Cultura

La heroica resistencia del ejército polaco contra los nazis divide a políticos y expertos de medio mundo

El ministro conservador Piotr Glinski ha solicitado que el «Museo de la Segunda Guerra Mundial» del país tenga una visión «menos expansionista» y se centre más en batallas que ensalcen el valor de la resistencia de sus ciudadanos. Algunas, como la de Westerplatte

Ataque a la fortaleza de Westerplatte
Ataque a la fortaleza de Westerplatte - ABC
ABC.ES - @abc_es Madrid - Actualizado: Guardado en:

Fue el 1 de septiembre de 1939 cuando, después del comienzo oficial de la Segunda Guerra Mundial, el viejo acorazado germano SMS Schleswig-Holstein se lanzó sobre la fortaleza de Westerplatte, una pequeña estación portuaria al norte de Polonia.

Aquel día, la maquinaria nazi se vio detenida drásticamente por apenas 200 hombres que, contra todo pronóstico y en aquel viejo fuerte, lograron resistir en sus posiciones durante una semana. Una batalla heroica que, aunque no sirvió de mucho en lo que a la resistencia del país se refiere (pues la conquista total acabó en un mes), sí demostró que los polacos no andaban escasos de valor.

Pues bien, este es el tipo de historias que Piotr Glinski (ministro de cultura de Polonia desde 2015) quiere que primen en el «Museo de la Segunda Guerra Mundial» polaco. Un nuevo centro que ha costado al gobierno 449 millones de zlotys (114 millones de dólares) y que, en palabras de este político, se centra demasiado en el ámbito general de la IIGM, y poco en la participación del su país en la contienda.

Así lo afirma el diario «New York Times» en su versión digital, donde también se explica que Glinski ha propuesto fusionar la colección de la entidad con otra (que solo existe sobre el papel) y que se dedica a mejorar la visión del ejército polaco en la contienda que cambió Europa a partir de 1939 desde una óptica cerra y local.

La visión de Glinski ya ha sido criticada por expertos como el historiador británico Norman Davies, quien ha señalado que -con medidas de este calibre- el gobierno polaco está intentando «reescribir la historia» y de victimizar en exceso el país. «Es una catástrofe que va más allá de la colección de un museo. Esta decisión es uno de los pilares de los regímenes autoritarios, los cuales reordenan el pasado conforme a sus propias fantasías», ha determinado el experto.

Así pues, parece que el museo (que lleva construyéndose cinco años y ha sido financiado por el estado) no podrá abrirse el próximo enero y tendrá que esperar a que finalicen las batallas políticas de Polonia.

Un museo internacional

Concebido hace casi una década (se empezó a idear en 2008), el museo originalmente fue planteado como un centro dedicado al estudio de la Segunda Guerra Mundial desde una perspectiva internacional.

En base a ello, los responsables reunieron una colección de 41.000 objetos (2.000 establecidos en una exposición permanente) en la que se incluían desde carros de combate soviéticos y americanos, hasta las llaves de las casas de los judíos asesinados por sus vecinos polacos.

Todo ello, aderezado con algunas salas en las que se hacía especial referencia a batallas como la de Westerplatte, el levantamiento de los presos del gueto de Varsovia contra los nazis, o a la conquista soviética del país. Esta última, representada -por ejemplo- mediante los botones de aquellos polacos asesinados por los rusos cuando el país fue invadido también por Stalin.

El edificio en el que se pensaba establecer contaba con 5.000 metros cuadrados y un personal de 60 personas. Sin embargo, parece que todo eso no ha sido suficiente para Glinski, quien considera que su visión es demasiado «expansiva» y que no se pone «suficiente énfasis en el punto de vista polaco».

«El museo es el único intento en Europa y del mundo para presentar realmente la guerra como historia internacional. Polonia ya está sobrerrepresentada en este museo, lo cual no es sorprendente, dado que el museo está en Polonia», ha explicado Timothy Snyder, un historiador de la Universidad de Yale que sirve en el consejo asesor del museo.

En este sentido, Snyder ha afirmado que muchas de las presuntas nuevas salas que quiere Glinski ya están contempladas en el museo actual, aunque desde un punto de vista internacional, y no solo polaco. Un ejemplo sería la parte de la exposición dedicada al levantamiento del gueto de Varsovia el 19 de abril de 1943. Una batalla de 63 días que contó con escasa ayuda de los aliados y cuya trascendencia fuera de las fronteras del país se puede apreciar -según el experto- con la actual interpretación del museo.

De momento, la filial polaca de la Fundación Helsinki para los Derechos Humanos ha presentado una demanda para bloquear la fusión, argumentando que el consejo de museos de Polonia, un órgano estatal, nunca ha aprobado la medida. A su vez, algunas de las familias que han donado objetos para la entidad han señalado que, si se llevara a cabo la unión, solicitarían que se les devolviesen dichos recuerdos.

Así pues, la guerra sigue abierta. «Sería un gran escándalo en Polonia, e internacionalmente, si los políticos cambiaran una exposición creada por varios historiadores de renombre de Polonia y de otros lugares. De momento, el museo tiene bastantes salas y objetos para abrir durante seis meses. Después de ese período, veremos», ha señalado al diario anglosajón el director actual del museo, Pavel Machcewicz.

En el «Museo de la Segunda Guerra Mundial», la semana pasada, los trabajadores se esforzaban por terminar el interior e instalar las colecciones, a pesar de la posible pena de muerte del museo.

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