No habrá Nobel de Literatura en 2018
No habrá Nobel de Literatura en 2018 - ABC

Una guerra de sexos dinamita el premio Nobel de Literatura 2018

El escándalo por supuestos abusos sexuales de Jean-Claude Arnault, encubierto por su esposa académica, acaba con el galardón de este año

La institución otorgará dos distinciones en 2019, una decisión inaudita en sus más de cien años de historia

EstocolmoActualizado:

No habrá Nobel de Literatura en 2018. Así lo anunció ayer la fundación que entrega el galardón. Resulta inquietante: ¿quién ganará la guerra de sexos que se dirime estos días en la Academia Sueca? Hasta ahora los bloques enfrentados se han repartido a partes iguales derrotas y victorias. Ha llegado el momento de la verdad. Después del anuncio de la suspensión de la concesión del premio Nobel de Literatura en 2018, la institución se tambalea y no le queda más remido que recuperar el prestigio perdido. Hay demasiadas cosas en juego.

A pesar del frío de la noche, la cola de gente espera disciplinada a que el club cultural Forum –un club privado que vive de la Academia– abra sus puertas en la calle Sigtunagatan, cerca de Vasaparken, en Estocolmo. El programa bien vale la espera. Se trata del secreto mejor guardado de la literatura sueca. El poeta Tomas Tranströmer recitará sus obras acompañándose al piano con su mano izquierda. Todavía queda lejos la concesión de el premio Nobel a Tranströmer y al inválido poeta le apasiona interpretar, aunque solo sea con una mano, a Franz Listz. Está el todo Estocolmo. La verdad es que no ha sido nada fácil conseguir las entradas. La académica Kristina Frostenson y su esposo Jean-Claude Arnault, acusado de los abusos sexuales que han desencadenado la mayor crisis de la Academia Sueca, son los anfitriones. Reunidos en el Forum alrededor de la revista «Kris»(Crisis) la élite cultural de Estocolmo decide lo que leeremos muchos de los aficionados a la literatura de todo el mundo. Allí veo al secretario permanente de la Academia Sueca, Horace Engdahl ocupar con su ya exmujer, la profesora Ebba-Witt-Brattström, sus butacas reservadas. El dramaturgo del Dramaten, Magnus Florin, el cineasta y autor Stig Larsson,.. poco a poco van llegado todos. También me parece reconocer al autor Aris Fioretos, a los académicos Kjell Espmark, Kristina Lugn, a Per Wästberg y a su hermano Olle. El ambiente del Forum no deja lugar a dudas. Estamos en el sitio. Finalmente se apagan las luces y vuela alto, muy alto, el poeta. Tomas Tranströmer recibió el premio Nobel de Literatura en 2011.

¿Quién podía imaginarse que en aquél ambiente iluminado por la poesía de Tranströmer se escondía lo más podrido de la vida cultural de Suecia? Afortunadamente los tiempos cambian y en Suecia el movimiento #Metoo ha provocado un terremoto que de momento se ha cobrado la cabeza, textualmente, de figuras de la cultura sueca que hasta ahora eran intocables. Desde el Teatro Real, el popular Dramaten, hasta la emblemática Kulturahuset/Stadsteater, pasando por responsables culturales de ayuntamientos, gobiernos regionales etcétera nadie se ha librado de la ola de acusaciones de abusos sexuales o comportamientos inadecuados. Faltaba la Academia Sueca. Y precisamente ahora en el momento en el que más mujeres ocupan sus sillones y más mujeres son premiadas con el ansiado premio. Recordemos que en los últimos diez años han sido cuatro las mujeres galardonadas mientras que en los cincuenta años anteriores solo una mujer fue la premiada.

Pero la Academia Sueca es una institución privada en manos de la Fundación Nobel, que es la que gestiona el legado y la herencia del ingenioso químico, empresario de éxito y gran aficionado a la literatura Alfred Nobel (1863-1896), y se supone que lo que pasa en ella se queda dentro de ella. Pues ya no. Lo sucedido en sus exquisitas dependencias ha salido a la luz y con toda su crudeza.

El informe de un prestigioso despacho de abogados era claro. Había que denunciar lo ocurrido y abrir una investigación externa a la propia Academia para esclarecer lo ocurrido. Pero la Academia Sueca, que en un primer momento encargó el informe, no fue capaz de aplicar sus drásticas recomendaciones y votó en contra de hacerlo. La suspensión de la concesión del premio Nobel de Literatura 2018 estaba servida. La falta de quórum motivada por la última dimisión de uno de sus miembros, la de la prosista Sara Stridsberg ha sido la última gota pero, aquella votación en la que se decidió no levantar las alfombras y que acabó con la primera mujer que accede al puesto de Secretaría Permanente de la Academia Sueca, la autora Sara Danius, fue el principio del fin. Días antes de que esto sucediera ya se ocupó el personaje más siniestro de todo este culebrón, el secretario permanente de la Academia Sueca durante los años 2002-2009, Horace Engdahl, de afirmar en la prensa que Sara Danius era la peor secretaria permanente de la historia de la Academia. Horace Engdahl ha sido junto con Katarina Frostenson, esposa de Jean-Claude Arnault, su mayor valedor y, por lo que ahora se sabe, su encubridor. De hecho se ha sabido estos días que Horace Engdahl recibió el encargo del Palacio Real de vigilar a Jean-Claude Arnault para que no sometiera a tocamientos obscenos a la Princesa Victoria durante sus visitas a la Academia Sueca. Para añadir todavía más intensidad a tan escabrosa cuestión, la exmujer de Horace Engdahl, la prestigiosa profesora Ebba Witt Brattström, fue testigo del acoso a la Princesa Victoria por parte de Jean-Claude Arnault. La profesora Ebba-Witt Brattström se ha convertido en el azote de todo este entramado de intereses y de abusos. No hay día en el que Ebba-Witt no nos ilustre con nuevos detalles del modus operandi de esta sociedad, hasta ahora prácticamente secreta.

Es mucho lo que va a tener que suceder en los próximos meses. De momento están los ingresos recibidos por el club Forum a través de las subvenciones que le concedía la Academia Sueca y que para más inri decidía la esposa y socia de Jean-Claude Arnault, la académica y poetisa sueca, Katarina Frostenson, y que la hacienda sueca tendrá que investigar. Tampoco será fácil cambiar unos estatutos obsoletos, ni sacar a los miembros, de ambos sexos, que se han quedado en la Academia aguantando el chaparrón. Como buena conocedora de los entresijos del Nobel, no en balde se la hace responsable de la feminización de los premios, Ebba-Witt Brattström recomienda a todos los miembros de la Academia participar en una terapia familiar.

Al margen de las ocurrencias, estos días salen publicados, para mayor regocijo de los aficionados a la prensa amarillista, los ingresos que reciben los académicos y no ha dejado de sorprender la pensión anual de 100.000 euros que recibe Horace Engdahl por haber sido durante casi diez años secretario permanente.

Con todo, no hay en Suecia marca que supere al premio Nobel. Ni siquiera IKEA. Y de ello son los suecos conscientes. No olvidemos que hablamos de una de las fundaciones más solventes del planeta, que cuenta con importantes fuentes de ingreso para llevar a cabo la labor encomendada por Alfred Nobel. La Fundación Nobel ha hablado y ha suspendido un premio que podría resultar deslegitimizado por los acontecimientos y por la falta de quórum. Quedan en el aire muchas incógnitas, como el futuro del cuestionado proyecto del Nobel Center. Un edificio diseñado por el arquitecto David Chipperfield que transformará el perfil de Estocolmo y que está llamado a aglutinar toda la labor de la Fundación Nobel, entrega de premios incluido.

Son, pues, muchos los intereses para no hacerlo bien. Esperemos no se trate del principio del fin y que, como decía esperanzada la profesora Brattström, se trate del fin de un inicio y que pronto podramos celebrar la fiesta de la literatura. Me cuesta imaginar que este año, en la Feria del Libro de Frankfurt, con la que coincide el anuncio del premio Nobel de Literatura, no se desborde la alegria y se brinde con champán en la editorial del autor premiado. Habrá que esperar al año que viene para brindar dos veces.

Gaspar Cano Peral es editor y gestor cultural. Dirigió los Institutos Cervantes de Estocolmo y de Berlín. Actualmente vive en Estocolmo.