Pilar Paloma de Casanova y Barón, duquesa de Maqueda, junto a su marido Francisco López de Becerra y Solé, señor de Tejada
Pilar Paloma de Casanova y Barón, duquesa de Maqueda, junto a su marido Francisco López de Becerra y Solé, señor de Tejada - IGNACIO GIL

Un fabuloso tesoro aún por descifrar

ABC visita la casa de los duques de Maqueda, dueños de las cartas que han permitido desvelar las claves del Gran Capitán

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«Hay cartas que ha sido imposible descifrar con unos símbolos extrañísimos, escritas cada una con un código distinto. Ni por el Ejército ni con las nuevas técnicas. Se han dado por vencidos» comentaban los duques de Maqueda unos meses antes de inaugurar la exposición sobre Gonzalo Fernández de Córdoba en el Museo del Ejército con material inédito de su archivo particular.

Casi tres años después, el Centro Nacional de Inteligencia ha desentrañado el alfabeto de la correspondencia secreta entre el Rey Fernando el Católico y el Gran Capitán, que su descendiente Pilar Paloma de Casanova y Barón, duquesa de Maqueda, junto a su marido Francisco López de Becerra y Solé, señor de Tejada, muestran a ABC en el amplio salón de su casa de Madrid.

Ellos son los dueños de las cartas encabezadas únicamente con las palabras «El Rey». «En las instrucciones que dicta tras la conquista de Nápoles en el año 1503, Fernando el Católico habla por primera vez de la nación española. Se preocupa hasta del mínimo detalle. Incluso recomienda que los españoles se casen con las napolitanas y con sus viudas», comenta el duque emocionado.

«Muchas mujeres en el Reino de Nápoles, y muchas de aquellas y otras que están por casar, es de pensar que habrán placer de casarse con españoles», escribía el monarca «de corrido y sin tachar». «¡Era el rey de Aragón! Ahí no menciona nunca ni a aragoneses ni a catalanes. ¡Que se casen con españoles!». «¡Pobres viudas!», remata la duquesa casi al unísono.

Algunas epístolas tienen el sello real de los Reyes Católicos. Otras se notan que estuvieron dobladas en pequeños rectángulos. Cuatro están descifradas, otras esperando revelar su misterio cuando se aplique la tabla del «código Gran Capitán», como se le ha bautizado tras desvelar el CNI las claves de los 88 símbolos y 237 cifras de letras combinadas.

«¡No sabemos ni cuantas tenemos!». Todavía están catalogando documentos a buen recaudo en un cuarto blindado. «Casi todo se ha perdido o vendido. Carros y carros. Al peso». Los duques se turnan la palabra en perfecta armonía. Empieza ella, continúa él su relato. «José Mª Osorio de Moscoso y Carvajal, su bisabuelo, cuando se casó con la infanta de España Luisa Teresa de Borbón se fueron al exilio a París y mandó a todos los administradores con poderes sacar dinero para la vuelta de la monarquía de Alfonso XIII. Podían venir del norte al sur sin salir de sus propiedades. Era la casa con más títulos nobiliarios».

Se quedaron sin nada. Con lo más íntimo. Como esa carta donde el rey se sincera con Fernández de Córdoba y le cuenta que su hija Juana I, reina de Castilla, empieza a enloquecer presa en Flandes. «No se ha contentado con publicar por loca a la Reyna mi fija […] e más he sabido que la tienen en Flandes como presa e fuera de toda su libertad. E que no consienten que la sirva ni vea ni hable ninguno de sus naturales, e que lo que come es por mano de flamencos, e así su vida no está sin mucho peligro, guárdela Dios». O un memorial del monarca después de una reunión secreta con Felipe el Hermoso donde le llama «mi hijo».

Los duques comentan cada cuadro de la estancia mencionando a cada uno de sus antepasados, contando anécdotas de la historia de España como si no hubieran pasado más de cinco siglos. «Fue precisamente Gutiérrez de Cárdenas, maestresala y confidente fiel de la futura reina, quién le mostró cuál era su pretendiente diciendo: “Ese, ese”. Y en el escudo le concedió la orla de las ochos “S”», explica mientras analiza la letra con carácter de Isabel la Católica. Retratos que podrían estar en una sala del Museo del Prado son las fotos de su álbum familiar. Como el original del Gran Capitán, «terror de galos y turcos», junto a una de sus espadas y un machete, «todavía con restos de sangre», que preside una pequeña biblioteca, con una chimenea que calienta el hogar.

«El código del Gran Capitán es la Memoria Histórica que hay que conservar y no una revancha como la ampliación de la Ley que pretende el PSOE», explican consternados. «Nos comentaba el otro día el hispanista Stanley G. Paine que era una barbaridad. No se puede consentir que pidan cárcel e inhabilitación por contar la historia de España». A la duquesa incluso le han llamado para que asista a una manifestación junto a Albert Boadella a favor de Tabarnia por ser también descendiente de Rafael Casanova, conseller en cap. «Nunca fue independentista. Al revés, era unionista. Un patriota español».

No se sabe qué nuevas intimidades podrán revelar el legajo de la Casa Ducal de Maqueda. «Es la punta del iceberg». Como bien escribió Faulkner, «el pasado no pasa nunca. Es sólo una dimensión del presente». Ahora toca revisarlo y darle su importancia.