Julio López Hernández
Julio López Hernández - Isabel Permuy

Muere el escultor Julio López Hernández a los 88 años

Nacido en Madrid en 1930, pertenecía al grupo de grandes artistas, junto con Antonio López, que en la década de los 50 retomaron una alternativa de la tradición realista

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El artista Julio López Hernández ha fallecido hoy a los 88 años en una clínica madrileña, donde estaba internado desde hace un mes tras sufrir un ictus, han informado a Efe fuentes cercanas a la familia.

Julio López Hernández, nacido en Madrid en 1930, pertenecía al grupo de grandes artistas, junto con Antonio López, que en la década de los 50 retomaron una alternativa de la tradición realista, con el llamado realismo mágico o transcendente, alejado del realismo más académico y del vanguardismo que en esa época cultivaron Saura, Tápies y Millares.

De hecho, defendía el realismo como una de las expresiones artísticas propias de la acutalidad. Así lo comentó a ABC en una entrevista de 2016: «El realismo está hoy tan vigente como la abstracción. Algunos de los movimientos más actuales (las perfomances, las instalaciones) casi necesitan el lenguaje identificable del realismo: la figuración. Aunque hubo un tiempo en que fue apabullado por la exuberancia y sublimidad de lo abstracto».

La hija del escultor Esperanza López Parada ha escrito en Facebook: «Mi padre falleció esta mañana tranquilo y sedado. Había empeorado mucho el domingo. Se ha ido luchando hasta el final y con la discreción y elegancia que le caracterizaba...».

La capilla ardiente con los restos mortales del escultor ha quedado abierta a las 15.30 horas en el tanatorio de San Isidro, donde mañana se celebrará una misa a las 11.00 horas antes de recibir sepultura en este cementerio.

Guillermo Solana, director artístico del Museo Thyssen, donde hace dos años se celebró la exposición sobre el Realismo, el grupo de los realistas madrileños de los 50, en la que estaban los hermanos Francisco (fallecido en enero de 2017) y Julio López Hernández, Isabel Quintanilla (fallecida en octubre 2017) y Antonio López, ha lamentado muchísimo la pérdida del escultor.

«Tanto Julio, como su hermano, venían de una formación artesana, muy del oficio. Su padre era medallista y habían mamado el oficio, eran artesanos de la escultura, la talla, el vaciado y a partir de ahí, cada uno tuvo una deriva distinta. Francisco era un clasicista y formalista y Julio evolucionó a un realismo, a veces, con aire pop», como en los 60 y 70, ha asegurado.

Según el director del Museo Thyssen, Julio López Hernández tenía una gran cultura literaria, algo que le daba a sus piezas un aire poético. «Cada una de sus piezas tenían detrás muchas referencias. En sus palabras había mucha literatura».

«Era una persona de trato amable, muy cordial, extrovertido y con un estudio, donde trabaja en Madrid, lleno de historias apasionantes, con centenares de modelos de esculturas monumentales, maquetas...», ha subrayado Solana, para quien el escultor fallecido «tenía un gran sentido contemporáneo del arte».

«En los 50 a veces se ponía al realismo como algo opuesto a la modernidad, pero aunque si podían tener ese momento discusiones con los abstractos, eran amigos e indiscutiblemente eran modernos. Hay que ponerlo en su momento con la literatura, con Ferlosio o Luis Martin-Santos, todos tenían una manera de ver la vida contemporánea y en aquel momento no era una corriente rancia, sino un corriente moderna del siglo XX», añade Solana.