Cultura

El español global obliga a reinventarse al Cervantes

Según los expertos es necesario abrir una nueva etapa para adecuar la institución

Reunión de los directores de los distintos Institutos Cervantes
Reunión de los directores de los distintos Institutos Cervantes - Efe

Al Instituto Cervantes le toca cambiar de piel en medio de una batalla. Creado en 1991, ha cumplido 25 años y ha servido bien a los fines para los que fue creado. Pero su desarrollo, igual que el del mundo, ha sido desigual. Ha llegado el día en el que la «promoción y enseñanza de la lengua española y la difusión de la cultura» en español tienen que redefinirse.

El país con mayor número de hispanohablantes es México, seguido por Estados Unidos, Colombia y, en cuarto lugar, España. Las cifras son excelentes, pero dan que pensar. El español es una lengua sobre todo americana, nos guste o no, pero también es global, y en ese término España tiene mucho que decir, precisamente, por la impronta del Instituto Cervantes. O debería. No queda ni un milímetro para la complacencia. Toca reinventarse y acertar con las apuestas y las prioridades (cosa que en los últimos años de la crisis no ha sido fácil ni posible).

¿Quién está pensando en el español global, una verdadera máquina industrial engrasada por el idioma compartido? Esa batalla, la de convertirse en referencia, construyendo un liderazgo inclusivo con los países de hispanoamérica, sobre todo México y Colombia, pero también Argentina y Estados Unidos, no se puede dar sin estrategia y medios. Los beneficios son tangibles: la referencia del español global es la de la enseñanza de un idioma que aumenta el 290% los intercambios económicos entre hispanohablantes, más que el inglés (240%), y que de momento en España se vincula con un 15% del PIB.

El Cervantes ha iniciado recientemente la batalla de la certificación idiomática, pero algunos observadores independientes creen que puede hacerse más, con más ambición y mucha más presencia cultural. Afirman que si el Gobierno español solo quiere un instrumento cultural adherido a su política exterior y de cooperación, eso es lo que tendrá, pero entonces México y Colombia se convertirán en los referentes del español global. Y, si se quiere promover la cultura en español, ese empeño merece «una estrategia de excelencia que está por lograrse», según las fuentes consultadas, aunque se valora el empeño de conmemorar a Cervantes en el centenario. Esa falta de estrategia en la conmemoración es mayor que el Instituto Cervantes.

Recortes, renuncias

Los años de la crisis han sido duros, con una reducción de hasta el 38% del presupuesto en 2012-13, algo recuperado en el último bienio. Hoy ronda los 100 millones y se defiende con un 45% de autofinanciación gracias a las matrículas de estudiantes. Se ha vendido o cambiado la sede de Londres (un caso triste, porque era un edificio histórico) y Bruselas, y se ha renegociado el alquiler en Atenas, Bucarest, Sídney... Así se pudo reducir el gasto del Instituto notablemente, pero la máquina del idioma no es solo una academia ni está solo para hacer cuentas. Es la cultura una batalla sutil y definitiva. Un asunto de Estado no se recorta de esa manera.

Casi todos los que lo conocen creen que el Cervantes debe ampliar la presencia en Iberoamérica, pero tal vez nunca más con el nombre de cooperación, algo que suena a ayuda al tercer mundo, y que pesa mucho en Exteriores. Y realmente no entienden bien la falta de expansión en Estados Unidos, donde se mantienen los centros y las ausencias (Washington), pero se ha sumado un observatorio en Harvard en el último mandato. Y, visto el auge del español en Norteamérica, no le faltan cosas que observar.

Un acierto del actual director ha sido la política de acuerdos con grandes instituciones americanas, como las universidades, academias y el Instituto Caro y Cuervo de Colombia, porque sin América no hay idioma.

Marqués de Tamarón, exdirector (1996-1999)

Para el segundo director del Cervantes, tras la época de Nicolás Sánchez Albornoz, «en un país adanista como el nuestro, que quiere cambiar el mundo todas las mañanas, hay que decir que en el Cervantes no hemos sido así». A su parecer, hoy se enfrenta a tres dilemas fundamentales, aparte de hacer más con menos medios: «Si el Instituto se centra exclusivamente en aumentar las matrículas, morirá de éxito, porque no compensa en la inversión necesaria» Además, «las actividades para difundir la cultura, si es obligado y posible, deben hacerse en español, aunque debe haber excepciones». Y «debe abrirse a nuevas realidades del idioma, que no pertenece a España, pero siempre sin fragmentar la unidad, porque el español es la más unitaria de las grandes lenguas».

Fernando R. Lafuente, exdirector (1999-2001)

Fernando R. Lafuente sucedió al marqués de Tamarón en 1999 y hay una realidad que valora sobre todas las demás de lo logrado: el consenso que ha sido fundamental, como en el Prado, para consolidar el proyecto. Comparte que uno de los objetivos actuales es el español global y afirma que «sería bueno plantearse ante los nuevos desafíos que el Instituto Cervantes pueda considerarse un organismo independiente con la política de Estado que se ha seguido hasta ahora, dependiendo de la Presidencia del Gobierno, como RTVE».

José Luis García Delgado. Codirector de «Valor económico del español»

Hay una extensa investigación (catorce monografías) sobre el valor económico del español, al margen del Cervantes, que financia la Fundación Telefónica y que se centra en un estudio del español en tanto que lengua de comunicación internacional. Su codirector, José Luis García Delgado, aporta buenas razones para «atender adecuadamente a tan valioso activo inmaterial, merecedor de una política de altura que obedezca a un doble planteamiento. Por una parte, la consideración del español como bien preferente, objeto de una política propiamente de Estado, con las prioridades que ello ha de comportar en su enseñanza como segunda lengua, en su defensa como lengua de trabajo en foros internacionales y organismos multilaterales, en el apoyo a las industrias culturales; una política que trascienda las alternancias gubernamentales, ganando continuidad temporal. Por otra parte, planes compartidos, políticas intergubernamentales y paniberoamericanas. La realización del programa normativo panhispánico debe tomarse como referencia. La promoción internacional del español exige acciones conjuntas. Iberoamericanizar el Instituto Cervantes y fletar una Marca Cultura en Español».

Jon Juaristi, exdirector (2001-2004)

Jon Juaristi tiene ideas diferentes. Reconoce no estar muy apegado a la institución en los últimos años y observa cómo han cambiado muchos aspectos del mundo, y en especial de la enseñanza de idiomas, desde que se fundó el Cervantes. «En Asia puede ser visto como competencia desleal de academias privadas como hay en Japón. Creo que las funciones que se veían muy claras para el Cervantes en 1991 no son ahora tan lógicas. La enseñanza de español en las universidades de todo el mundo, así como los cursos asociados a internet, ha cambiado el panorama», asegura el escritor.

Por otra parte, «México, Colombia, incluso Venezuela, con la situación que vive actualmente, han puesto en marcha grandes programas para la enseñanza del español a extranjeros». Cuando él lo dirigía la prioridad era la rentabilidad de las clases. «Luego vino Zapatero con dinero para todo y se difundió la cultura, fue un cambio cualitativo en la etapa socialista», añade. En resumidas cuentas, «hay que replantearse los presupuestos desfasados y qué modalidad de expansión queremos: ¿para qué hay centros en Albuquerque, o hubo en Gibraltar, donde todo el mundo habla español?». Para Juaristi, «puede haber instituciones en las que no haya que echar el resto, si es una estructura onerosa no me parece fundamental. El español goza de buena salud, así que tal vez sería mejor apoyar las industrias culturales».

Rafael Rodríguez Ponga, secretario general (desde 2012)

Rafael Rodríguez Ponga, actual secretario general del Cervantes, tiene los datos en la cabeza. Su visión, desde dentro, desea «dejar las cosas como están» en relación con su dependencia de Exteriores, porque «aúna las políticas de exteriores y cooperación, que son el 40% del presupuesto, pero también ejerce otras políticas de Estado como la cultura y la educación. En el Consejo de Administración están todos bien representados». Afirma que ha sido difícil cuadrar las cuentas de la crisis. Se han reducido gastos y el ingreso ha crecido sobre todo por los diplomas de español DELE -el sistema de Evaluación internacional Siele aún lleva poco tiempo-.

Rodríguez Ponga tiene muy claras las prioridades: reforzar la lengua española en países según las prioridades de la política exterior. «Hay que replantear el mapamundi, como instrumento del Estado en el extranjero. Ver prioridades, en Asia, los huecos en África y Europa (por ejemplo, no tenemos centros en Suiza o Dinamarca, pero hay cinco en Alemania), así como la expansión en EE.UU. También continuar la apuesta por la certificación con el Siele y las grandes citas culturales. Este año ha sido Cervantes por su centenario y en el 2019 le tocará a Elcano y la primera circunnavegación del mundo», añade. Hay más proyectos de importancia, como el «Terminesp», por el que el Cervantes recopilará y difundirá el lenguaje de las especialidades, que tiene consecuencias para las industrias y para los consumidores.

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