Ciencia

Próxima b puede tener un sol más parecido al nuestro

Descubren que Proxima Centauri, la estrella más cercana al Sistema Solar, tiene un ciclo regular de manchas solares de siete años

Ilustración que representa el interior de una estrella de baja masa. Esas estrellas estructuras interiores diferentes a la de nuestro Sol, por lo que no se espera que muestren ciclos de actividad magnética. Sin embargo, Próxima Centauri desafía esa expectativa y muestra signos de un ciclo de actividad de 7 años
Ilustración que representa el interior de una estrella de baja masa. Esas estrellas estructuras interiores diferentes a la de nuestro Sol, por lo que no se espera que muestren ciclos de actividad magnética. Sin embargo, Próxima Centauri desafía esa expectativa y muestra signos de un ciclo de actividad de 7 años - NASA/CXC/M.Weiss
ABC.es Madrid - Actualizado: Guardado en:

El pasado agosto, un equipo de astrónomos anunciaba el descubrimiento de un planeta potencialmente habitable en la órbita de la estrella Próxima Centauri, la más cercana al Sistema Solar, a poco más de cuatro años luz. Fue bautizado como Próxima b, podría ser rocoso y se sitúa en la región en torno a su estrella que le permitiría albergar agua líquida sobre su superficie. Precisamente, sin embargo, la estrella alrededor de la que gira este prometedor mundo es una enana roja pequeña y fría que no se parece en nada a nuestro Sol: su masa es una décima parte, y su brillo, una milésima. Sin embargo, una nueva investigación muestra que sí se parece al Sol de una manera sorprendente: tiene un ciclo regular de manchas solares. Y dura siete años.

Las manchas estelares (como las manchas solares) son manchas oscuras en la superficie de una estrella donde la temperatura es un poco más fría que el área circundante. Son impulsadas por los campos magnéticos. Una estrella se hace de gases ionizados llamados plasma. Los campos magnéticos pueden restringir el flujo del plasma y crear manchas. Los cambios en el campo magnético de una estrella pueden afectar el número y distribución de las manchas solares.

Nuestro Sol experimenta un ciclo de actividad de 11 años. En el mínimo solar, apenas tiene manchas. Durante el máximo, por lo general más de 100 manchas solares cubren menos del uno por ciento de la superficie del Sol, como promedio.

El nuevo estudio encuentra que Próxima Centauri se somete a un ciclo similar que dura siete años de pico a pico. Sin embargo, su ciclo es mucho más drástico. Al menos una quinta parte completa de la superficie de la estrella está cubierta de manchas a la vez. Además, algunas de esas manchas son mucho más grandes en relación al tamaño de la estrella que las de nuestro Sol.

Una vista espectacular

«Si extraterrestres inteligentes vivieran en Próxima b, tendrían una vista espectacular», dice el autor principal Brad Wargelin, del Centro Harvard-Smithsoniano de Astrofísica (CfA).

Los astrónomos se sorprendieron al detectar un ciclo de actividad estelar en Próxima Centauri porque se esperaba que su interior fuera muy diferente del Sol. El tercio exterior del Sol experimenta un movimiento turbulento llamado convección, similar al de la ebullición del agua en una olla, mientras que el interior del Sol se mantiene relativamente inmóvil. Hay una diferencia en la velocidad de rotación entre estas dos regiones. Muchos astrónomos creen que el esfuerzo cortante resultante de esta diferencia es responsable de la generación del ciclo de actividad magnética del Sol.

Por el contrario, el interior de una pequeña enana roja como Próxima Centauri debe tener convección hasta el final en el núcleo de la estrella. Como resultado, no debe experimentar un ciclo regular de actividad.

«La existencia de un ciclo en Próxima Centauri muestra que no entendemos bien cómo se generan los campos magnéticos de las estrellas», admite Jeremy Drake, del Smithsoniano y coautor del estudio.

El estudio no indica si el ciclo de actividad de Próxima Centauri afectaría a la potencial habitabilidad del planeta Proxima b. La teoría sugiere que las erupciones o un viento estelar, ambos impulsados por los campos magnéticos, podrían recorrer el planeta y destrozar cualquier ambiente. En ese caso, Próxima b podría ser como la Luna de la Tierra. Es decir, se encuentra en la zona habitable, pero no es del todo agradable para la vida.

«Las observaciones directas de Próxima b no llegarán en poco tiempo. Hasta entonces, nuestra mejor opción es estudiar la estrella y luego conectar esa información con las teorías acerca de las interacciones estrella-planeta», dice el coautor Steve Saar. Los resultados han sido aceptados para su publicación en el Monthly Notices de la Royal Astronomical Society.

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