra de Ramón Sabatés (1915-2003), un historietista barcelonés que había trabajado en publicaciones de la época como «Cholito», «Pulgarcito» «Pocholo» o «Jaimito». En 1934 publicó por vez primera en TBO, revista a la que permanecería vinculado durante más de medio siglo. Su condición de perito mecánico le permitió afinar sus inventos. Durante los años en que estuvo trabajando en esta sección (de 1943 a 1998), Sabatés dibujó más de un millar de inventos. Ediciones B los ha recogido en un voluminoso libro titulado «Los grandes inventos de TBO», editado con la colaboración de Luis Giralt, que ha cedido y seleccionado el material, y Antonio Guiral. «Aunque Sabatés no fuera su creador -dice este último-, “Los grandes inventos de TBO” es una sección íntimamente ligada a él, no ya solo por la enorme cantidad de ingenios que nacieron de su fértil imaginación, sino porque algunos de estos se cuentan entre los más recordados por los lectores de TBO».

«Todos estos inventos que dibujé eran trasladables a la realidad -dijo el propio Sabatés en una entrevista en 2001, dos años antes de su muerte-, calculados para funcionar como indicaba mi dibujo, si alguen hubiera querido fabricarlos». El historietista, de hecho, llegó a fabricar varios de ellos. Uno, el de la «máquina-guillotina para cortar las puntas de los puros», se conserva en el Museo del Juguete que se encuentra en la localidad gerundense de Figueras.