El director del museo, Josep Giralt, en la sala dedicada a Sijena | Vídeo: El 155 obliga a la devolución de 44 piezas - Inés Baucells

Museo de Lérida: viaje al centro de la disputa por el tesoro de Sijena

Compás de espera en el museo catalán después de que el Gobierno ordenase la devolución a Aragón de las 44 piezas de Sijena que forman parte de su colección

LéridaActualizado:

Es jueves; el equipo de la ciudad, un modesto Segunda B, acaba de zamparse a la Real Sociedad en los dieciseisavos de la Copa del Rey y el jaleo de escolares amontonados a las puertas del CaixaForum contrasta con la calma que reina en las inmediaciones del Museo de Lérida. El fútbol es el tema del día, y sólo el sonido de un taladro que va y viene rompe el silencio casi litúrgico que reina en la recepción. «¡Parece Sijena esto ya con tantos periodistas!», exclama de pronto un visitante que irrumpe en busca de la salida. «Bueno, ya lo tienen, ya es suyo», añade sin dirigirse a nadie en concreto mientras se pierde en el frío de la mañana ilerdense.

Los periodistas, claro, están dentro, tomando notas y memorizando mentalmente todos los detalles de siete piezas muy concretas, pero en la entrada todo es silencio y contención. Nadie diría que el museo celebra el décimo aniversario de su inauguración con una jornada de puertas abiertas y nadie diría tampoco que, tras esas puertas repletas de emes y elles, anida uno de los conflictos patrimoniales más enconados de las últimas décadas. Así que quien busque carteles reivindicativos, frases altisonantes o incluso alguna barricada, como se llegó a proponer desde las siempre imaginativas redes sociales, tendrá que conformarse con el ruido del taladro y, ahí es nada, con una exquisita colección que se nutre de los fondos del Instituto de Estudios Ilerdenses y del antiguo Museo Diocesano de Lérida, fundado en 1893, para trazar un arco narrativo que abarca desde el paleolítico al barroco.

A la vista, una exposición permanente que suma más de un millar de objetos expuestos entre tapices, mobiliario, bienes arqueológicos, pinturas, esculturas y objetos eclesiásticos. Un patrimonio rico y variado que, sin embargo, anda estos días eclipsado por el llamado «tesoro de Sijena», esas 44 piezas que las monjas Sanjuanistas del Monasterio de Sijena depositaron en 1970 en el Museo Diocesano de Lérida, cuando se trasladaron a vivir a Valldoreix (Barcelona), y que la Generalitat compró por 10 millones de pesetas en 1983. Una venta que tanto el Juzgado de Primera Instancia de Huesca en 2015 como la Audiencia Provincial de Huesca esta misma semana han declarado nula y que invita a contemplar de cerca los bienes de la discordia. Máxime después de que el Gobierno haya ordenado esta misma semana la devolución de los bienes a Aragón. Sólo siete de los 44 se exhiben de forma permanente, pero resumen a la perfección el esplendor medieval del monasterio que fundó en el 1188 la Reina Doña Sancha de Aragón.

Los «Messi» de Sijena

«Estos son como nuestros Messi. No tienen equivalente», explica uno de los conservadores de arte medieval del museo. A su lado, el Messi en cuestión no es un futbolista argentino achaparrado, sino tres sepulcros de madera policromada del siglo XV que pertenencieron a la priora de Sijena Sor Francisquina d’Erill y Castro, a Sor Beatriz Cornel y a Sor Isabel de Aragón, hija del Conde de Urgell. Tres joyas del gótico que, situadas en el corazón del museo, dan cuenta del monasterio de Sijena como «centro de operaciones situado en enclave estratégico adonde van a parar hijas de familias nobles aragonesas y catalanas». «Es un conjunto excepcional. Todos los sepulcros son iguales y representan una idea de continuidad, porque van de 1430 aproximadamente hasta finales del siglo XVI. Son 70 años en los que se van haciendo sepulcros prácticamente iguales. Esa idea de panteón funerario no tiene parangón», subraya.

Al lado de los sepulcros, y sin salir del espacio monográfico que el museo dedica al monasterio de Sijena, destaca una silla prioral del siglo XIV; un trono que perteneció a Blanca de Aragón y de Anjou, priora del monasterio de Sijena entre 1321 y 1347, y que, pese a todo, no figura en ningún listado de objetos reclamados por Aragón. ¿La explicación? Fácil: la pieza ingresó en el museo antes de 1923, año en que el monasterio fue declarado monumento nacional y fecha que articula ahora parte de la sentencia judicial. «Si son consecuentes, no la podrían reclamar», sostiene el conservador.

Con todo, que la sentencia del pasado jueves de la Audiencia Provincial de Huesca señale que las piezas en disputa «forman parte de un todo indivisible» y apunte que «la adecuada protección del patrimonio cultural no es compatible con la desintegración de un conjunto monumental», abre para el museo ilerdense una vía de consecuencias imprevisibles. «¿Cuántos objetos procedentes de monumentos nacionales hay en museos españoles? Todos estos bienes se ponen ahora en peligro. Si hay jurisprudencia, tendrán donde agarrarse».

Y es que, como ocurre con el trono prioral, en el Museo de Lérida (así como en el Museo del Prado o en el de Zaragoza) hay otras obras procedentes de Sijena por las que, de momento, nadie se ha interesado. Es el caso, por ejemplo, de algunas de las tablas de retablo que permanecen en el museo desde la Guerra Civil y cuyo futuro es, cuanto menos, incierto. Algunas de estas piezas aparecen encuadradas en «El último esplendor de Sijena», apartado temático en el que se encuentran, ahora sí, el resto de obras en disputa expuestas de manera permanente. A saber: cuatro relieves de alabastro que el escultor francés Gabriel Joly realizó entre 1529 y 1530 para el retablo de Santa Ana. A esto habría que sumar una veintena de óleos sobre tela de los siglos XVII y XVIII, fragmentos de altorrelieves que fueron pasto de las llamas durante el incendio que asoló el monasterio durante la Guerra Civil, y media docena de tablas de retablo del XVI, piezas todas ellas que duermen en los almacenes.

Dudas de conservación

El conjunto, que ya viajó de Sijena a Lérida en 1936 y de la ciudad ilerdense al monasterio en 1948, ingresó en el museo catalán en 1970 y, casi cinco décadas después, podría volver a hacer las maletas de manera «inmediata», tal y como reclama la Consejería de Cultura de Aragón. Un movimiento que, cómo no, genera dudas e inquietud en el Museo de Lérida. «Como funcionario público, si me llega una orden diciendo que he de entregar las piezas las tendré que entregar, pero no puedo olvidarme de que soy conservador, por lo que me pregunto si es la mejor manera de hacer las cosas y si se han sopesado los pros y los contras», explica el director del museo, Josep Giralt.

Y es que, por más que el gobierno de Aragón haya invertido más de 400.000 euros en rehabilitar y acondicionar el monasterio, a Giralt no parecen convencerle las garantías de conservación que pueda ofrecer Sijena. «Si nos dijesen que hay trasladarlas al Museo de Zaragoza diría: “muy bien, hablemos”. Pero no, se han de trasladar al Monasterio de Sijena… Aquí las tenemos con unas medidas de conservación preventiva siempre estrictas, y las tenemos que llevar a un sitio en el que tienen un aire acondicionado que podría estar en tu casa, en un edificio que no está aislado… ¿No hay ningún interlocutor ahí que se plantee que se han de conservar estos objetos para generaciones futuras?», se pregunta Giralt.