Recreación de un Tiranosaurio rex
Recreación de un Tiranosaurio rex - Archivo

Proponen una teoría sobre los dinosaurios que puede cambiar todos los libros de texto

Científicos creen que el tradicional árbol evolutivo de estas criaturas aceptado desde hace 130 años es erróneo y debe ser completamente revisado y renombrado

MadridActualizado:

Hay que ser un fan de los dinosaurios para saberlo, pero cualquier crío apasionado por ellos puede decir con la suficiencia de un paleontólogo que esas criaturas se agrupan en dos categorías distintas: los ornitisquios, con caderas de ave, y los saurisquios, los de «cadera de lagarto». Si el chaval ya es un experto consumado, posiblemente no tenga problema en recitar que entre los primeros se encuentran los herbívoros estegosáuridos, los ceratopsianos y los simpáticos «pico de pato», mientras que el segundo grupo lo componen los carnívoros terópodos, como el Tiranosaurio rex y los pájaros, y los saurópodos herbívoros, como los Brontosaurios. ¿Ya se ha perdido? No se preocupe, porque este sistema de clasificación universalmente aceptado desde hace 130 años puede estar completamente equivocado y quizás sea necesario cambiar los libros de texto.

Así lo afirma este miércoles en la revista Nature un grupo de científicos de la Universidad de Cambridge y el Museo de Historia Natural de Londres, dispuestos a dar una fuerte sacudida al «árbol genealógico» de los dinosaurios. Según su revolucionaria propuesta, los grupos familiares tienen que ser reorganizados y los nombres tradicionales cambiados. No solo eso, si tienen razón, estos animales podrían haberse originado en el hemisferio norte en lugar del sur.

La clasificación de los dinosaurios se remonta a la época victoriana. Fueron reconocidos por primera vez como un grupo único de reptiles fósiles en 1842 gracias al trabajo del anatomista Richard Owen, que más tarde fundó el Museo de Historia Natural de Londres. Durante las décadas siguientes, varias especies fueron nombradas al tiempo que se iban encontrando e identificando cada vez más fósiles. Durante la segunda mitad del siglo XIX los científicos se dieron cuenta de que los dinosaurios eran anatómicamente diversos y se hicieron intentos para clasificarlos en grupos que compartían características particulares.

Fue el paleontólogo británico Harry Govier Seeley quien determinó que los dinosaurios se dividían claramente en dos grupos distintos, o clados: los saurisquios y los ornitisquios, según la disposición de sus caderas. Pero cuando se describieron más dinosaurios se hizo evidente que algunos pertenecían a un tercer linaje distinto, los terópodos. En 1887 Seeley colocó a los saurópodos (que incluía a los enormes dinosaurios 'clásicos' como el Diplodocus y el Brontosaurio) junto con los terópodos (entre ellos el T. rex), en el grupo de los saurisquios. Con el tiempo, se mostró que estos y los ornitisquios habían evolucionado a partir de un único ancestro común.

A la izquierda, el árbol evolutivo tradicional de los dinosaurios. A la derecha, el propuesto por los investigadores de Cambrige
A la izquierda, el árbol evolutivo tradicional de los dinosaurios. A la derecha, el propuesto por los investigadores de Cambrige- Nature

Cambio de familias

Sin embargo, el nuevo análisis publicado en Nature llega a la conclusión de que los ornitisquios necesitan ser agrupados junto con los terópodos, con exclusión de los saurópodos. Desde hace tiempo se sabe que las aves (con sus caderas obviamente 'de ave') evolucionaron de los dinosaurios terópodos (con sus caderas de lagarto). Sin embargo, el reagrupamiento de los dinosaurios que se propone en este estudio muestra que ambos, ornitisquios y terópodos, tenían el potencial de evolucionar una cadera de ave, lo que ocurre es que lo hicieron en diferentes momentos de su historia.

Los científicos realizaron un cuidadoso análisis de decenas de esqueletos fósiles y de decenas de miles de rasgos anatómicos de dinosaurios. «Cuando comenzamos nuestro análisis, nos preguntamos por qué algunos ornitisquios antiguos parecían anatómicamente similares a los terópodos. Nuestro nuevo estudio sugiere que estos dos grupos eran de hecho parte del mismo clado. Esta conclusión fue toda una sorpresa, ya que iba en contra de todo lo que habíamos aprendido», dice el autor principal del estudio, Matthew Baron.

«Los terópodos carnívoros estaban más estrechamente relacionados con los ornitisquios herbívoros y, lo que es más, algunos animales, como el Diplodocus, quedarían fuera de la agrupación tradicional de lo que llamamos dinosaurios. Esto significaba que tendríamos que cambiar la definición de 'dinosaurio' para asegurarnos de que, en el futuro, el Diplodocus y sus parientes cercanos puedan todavía ser clasificados como tales», continua.

Para David Norman, de la Universidad de Cambridge, «las repercusiones de esta investigación son a la vez sorprendentes y profundas. Los dinosaurios de cadera de ave, que a menudo se consideran paradójicamente nombrados porque no parecían tener nada que ver con los orígenes de las aves, están ahora firmemente unidos a los ancestros de las aves actuales».

«Ciencia en acción»

Los científicos creen que la nueva mirada a la historia evolutiva de estas criaturas es «simplemente la ciencia en acción». «Todos los principales libros de texto que cubren el tema de la evolución de los vertebrados tendrán que ser reescritos si nuestra sugerencia sobrevive el escrutinio académico», apunta Norman.

El equipo llegó a otra conclusión inesperada. Durante muchos años, se pensaba que los dinosaurios se originaron en el hemisferio sur del antiguo continente conocido como Gondwana, debido a que los fósiles de dinosaurios más antiguos se han recuperado en América del Sur. Pero la nueva investigación dice que podrían fácilmente tener su origen en el norte de la masa de tierra conocida como Laurasia, «aunque no hay que olvidar que los continentes estaban mucho más cerca en este momento».

«Este estudio vuelve a dibujar radicalmente el árbol genealógico de los dinosaurios, lo que proporciona un nuevo marco para desentrañar la evolución de sus principales características, su biología y distribución a través del tiempo. Si estamos en lo correcto, explica muchas inconsistencias anteriores en nuestro conocimiento de la anatomía y las relaciones de los dinosaurios», afirma Paul Barrett, del Museo de Historia Natural y coautor del estudio.

Como dice Kevin Padian, del Museo de Paleontología de la Universidad de California, en un comentario que acompaña al artículo en Nature, «será interesante ver cómo los paleontólogos reciben este original y provocativo replanteamiento de los orígenes y relaciones de los dinosaurios».