El templo de Mitra de Londres, construido por los romanos en el siglo III y cuyas ruinas fueron excavadas en 1954, ha regresado restaurado a su ubicación original en el corazón de la «City», tras años en un lugar provisional
El templo de Mitra de Londres, construido por los romanos en el siglo III y cuyas ruinas fueron excavadas en 1954, ha regresado restaurado a su ubicación original en el corazón de la «City», tras años en un lugar provisional - EFE

Londres devuelve el templo de Mitra a la ubicación escogida por los romanos

Este Mitreo, que abre al público el 14 de noviembre, es una de las pocas ruinas romanas que se conservan en la capital británica

LondresActualizado:

El templo de Mitra de Londres, construido por los romanos en el siglo III y cuyas ruinas fueron excavadas en 1954, ha regresado, exquisitamente restaurado, a su ubicación original en el corazón de la «City», tras años en un lugar provisional. Este Mitreo, que abre al público el 14 de noviembre, es una de las pocas ruinas romanas que se conservan en la capital británica, fundada como Londinium en el año 50 d. C. en la milla cuadrada al este de la ciudad que actualmente ocupa el sector financiero.

Los restos del templo, que se ha recreado con la última tecnología, fueron descubiertos después de la Segunda Guerra Mundial por obreros en un solar bombardeado cerca del Banco de Inglaterra, y se trasladaron de manera provisional a una ubicación próxima para poder construir un edificio. Cuando en 2010 el empresario estadounidense Michael Bloomberg compró el terreno para levantar allí la sede europea de su agencia de información, se comprometió a financiar el traslado del templo a su escenario primigenio, debajo de su bloque de oficinas.

«La reconstrucción del templo, un proceso arduo aunque muy gratificante de casi una década, demuestra nuestro compromiso con Londres y con el Reino Unido, donde somos huéspedes», afirmó en la presentación a la prensa. Para acceder al Mitreo -de forma gratuita, pero con reserva previa-, se pasa por una galería de arte moderno donde un creador contemporáneo expondrá periódicamente un trabajo conectado con las ruinas romanas, y que ha inaugurado la irlandesa Isabel Nolan.

Junto con la colorida producción de Nolan, se exhiben 600 de las 14.000 piezas romanas recuperadas en las excavaciones (depositadas en el Museo de Londres), como zapatos, vasijas, joyas, amuletos y, como destacó Bloomberg, «la primera tabla con una transacción financiera, datada en el 57 d. C. Por unas escaleras se accede a una antesala, a siete metros de profundidad -el nivel de construcción de la época romana-, donde se han instalado expositores interactivos que anticipan la entrada al templo.

Posteriormente, el visitante penetra en el Mitreo, una estructura rectangular con santuario, nave y antecámara, que se ha envuelto en un ambiente místico y tenebroso, con efectos de luz y sonido, para recrear las sesiones rituales del culto pagano a Mitra. «Hemos respetado el enfoque histórico pero hemos querido ofrecer al público una experiencia poderosa y multidisciplinar, para que se haga una idea de lo que hubiera sido asistir a una de aquellas ceremonias», dijo la comisaria del proyecto, Nancy Rosen.

Un grupo de gente hace cola para ver el Templo de Mitra en 1954 en Londres
Un grupo de gente hace cola para ver el Templo de Mitra en 1954 en Londres-EFE

La arqueóloga Sophie Jackson, que dirigió la restauración, explicó que el mitraísmo, común en los territorios romanos entre los siglos I y IV, era un «culto secreto y misterioso, reservado a los hombres, que incluía rituales de iniciación y sacrificios». El culto de Mitra se realizaba en un principio en cavernas naturales y luego en construcciones que las imitaban, oscuras y carentes de ventanas, como el Mitreo londinense, cuyas columnas se han recreado con fascinantes efectos luminosos.

Preside el santuario una silueta en metal de la imagen que más se asocia con el mitraísmo, que es Mitra dando muerte al toro, conocida como Mitra Tauróctonos. Jackson señaló que la restauración de las ruinas fue tan meticulosa que «se probaron varias aguas para llegar al color adecuado de la masilla» y «se seleccionó entre cientos de piedras de la misma procedencia que las romanas».