El escritor y periodista José Julio Perlado, durante la entrevista en la biblioteca de ABC
El escritor y periodista José Julio Perlado, durante la entrevista en la biblioteca de ABC - GUILLERMO NAVARRO
EXCORRESPONSAL DE ABC EN MAYO DEL 68

Perlado: «Ver arder la Sorbona me provocó pena e indignación, pero también me emocionó»

El escritor y periodista recuerda, medio siglo después, cómo vivió y relató para los lectores de ABC y de toda España los acontecimientos de aquel mes histórico

MADRIDActualizado:

«El Barrio Latino, en estado de sitio». Así titulaba su crónica José Julio Perlado el 7 de mayo de 1968. Las protestas estudiantiles, iniciadas semanas antes en la Universidad de Nanterre contra la guerra de Vietnam, y que dio lugar al bautizado como movimiento del «22 de marzo», se desbocaban tras la declaración, un día antes, de los conocidos como «ocho de Nanterre», ante el Comité de Disciplina de la Universidad. Los estudiantes de la Sorbona se solidarizaban con ellos y se echaban a la calle.

«A las cinco y media de esta tarde, en el Barrio Latino de París, en la plaza Maubert, que ha sido hoy el marco dramático de la máxima agitación estudiantil, ha caído herido muy cerca de mí, entre los cascotes y bajo el humo de las granadas lacrimógenas, un policía que no había conseguido defenderse de las piedras con su escudo. He visto su cuerpo ensangrentado, abandonado medio minuto en una tierra de nadie, entre los dos bandos de estudiantes y de fuerzas del orden», remitió por télex el corresponsal de ABC, que había desembarcado en la capital francesa unos días antes para ser testigo de un acontecimiento que se convirtiría en icono e inspiración para generaciones posteriores.

Medio siglo después de aquellas jornadas, Perlado (Madrid, 1936) recuerda, sentado en la biblioteca de este periódico, cómo un día de abril el director de entonces, Torcuato Luca de Tena, nieto del fundador, le propuso ser los ojos y los oídos de ABC en la capital francesa: «Era un viernes cuando me lo propuso, y me dijo que el lunes ya tenía que mandar la primera crónica». Perlado venía de ser corresponsal durante tres años en Roma, tras la muerte de Juan XXIII, para medios como el Diario Madrid, Diario Barcelona y la Ser. «Entre los tres me pagaban el sueldo», rememora.

El escritor y periodista no lo dudó y aceptó este nuevo reto. «No avisé ni a mi mujer. Firmé el contrato». Dos días después, cargó el coche con libros de la V República y partió a París. Los primeras crónicas versaban sobre pintura y literatura, el clima ya estaba crispado por las protestas de Nanterre, pero no habían llegado todavía a su cénit.

Una noche en blanco

La primera gran protesta, el 6 de mayo, le pilló paseando con su mujer. «Al ver a tantos estudiantes marchar decidí seguirlos. Los acompañé por el puente y acabé en el Barrio Latino, frente a la Sorbona». Entre los jóvenes, «unos 10.000», se encontraba Daniel Cohn-Bendit», uno de los líderes de la movilización. Perlado se instaló esa noche en un café, «con grandes ventanales para ver lo que sucedía fuera», desde el que remitió varias crónicas al periódico. «Desde allí vi cómo arrancaban los adoquines, cómo cargaba la policía contra los jóvenes, algunos de ellos estaban ensangrentados. Pensé que acabaría con algún muerto». No fue así, al menos en la capital. Las semanas de protestas se saldaron con una víctima, «en el sur del país», y más de 800 heridos, relata.

Antidistrubios de la policía francesa reprimen una manifestación estudiantil en el Barrio Latino de París el 6 de mayo
Antidistrubios de la policía francesa reprimen una manifestación estudiantil en el Barrio Latino de París el 6 de mayo - AFP

La cobertura de las protestas estudiantiles coincidían con otra información de gran relevancia internacional, que también tenía como epicentro París, y que estaba directamente relacionado con las reclamaciones estudiantiles: la conferencia de paz de Vietnam. «Allí estaba el embajador de EE.UU. Averell Harriman, encargado de organizar una mesa de negociación con los vietnamitas». Una actividad diplomática sin la tensión de la movilización juvenil. «Tenía mucho trabajo, pero me organizaba bien», señala. Su oficina era móvil: «Mi coche era como un segundo despacho. Aparcaba en un lugar tranquilo. Me sentaba en el asiento del copiloto y colocaba los libros y la máquina de escribir». Allí elaboraba sus crónicas, dos o tres al día.

Perlado reconoce que en aquellos momentos no era consciente de la dimensión histórica que alcanzaría ese Mayo del 68. «La verdad que no. Vivíamos al día. Yo siempre lo consideré una revuelta, no una revolución. Creo que Alain Krivine y el mismo Cohn-Bendit vivían al día. No tenían ningún plan. Su objetivo no era conseguir el poder. Era mejorar la sociedad, cambiar las instituciones en sentido académico».

La agitación estudiantil, reprimida por la policía, contagió a los trabajadores, que convocaron una huelga general el 13 de mayo. El país se paralizó. Si bien ambos movimientos sumaron fuerzas durante los paros, sus diferencias ideológicas hicieron imposible una alianza más ambiciosa.

A medidos de mayo, recuerda Perlado, tuvo lugar un encuentro «en el que los estudiantes y los obreros de la Renault se reunieron para ver si se unían». Los líderes sindicales se opusieron «porque consideraban a los estudiantes unos hijos de papá -las madres le llevaban avituallamiento a sus lugares de encierro-, mientras que ellos, los obreros, debían alimentar a sus familias». Y sentencia: «El gran error, en mi opinión, es que no se unieran los estudiantes y los obreros. Al final no cuajó y fue más una revuelta que una revolución. Los estudiantes decían la imaginación al poder. Pero solo con eso no se toma el poder». Para Perlado fue una oportunidad perdida.

De Gaulle, desaparecido

Mientras se multiplicaban las protestas por todo el país, Moscú, permanecía callada. «No quería ningún problema con Francia». Tampoco el presidente De Gaulle parecía querer o saber cómo tomar las riendas de la situación. «Había sido un héroe y era muy respetado en el país. Pero no quería hacer nada. Lo que pretendía era que se pudriera la revuelta».

La prolongación de la situación empujó al general a finales de mayo a buscar consejo fuera del Elíseo. «Subió a un helicóptero y dijo que se iba a su residencia de fin de semana, situada en Colombey-les-Deux-Églises, pero no fue así. En lugar de viajar allí, voló al encuentro de su amigo, el general Massu [que se encontraba en Baden-Baden] para consultarle qué podía hacer. Durante todo un día hubo un vacío de poder, pues ni el jefe de la oposición, que entonces era Mitterrand, sabía dónde estaba».

De Gaulle, durante un discurso televisado al país a finales de mayo de 1968AFP
De Gaulle, durante un discurso televisado al país a finales de mayo de 1968AFP

Para el corresponsal de ABC, uno de los momentos más excitantes e «interesantes» de aquellas jornadas fue la toma del Teatro Odeón por parte de los estudiantes el 15 de mayo convirtiéndolo en su cuartel general. El espacio, «abierto día y noche», se convirtió en lugar de debate y discusión para jóvenes, adultos, estudiantes, profesionales...: «La gente charlaba de palco a palco, de butaca a butaca... hablando de todo tipo de temas. Entrabas en el teatro, y era todo un espectáculo ver a madres de familia hablando o discutiendo con un carpintero, este con un militar, y el militar con un estudiante».

No quiere dejar de mencionar los carteles y afiches, realizados «en preciosos colores» en los bajos de las facultades, por la noche. «Entonces no existían móviles. Esos afiches eran un canal de comunicación para convocar a la gente en la Sorbona, que yo ví incendiar». ¿Qué sintió cuando la vio arder? «Una pena tremenda, indignación, pero también emoción al ver arder parte de una universidad como esa», recuerda.

Y vuelve a subrayar que no se produjo ningún muerto en París, como sí sucedió en otros movimientos de protestas que se produjeron paralelamente en otros países, como Checoslovaquia, EE.UU. o México. «En ningún momento pasé miedo. Quizá por la tensión del momento. Me interesaba más observar y transmitir», afirma Perlado, testigo privilegiado de un «momento periodístico importante», que cincuenta años después sigue siendo objeto de debate.