Algunos de los asistentes a la reunión del 27 de octubre pasado, en la sala del patronato del Museo Naval. De izquierda a derecha, Fernando Gómez Acebo, Javier Llanes y Luis Fernández de Córdova
Algunos de los asistentes a la reunión del 27 de octubre pasado, en la sala del patronato del Museo Naval. De izquierda a derecha, Fernando Gómez Acebo, Javier Llanes y Luis Fernández de Córdova

Un cazatesoros del San José pregunta en el Museo Naval por la flota de 1605

Acompañado por empresarios y personalidades, protagonizó una extraña reunión en la que se habló de un proyecto de rescatar pecios

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Germán (o Herman, pues usa ambos nombres) Moro es un cazatesoros conocido por haber reventado La Capitana, hundida en Ecuador en 1654, para vender sus monedas, que aún inundan subastas y webs del ramo. Es el mismo que trató de involucrar, actuando oficiosamente en nombre del Gobierno de Colombia, a los más reputados arqueólogos franceses en el proyecto del galeón San José (ABC del 8 de abril). Ahora, este diario ha sabido que Moro protagonizó una extraña reunión en el Museo Naval de Madrid el pasado 27 de octubre.

[Aquí puede ver completa la foto que se tomó del encuentro]

El propio cazatesoros ha declarado a ABC que «no fue de ninguna manera formal. Fue más bien una visita informal, con amigos y colegas para conocer el museo y mi aprecio por todo lo que significa la náutica y el mar. Las cartas que allí nos mostraron fueron del Mar Caribe, en general, y la charla giro sobre la comparación de dichas cartas con otras inglesas y holandesas. La conversación fue sobre temas interesantes de la navegación colonial, la ciudad de Cartagena de Indias, y entre otras cosas el galeón San Jose, si mal no recuerdo». Lo cierto es que a él le interesa más el San Roque y la citada armada de 1605, en la que, según fuentes colombianas, seguramente actuará como "originador", al igual que una empresa británica ha hecho ese papel con el San José. Da la impresión de que Santos ha concitado una verdadera almoneda del patrimonio subacuático colombiano

Puestos al habla con los participantes en la reunión, esas afirmaciones se matizan o no se han confirmado, en un coro de voces contradictorio. De hecho, Moro solicitó la visita al Naval para ir acompañado por «algunos de mis socios españoles». No sabemos si la relación entre los asistentes ha cuajado en algún tipo de participación en los proyectos del cazatesoros, pero la mayor parte de los consultados por ABC lo niega.

Proyecto flota 1605

Según conocedores del caso Moro planteó el proyecto de excavar pecios de la Armada de Guarda de Luis Fernández de Córdova, hundida en 1605 en unos bajos al norte de Cartagena de Indias y mostró interés en saber si la Armada querría sumarse, a lo que se le respondió que los Ministerios de Exteriores y Cultura son los competentes. Moro solicitó comparar cartas de Caribe del Museo con otras que él manejaba, relativas a los bajos en los que se piensa que la Armada de Guarda se perdió, y expresó la posibilidad de mediar entre España y Colombia en el conflicto del galeón, según varios testimonios. A la salida del Museo, él y sus invitados compartieron una comida. Muchos afirman que no han vuelto a saber de él. Pero, ¿a qué vino?

Germán Moro, a la derecha, junto a Rodrigo Díez de Pichardo y Óscar Aragón
Germán Moro, a la derecha, junto a Rodrigo Díez de Pichardo y Óscar Aragón

Algunos de sus acompañanes expresaron claramente «su apoyo al proyecto de Germán Moro», extremo que otros niegan. Su más estrecho colaborador allí era el empresario Javier Llanes, que preside varias empresas del sector de la salud en Colombia. Llanes cuenta a ABC que fue una visita turística y allí se habló sobre todo del San José, no de la flota de 1605. «Queríamos saber cómo estaba el proyecto y cómo se han posicionado, pero nada en profundidad. Y le aseguro que él no tiene nada que ver con el San José ni con el presidente Santos».

Moro y el San José

Según el empresario, quedó muy sorprendido de verse reflejado en la inforamción de ABC sobre su relación con el proyecto de Santos. El director de la agencia francesa Michel L'Hour mostró a ABC correos en los que Moro hablaba del tema y le proponía sumar arqueólogos franceses al proyecto de Santos poco depués de la reunión del presidente colombiano con su homólogo frances en 2017. "Ya le puedo yo asegurar que de manera oficial en ningún caso, a lo mejor por curiosidad y no sé en qué términos, porque no tiene nada que ver".

Cuando le contamos que Moro habló con L'Hour de la finalidad del rescate, de la participación de Francia en el proyecto, de los términos y la ética de Unesco aplicada al caso, responde: "Sí porque el señor Moro es un experto en estos temas pero no tiene nada que ver con el San José ni de manera oficial con el Gobierno colombiano. El comentario sale de este señor francés, pero será lo que habrá entendido él, una interpretación. Yo conozco al señor Moro y me parece inaudito que hable en nombre de terceros".

La conversación con este empresario está llena de cautela y evita confirmar que hizo el algunos contactos. "Tampoco es que haya un proyecto específico en curso para que haya que sumarse. Son cosas que se hablan y todo aquel que le pueda gusta el tema está pendiente de lo que pasa con el San José". Llanes concede que se habló de la flota de 1605, pero porque "es de los muchos galeones que debe estar en aguas territoriales colombianas". Como resulta evidente, el éxito del proyecto San José, que tanto interés despierta en la industria cazatesoros, ha despertado una verdadera fiebre del oro entre empresas que quieren plantear a Colombia nuevos proyectos para comercializar el patrimonio común hispánico que no se limita a monedas y debería acabar en publicaciones científicas de verdaderos arqueólogos y finalmente en museos.

Fernando Gómez Acebo

Otro de sus invitados es Fernando Gómez Acebo, primo del Rey Don Felipe, y también cree recordar que se habló más del galeón San José (no recuerda el tema de la flota). «A mí los contactos con el señor Moro me vinieron de rebote, porque conozco a un empresario amigo suyo. Moro no nos habló al principio de pedir inversiones, yo fui porque me picó un poco la curiosidad, porque me interesaba saber qué tenía entre manos esta gente. Y porque tengo relación con el Museo, conozco al almirante y me encanta visitarlo». Gómez Acebo comenta a ABC que «después de la visita, en la que Moro quería ver las cartas para saber dónde está hundido el barco [el San José] vi que se trata de patrimonio que pertenece a España y se lo comenté. No sé cómo acabará todo esto». Gómez Acebo, que asegura no haber mantenido contacto con Moro, es amigo de la infancia de otros dos de los invitados, el empresario Mario Martínez Torregrosa y un descendiente del almirante Fernández de Córdova, el de la flota de 1605.

Fernández de Córdova

Luis Fernández de Córdova es buzo profesional, pertenece a la élite del buceo mundial, fue jefe de buzos del Prestige y viaja por medio mundo. «No hemos vuelto a saber nada de Moro. A mí me contactaron, supongo, porque soy descendiente del almirante de la flota de 1605. Moro llevaba una carta y la presentó al Museo para compararla con el original. Se habló de un proyecto en el que el deseo es que pudiera cooperar España para rescatar esta flota y hacer un museo. Yo jamás me meteré en algo que no respalde España. Me encantaría que España cuidase más su historia naval, que está expuesta al expolio». A Fernández de Córdova se le quedó grabado el intento de Moro de pedir «a la Marina Española o al Gobierno que se implicara en el proyecto. Después no he sabido más de ellos. Yo dinero no tengo, tengo dos manos para trabajar», afirma este buzo acostumbrado al duro trabajo a altísimas profundidades, donde trabajan muy pocos y donde cualquier error puede ser fatal.

Como la cordialidad de base de Germán Moro fue el instrumento para convocar a sus invitados que él vendía como socios, también estaba la esposa de Fernández de Córdova, Mónica Díez de Pichardo, instructora de buceo. Ella lo relata a ABC: «Vino Herman Moro: “qué gusto conocerles, ¡si usted es antepasado! ¿Os gustaría participar en el proyecto...?” Tiene un socio español en esta empresa, que vive casi todo el año en Cartagena de Indias, que es el que le conecta con todo el mundo aquí. Quería buscar inversores y gente para formar parte del equipo. Él nos invitó a visitar el Museo y fuimos. Yo incluso me llevé a mi padre, porque mi familia es de marinos» [Rodrigo Díez de Pichardo, un empresario cuyo nombre se asoció a la Púnica, aunque su caso se sobreseyó muy poco después].

Panorámica completa tomada el 27 de octubre en el Museo Naval
Panorámica completa tomada el 27 de octubre en el Museo Naval

En su relato, Mónica Díez de Pichardo comenta que después habló con su marido: «Tonta no soy y me pareció muy raro. Una gente que no conoces. Antes de tener ni una aprobación. Sí nos dijeron que tenían ya todos permisos del Gobierno colombiano, pero ¿y España?. Iban a hacer en enero un barrido con sonar y otros equipos... Y luego leí lo que publicó ABC sobre Moro y el San José. Él lo ponía como ejemplo a seguir para su proyecto pero decía que no está implicado».

El patrón y la amabilidad

Moro lo repite en el escueto comunicado enviado a ABC: «No tengo nada que ver con el San José, proyecto con el cual no estoy involucrado ni tengo injerencia alguna de cualquier naturaleza. Mis posibles comentarios a la gente del museo, quienes quizás puedan haber malinterpretado su relevancia, fueron seguramente mas bien una expresión de buena voluntad y amabilidad de mi parte que ninguna otra cosa», afirma. Pero ante la maraña de testimonios contradictorios y la extrañeza por cómo replica el patrón de los cazatesoros en sus tratos con los gobiernos a lo largo de décadas, resulta muy difícil de creer.

El patrón es siempre el mismo. El cazatesoros se hace acompañar por empresarios, personas influyentes a las que involucra con buenas palabras y promesas de beneficios. Logra reunirse con diferentes instancias gubernamentales, pero no directamente con los departamentos responsables de patrimonio, siempre más duros de convencer, sino con ministerios más duros, Economía, Defensa, Industria, a los que entablar una "empresa conjunta" puede sonar más natural. Así lo hizo Odyssey en España y antes en México, IMDI en Panamá, Webber en Dominicana y en Colombia, lo mismo que las mayores empresas del mundo ante pequeños gobiernos a los que engañan con promesas y luego expolian de piezas únicas que acaban -indefectiblemente- en subastas. Es la triste historia del Patrimonio Subacuático de origen hispánico, que tanto España como la comunidad de naciones de Iberoamérica haría muy bien en proteger de manera conjunta y coordinada, en lugar de entregarlo a empresas que lo explotan como si se tratara de minería en lugar de preciosos yacimientos de nuestra historia.