Cultura

Arturo Franco Taboada: «El camino de Santiago es una arteria de entendimiento para Europa»

El arquitecto publica los dibujos y apuntes de sus viajes jacobeos desde Asís a Compostela: «San Francisco dejó una lección que hoy es muy oportuna»

Arturo Franco Taboada habla de el Camino de Santiago
Arturo Franco Taboada habla de el Camino de Santiago - ABC
LUIS VENTOSO - Actualizado: Guardado en:

El viejo sueño humanista de tocar varios palos a la vez con criterio se cumple todavía en Arturo Franco Taboada (A Coruña, 1945), excelente arquitecto, uno de los más eminentes de Galicia, profesor universitario, novelista dueño de un castellano que ya escasea y dibujante de tal facilidad que no hace el aprecio debido de su don. Cultiva además la amistad. Es de esas personas que paran el tiempo con su charla. Ahora se ha echado a los caminos de Santiago, que en realidad son muchos. Arrancando desde la cuna de San Francisco, ha compuesto un libro de apuntes y dibujos, «El camino dibujado de Asís a Compostela». Y de eso hablamos.

-¿Qué significa el Camino de Santiago hoy en una Europa atenazada por tantas dudas, que parece tumbada en el diván?

-Hoy, más que nunca, con su fuerza de atracción imperturbable, ajena a toda disidencia, sigue siendo la gran arteria de comunicación, de entendimiento cultural a través de Europa y entre todos los linajes. Es una oportunidad de encontrarse a uno mismo y a los demás y también una esperanza para el entendimiento, tanto ecuménico como interreligioso.

-Ha elegido Asís en conmemoración del viaje que Francisco hizo a Compostela en 1214. Pero ese viaje es objeto de muchas dudas, hay quien cree que es solo leyenda. ¿Qué pruebas existen?

-Prueba documental, ninguna. Existe una amplia tradición oral a lo largo del Camino en España. En catedrales y monasterios quedan esculturas y tallas, leyendas labradas sobre las piedras que celebran la tradición de que Francisco pasó por allí. La escasa documentación es posterior al siglo XIV. Aunque en el libro «Las Florecillas» figura como cierta la visita de Francisco a Compostela, estos hechos no se confirman ni por Tomás de Celano en el siglo XIII, ni por San Buenaventura, que ni siquiera nombran el suceso. En cualquier caso, algunas tradiciones son muy respetables mientras no aparezcan documentaciones en sentido contrario.

-¿Con qué lección se queda de Francisco de Asís?

-Yo soy creyente, por desgracia. Pero creo que Francisco dejó una lección, por cierto muy oportuna hoy, de valor, humildad y fraternidad o amor, como se prefiera, cuando atravesando el campamento del enemigo de los cruzados, le llevó al sultán Melek el Kamel, desarmado y pobremente vestido, su mensaje de paz y concordia. Su carisma lleno de humanidad conmovió al nieto de Saladino, quién perdonó la vida y liberó al ejército derrotado de Juan de Brienne, que lloró de emoción ante la noticia.

-Ha saltado de Italia a Galicia ¿Qué regalaría a los italianos de Galicia y que regalaría de Italia a los gallegos?

-De Galicia a Italia, el propio Camino, nuestras rutas románicas y góticas y nuestra gastronomía, extraordinaria por su riqueza y peculiaridad. De Italia a Galicia, el ejemplo del respeto por su campiña y la fisionomía de sus pueblos. La ruta de Asís que recorre el Lazio, la Umbría y la Toscana, con sus ciudades de origen etrusco, elevadas sobre los valles roturados con esmero, es un ejemplo de respeto urbano y rural extensible a casi toda Italia.

-¿Cuál es el nivel de conservación del patrimonio del Camino? ¿Se han cometido muchas tropelías?

-El Camino Francés, el más transitado, en algunas comunidades está más protegido que en otras, incluso culturalmente. En Castrillo de Polvazares, Astorga, el profesor de Literaturas Románicas de la Universidad de Kiel, Javier Gómez Montero, realiza una labor encomiable con sus encuentros de traductores anuales. En Galicia, más que tropelías; que las hubo en su momento tras la desamortización de Mendizábal y las hay hoy en algunas villas importantes, que deberían estar más tuteladas; lo que sí se aprecia es desidia. Vilar de Donas o San Esteban de Rivas de Miño son un elocuente ejemplo de este abandono en sus frescos medievales. En Vilar de Donas, la humedad desvanece a «nuestras hermosas damas del XIII y el XIV, a cuyos pies se arrodillaban Galaor, Amadís y Lancelot», en cita de Alejandro Dumas.

-Uno de sus edificios, premiado, es un centro de vigilancia del tráfico que se encarama sobre la entrada de la autovía de Madrid a Galicia, muy cerca de la llegada del camino. ¿Fue mucha responsabilidad actuar allí?

-Fue un reto y una oportunidad llena de responsabilidad. Tras un aislamiento secular, anunciaba la llegada a la nueva Galicia desde la Meseta. Además es la puerta de entrada del Camino Francés.

El edificio tiene una concepción espacial románica, la luz atraviesa una cruz como un cimborrio medieval, y las pizarras ciclópeas que la revisten no ocultan su vocación de perennidad.

-¿Se ha banalizado mucho el Camino, o puede ser todavía una experiencia de crecimiento personal?

-En el Camino todos se vuelven iguales, comen el mismo alimento y duermen en los mismos lugares. Los hombres se sienten indefensos en la inmensa distancia, enfrentándose en solitario a sus propias fuerzas o debilidades.

-¿Cómo se las apañó para ir haciendo en la ruta unos dibujos tan primorosos?

-La mayor parte son apuntes a vuela pluma con sus anotaciones urgentes para no olvidarme, rematados después y puestos en orden. Siempre les dije a mis alumnos que la espontaneidad mantiene la esencia de las ideas.

-Paolo Coelho y sus novelas de tantísimo éxito, ¿ha supuesto una maldición o una bendición para el Camino?

-Supongo que una bendición para el Camino en el aspecto mercantilista, si tiene tantos lectores en el mundo, aunque yo no comparto su misticismo.

-¿Qué tiene Santiago qué nunca se pasa el hechizo de llegar allí?

-Jorge Luis Borges casi ciego, en su visita a Compostela en 1964 dijo: «Santiago puede mentir eternidades». Es la intemporalidad de una ciudad que han construido los peregrinos a lo largo de los siglos lo que atrapa al viajero. Una ciudad que nos revela sin piedad lo efímero de nuestro paso por la vida y que nos recuerda las palabras de Torrente Ballester: «No olvides que antes que tú, pasaron por aquí millares de peregrinos».

-Usted también es gastrónomo, o al menos le gusta el buen yantar. ¿Qué ha sido lo mejor que ha comido en la ruta jacobea?

-En los ocho caminos que vertebran Galicia, sin contar el Camino de Invierno por la Ribeira Sacra, existe una gastronomía única por su variedad. Diré dos ocasiones que forman parte muy grata de mis recuerdos: Un cocido inolvidable en Pedrafita do Cebreiro, en el Albergue de Xiraldo de Aurillac, servido con las instrucciones de Álvaro Cunqueiro: «Hacen falta tres fuentes para servir un cocido, que en una va la carne de cerdo, en otra la gallina con la carne fresca, y en la otra las patatas con chorizos y gar­banzos». Y un pinto a la gallega, con ajada, en la playa de Nemiña en la Costa de la Muerte, Camino de Finisterre.

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